El gobierno de Luis Arce Catacora presentó el campo gasífero Mayaya como una esperanza para enfrentar la crisis energética del país sin tomar en cuenta los posibles impactos que podía tener para la producción agroforestal de Alto Beni. Toda la propaganda se redujo a mencionar que se habían descubierto 1,7 Trillones de Pies Cúbicos (TCF en inglés) de gas en Mayaya. El entonces presidente de YPFB, Armin Dorgathen, estaba más preocupado en anunciar una inversión de 403 millones de dólares y la extracción del “First Gas” para inicios de 2029, que en considerar los posibles impactos que podría traer esta explotación hidrocarburífera en esta región de exuberante biodiversidad y corazón de la producción agroecológica del cacao.
El proyecto Mayaya contempla tres fases: I) Perforación de dos pozos adicionales además de Mayaya Centro X1. II) Instalación de una planta de procesamiento de gas en el municipio de Alto Beni y III) Construcción de un gasoducto y toda la infraestructura asociada para llevar el gas desde Alto Beni hasta la planta de Senkata, en El Alto. Actualmente el avance del proyecto se resume a sólo las obras civiles de los dos pozos mencionados.
Recientemente, las nuevas autoridades ministeriales declararon que continuarán con los trabajos sobre el campo Mayaya con la expectativa de atraer inversión extranjera. Es de recordar que el gobierno de Rodrigo Paz intentó acelerar la inversión extranjeras a través de mecanismos excepcionales como el denominado “fast track” contemplado en el abrogado Decreto Supremo 5503. La aceleración del proyecto Mayaya–Suapi puede representar riesgos significativos para las familias y sistemas productivos que habitan en sus inmediaciones, especialmente si se prioriza la urgencia económica por encima de las condiciones sociales, productivas y ambientales del territorio.
No es “un pozo más”
A diferencia de otros proyectos hidrocarburíferos ubicados en zonas con menor densidad agrícola, Mayaya–Suapi se emplaza en un territorio de gran diversidad y producción agroecológica. En este territorio miles de familias sostienen su vida mediante sistemas agroforestales que se consolidaron a los largo de décadas para una producción sostenible de cacao. Alto Beni no es cualquier lugar para instalar infraestructura energética: es parte de un tejido territorial articulado principalmente a la producción de cacao y otros cultivos vinculados a economías agrícolas que son fundamentales a nivel local y que se comercializan a nivel nacional e incluso internacional, como el cacao.
En esta medida es fundamental contar con estudios de evaluación de impacto ambiental integrales que respondan a la pregunta de ¿cómo el proyecto Mayaya-Suapi puede afectar los sistemas agroecológicas y agroforestales de esta región?
En los alrededores del primer pozo (Mayaya Centro X1), ya se reportan afectaciones visibles a escala local. Familias cercanas han denunciado, entre otros aspectos, la presencia de hollín sobre hojas y frutales. Los afectados asocian esta contaminación a la quema permanente de gas proveniente de la antorcha instalada en el pozo MYC X1. Además denuncian que se estarían alterando cursos naturales de agua que agravan los problemas de inundaciones, encharcamientos y drenaje de parcelas productivas.
Estas señales, aunque localizadas, anticipan riesgos mayores si el proyecto escala a su fase completa (más pozos, planta procesadora e infraestructura de transporte). Las principales incertidumbres y riesgos que surgen son:
Riesgos a escala local
A una escala local se podrían presentar los siguientes riesgos vinculados a los pozos y la planta procesadora de gas
Drenaje y sedimentos: un manejo inadecuado del drenaje puede intensificar el arrastre de sedimentos y el encharcamiento de parcelas productivas cercanas, afectando cultivos y suelos.
Antorchas e islas de calor: la quema de excedentes puede generar islas de calor que alteren el microclima local. Esto puede impactar árboles frutales y especialmente cacao, que depende de condiciones climáticas estables.
Calidad del aire y hollín: además del calor, el hollín puede degradar la calidad del aire y afectar hojas, flores y frutos, con impactos directos en el rendimiento agrícola.
Emisiones y polinizadores: una planta procesadora emite distintos gases asociados al tratamiento del gas. El riesgo es que estas emisiones afecten insectos polinizadores y, en consecuencia, la productividad del cacao (menos polinización, menos formación de frutos).
Presión sobre el agua: toda actividad extractiva requiere agua. Si se recurre a fuentes superficiales y subterráneas, puede producirse un desbalance hídrico que afecte tanto a familias como a sistemas productivos.
Riesgos a escala regional
A los impactos locales se suman riesgos de carácter regional vinculados al gasoducto y la infraestructura para transportar el gas hasta El Alto:
Fragmentación de hábitats: la apertura del gasoducto en el bosque húmedo yungueño implica un riesgo de fragmentación ecológica, sobre todo si atraviesa o bordea áreas protegidas (como el ANMI Cotapata y el PNMI Alto Beni).
Servidumbre de paso y afectación comunitaria: el gasoducto puede implicar expropiaciones parciales o servidumbres en numerosas comunidades a lo largo del trayecto, incluyendo zonas con vocación agrícola y forestal.
Riesgos físicos: si el trazo se instala próximo al camino La Paz–Yungas/Alto Beni, los deslizamientos, eventos climáticos, corrosión y otros factores, incrementan el riesgo potencial de fugas y eventos similares.
Nuevos actores y presión territorial: en tramos de difícil acceso, la apertura de vías y campamentos puede facilitar la llegada de actores externos, aumentando el riesgo de deforestación, asentamientos ilegales y cambios acelerados en el uso del suelo.
Opacidad y consulta debilitada: la falta de información pública suficiente impide dimensionar impactos reales y dificulta una evaluación social y ambiental seria. A esto se suma el riesgo de que la consulta previa se reduzca a un simple trámite formal.
Verificación y exigencias mínimas para las actividades hidrocarburíferas
Por lo tanto, resulta necesario evitar cualquier intento de supresión, flexibilización o aceleración de etapas en la ejecución del proyecto Mayaya-Suapi u otro. Es fundamental realizar estudios de impacto ambiental a nivel integral y respetar los procesos de consulta previa libre e informada por encima del argumento de que el gas es “necesario” para salir de la crisis. Si bien no existe una oposición absoluta a la actividad extractiva en la región, esta solo puede desarrollarse en el marco del respeto pleno a los derechos que tienen las comunidades campesinas e indígenas. Sólo así se garantiza la protección ambiental, social y productiva de las familias que habitan el territorio.
En ese sentido, cualquier iniciativa hidrocarburífera debe sustentarse en procesos transparentes, con acceso oportuno, libre y completo a la información, así como en espacios reales de deliberación conjunta que involucren a todos los actores involucrados. La consulta previa no puede reducirse a un trámite administrativo ni quedar subordinada a discursos de urgencia y crisis económica.
Alto Beni es un territorio vivo, agroecológico y estratégico. La pregunta central que nunca debemos olvidar es ¿cuáles podrían ser los costos sociales, ambientales y productivos de Mayaya-Suapi y qué salvaguardas son necesarias para evitar impactos no deseados?
Descargue el documento completo sobre el tema aqui
El gobierno de Luis Arce Catacora presentó el campo gasífero Mayaya como una esperanza para enfrentar la crisis energética del país sin tomar en cuenta los posibles impactos que podía tener para la producción agroforestal de Alto Beni. Toda la propaganda se redujo a mencionar que se habían descubierto 1,7 Trillones de Pies Cúbicos (TCF en inglés) de gas en Mayaya. El entonces presidente de YPFB, Armin Dorgathen, estaba más preocupado en anunciar una inversión de 403 millones de dólares y la extracción del “First Gas” para inicios de 2029, que en considerar los posibles impactos que podría traer esta explotación hidrocarburífera en esta región de exuberante biodiversidad y corazón de la producción agroecológica del cacao.
El proyecto Mayaya contempla tres fases: I) Perforación de dos pozos adicionales además de Mayaya Centro X1. II) Instalación de una planta de procesamiento de gas en el municipio de Alto Beni y III) Construcción de un gasoducto y toda la infraestructura asociada para llevar el gas desde Alto Beni hasta la planta de Senkata, en El Alto. Actualmente el avance del proyecto se resume a sólo las obras civiles de los dos pozos mencionados.
Recientemente, las nuevas autoridades ministeriales declararon que continuarán con los trabajos sobre el campo Mayaya con la expectativa de atraer inversión extranjera. Es de recordar que el gobierno de Rodrigo Paz intentó acelerar la inversión extranjeras a través de mecanismos excepcionales como el denominado “fast track” contemplado en el abrogado Decreto Supremo 5503. La aceleración del proyecto Mayaya–Suapi puede representar riesgos significativos para las familias y sistemas productivos que habitan en sus inmediaciones, especialmente si se prioriza la urgencia económica por encima de las condiciones sociales, productivas y ambientales del territorio.
No es “un pozo más”
A diferencia de otros proyectos hidrocarburíferos ubicados en zonas con menor densidad agrícola, Mayaya–Suapi se emplaza en un territorio de gran diversidad y producción agroecológica. En este territorio miles de familias sostienen su vida mediante sistemas agroforestales que se consolidaron a los largo de décadas para una producción sostenible de cacao. Alto Beni no es cualquier lugar para instalar infraestructura energética: es parte de un tejido territorial articulado principalmente a la producción de cacao y otros cultivos vinculados a economías agrícolas que son fundamentales a nivel local y que se comercializan a nivel nacional e incluso internacional, como el cacao.
En esta medida es fundamental contar con estudios de evaluación de impacto ambiental integrales que respondan a la pregunta de ¿cómo el proyecto Mayaya-Suapi puede afectar los sistemas agroecológicas y agroforestales de esta región?
En los alrededores del primer pozo (Mayaya Centro X1), ya se reportan afectaciones visibles a escala local. Familias cercanas han denunciado, entre otros aspectos, la presencia de hollín sobre hojas y frutales. Los afectados asocian esta contaminación a la quema permanente de gas proveniente de la antorcha instalada en el pozo MYC X1. Además denuncian que se estarían alterando cursos naturales de agua que agravan los problemas de inundaciones, encharcamientos y drenaje de parcelas productivas.
Estas señales, aunque localizadas, anticipan riesgos mayores si el proyecto escala a su fase completa (más pozos, planta procesadora e infraestructura de transporte). Las principales incertidumbres y riesgos que surgen son:
Riesgos a escala local
A una escala local se podrían presentar los siguientes riesgos vinculados a los pozos y la planta procesadora de gas
Riesgos a escala regional
A los impactos locales se suman riesgos de carácter regional vinculados al gasoducto y la infraestructura para transportar el gas hasta El Alto:
Verificación y exigencias mínimas para las actividades hidrocarburíferas
Por lo tanto, resulta necesario evitar cualquier intento de supresión, flexibilización o aceleración de etapas en la ejecución del proyecto Mayaya-Suapi u otro. Es fundamental realizar estudios de impacto ambiental a nivel integral y respetar los procesos de consulta previa libre e informada por encima del argumento de que el gas es “necesario” para salir de la crisis. Si bien no existe una oposición absoluta a la actividad extractiva en la región, esta solo puede desarrollarse en el marco del respeto pleno a los derechos que tienen las comunidades campesinas e indígenas. Sólo así se garantiza la protección ambiental, social y productiva de las familias que habitan el territorio.
En ese sentido, cualquier iniciativa hidrocarburífera debe sustentarse en procesos transparentes, con acceso oportuno, libre y completo a la información, así como en espacios reales de deliberación conjunta que involucren a todos los actores involucrados. La consulta previa no puede reducirse a un trámite administrativo ni quedar subordinada a discursos de urgencia y crisis económica.
Alto Beni es un territorio vivo, agroecológico y estratégico. La pregunta central que nunca debemos olvidar es ¿cuáles podrían ser los costos sociales, ambientales y productivos de Mayaya-Suapi y qué salvaguardas son necesarias para evitar impactos no deseados?
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