Ecocidios: las diferentes heridas de la madre tierra

Por Guillermo Villalobos

Los ecocidios son profundas heridas ambientales que se asocian con eventos que destruyen ecosistemas. A lo largo de la historia reciente se han dado varios ecocidios en todo el planeta. Cielo, mar y tierra han sufrido ecocidios y los más conocidos se deben a daños irreparables en los ecosistemas. La contaminación del agua y el suelo, la deforestación y/o quema de los bosques, la extinción de especies vegetales y animales, la pérdida de biodiversidad, la contaminación del aire, inducidas o causadas por la actividad humana han lastimado a la madre tierra[1]. Los ecocidios generan la destrucción puntual o continua de un ecosistema y generan profundas secuelas en los ciclos naturales, al balance sistémico y para las poblaciones locales. Para ejemplificar los posibles diferentes tipos de ecocidio, presentamos a continuación siete casos que, a lo largo de las últimas décadas, han marcado a la madre tierra.

Agente Naranja (Guerra de Vietnam – Vietman)

Durante la guerra de Vietnam, la fuerza aérea estadounidense roció sobre los bosques de Vietnam más de 80 millones de litros de herbicidas, como el Agente Naranja y Dioxin entre los más conocidos. La finalidad inmediata era exterminar al enemigo, el Viet Cong. El ejército norteamericano roció los bosques de Vietnam durante 10 años y arrasó con unos 20 mil km2 de bosque y unos 2 mil Km2 de cultivos fueron destruidos, se conoce este movimiento militar como “Operation Ranch Hand”[2]. El uso del Agente Naranja no sólo aniquiló a miles de plantas, animales y personas; sino también contaminó el aire, los ríos y la tierra con profundas consecuencias en la salud humana y ambiental hasta hoy en día[3]. Esta brutal guerra química, llevó a un grupo de científicos a acuñar el término “ecocidio” para denunciar la destrucción que el agente naranja causó al ecosistema y a los seres humanos[4]. Si bien, no fue el primer caso de ecocidio en el mundo, fue indudablemente el que posicionó el debate sobre la destrucción medioambiental en las esferas internacionales y de las Naciones Unidas.

El Mar de Aral (Asia Central)

El Mar de Aral, ubicado en el Asia Central, fue el cuarto lago más grande del mundo, en 1960 contaba con una extensión de 68.000 km². Este lago proporcionaba a las pesquerías locales una captura 40 mil toneladas de pescados al año[5]. Hoy en día, el Mar de Aral posee apenas el 10% de su volumen original[6] . Los orígenes de la desaparición del Aral se remontan a las políticas de expansión agrícola de la ex Unión Soviética que promovieron la construcción de canales de irrigación, embalses y represas sobre los cauces de los principales afluentes del lago (los ríos Amu Darya y el Syr Darya). Lentamente se alteró el balance hídrico en la cuenca del Aral llevándolo a su desaparición. La desaparición del lago generó afectaciones a todo el clima regional. Los inviernos se hicieron mucho más fríos y los veranos mucho más calientes, promoviendo la desertificación de toda la región y causó drásticas alteraciones en la fauna y flora local[7].

Tar Sands (Alberta, Canadá)

En Alberta, Canadá, se encuentra la mina de arenas bituminosas más grande del mundo[8]: los “Tar Sands”. Este es un manto negro de 140.000 km2 de arcilla, arena, agua y bitumen. Las arenas bituminosas son un tipo de combustible fósil no convencional, tiene una forma viscosa y densa como el petróleo[9]. Este proyecto -considerado el proyecto industrial más grande del mundo- significó la tala de grandes extensiones de bosques boreales[10]. Esta minería a cielo abierto usa grandes cantidades de agua dulce, una relación de 3 barriles de agua por cada barril extraído, extrayéndose unos 2 millones de barriles diarios de agua del río Athabasca, el afluente de agua más importante de la región[11]. Por otro lado, diariamente se vierten más de 480 millones de galones de aguas residuales tóxicas como consecuencia del proceso de extracción[12]. A los “Tar Sands” tambien se los conoce como un “lento genocidio industrial”, debido al avasallamiento de territorios indígenas y la amenaza constante de afectar sus medios de vida a causa de los daños medioambientales, principalmente el acceso al agua y su calidad[13].

Amazonía y Chiquitanía (América del Sur)

Entre 1985 y 2018, la Amazonía –que representa la mitad de todos los bosques tropicales del mundo– perdió 72.4 millones de hectáreas de cobertura vegetal natural. Es decir que durante los últimos 33 años, la panamazonía redujo su cobertura vegetal natural en 16.6%, mientras las áreas agrícolas y ganaderas en su interior tuvieron un crecimiento de 172%[14]. En  2020, se estima que en toda la cuenca amazónica se deforestaron unas 2 millones de hectáreas de bosque primario[15]. La Amazonía es la cuenca más grande del mundo, alberga el 15% de toda la biodiversidad terrestre del planeta y entre el 15% y el 20% de toda el agua dulce del mundo. Este complejo ecosistema acoge a 377 pueblos indígenas, quienes se encuentran constantemente amenazados por presiones extractivistas[16].

Por su lado, en Bolivia, durante los incendios forestales de 2019 se quemaron un total de 6.4 millones de hectáreas[17]. La Chiquitanía, que durante 2019 ardió durante más de 70 días, es el bosque seco tropical más grande del mundo y alberga miles de especies, muchas de ellas endémicas. Además cumple la función de corredor biológico entre el bosque amazónico y el bosque chiquitano[18], por lo que su destrucción afecta no solo ese ecosistema sino que a los ecosistemas aledaños. En 2020, el Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza (TIDN) resolvió que los incendios suscitados en las ecoregiones de la Chiquitania, Amazonía y Chaco se constituyen en un “ecocidio provocado por la política de Estado y el agronegocio”.[19]

Cambio climático y deshielo de los glaciares andinos (Andes tropicales)

Durante el último siglo, la temperatura de los Andes tropicales aumentó 0.8°C[20]. Este aparente “pequeño” incremento provocado por el cambio climático fue una herida de muerte para los glaciares Andinos. Estudios estiman que los glaciares en los Andes tropicales perdieron entre el 35% y el 50% de su superficie y volumen[21], algunos de ellos, como el glaciar Chacaltaya en Bolivia, desaparecieron[22]. Las proyecciones más moderadas de la comunidad científica prevén la pérdida de entre el 78% al 97% del volumen de los glaciares tropicales andinos antes de finales del siglo XXI[23]. La desglaciación afecta también el ciclo del agua en las partes altas y bajas de las cuencas, y representa una amenaza para los medios de vida de varias comunidades indígenas y campesinas de la región, con la posibilidad de generar pérdida de identidad cultural en torno al ecosistema de alta montaña y los glaciares[24]. Asimismo, la desaparición de los glaciares representa una severa afectación en el suministro de agua de alrededor de 95 millones de personas en las cuencas altas e inferiores[25].

Represa de Belo Monte (Brasil)

La represa de Belo Monte sobre el río Xingu, en Brasil, inició su construcción en 2011 y provocó graves afectaciones sociales y medioambientales. Alrededor de 25.000 personas de la ciudad de Altamira y otros 18.000 ribereños fueron relocalizados[26]. Su construcción significó la destrucción de 1.500 km2 de selva tropical en la parte alta de la cuenca y una zona de inundación de más de 500 Km2, afectando a varios territorios indígenas y a los habitantes de Altamira[27]. Debido a la represa, el cauce del río aguas abajo disminuyó drásticamente, afectando profundamente los medios de vida de los ribereños y tres territorios indígenas que dependían de la pesca[28]. El proceso de resistencia a esta megaobra implicó la persecución y el asesinato de varios líderes locales[29]. Belo Monte representó la destrucción del hábitat de cientos de especies de animales y plantas, así como la intensificación de la generación de diferentes gases de efecto invernadero[30]. La represa promovió la colonización de tierras para la ganadería y agricultura, el aumento de la tala ilegal y del narcotráfico, entre otros; causado un aumento de la deforestación en territorios indígenas aledaños[31].

Pérdida de población de abejas y otros polinizadores

Los insectos voladores y en particular las abejas son esenciales para diversos ecosistemas. Se estima que de las 100 especies vegetales que producen el 90% de los alimentos de la población global, 71 son polinizadas por abejas[32]. Sin embargo, durante las últimas dos décadas la abundancia de insectos voladores ha disminuido drásticamente[33]. Solo en Alemania, se calcula que la población total de insectos voladores disminuyó en 76% en un periodo de 27 años[34]. Mientras que en toda Europa se reportan pérdidas de colmenas de abejas hasta un 30%; valores muy similares a los registrados en EE.UU., Japón, Egipto y China[35]. La declinación en la población de abejas y otros insectos voladores se debe principalmente al uso de agroquímicos y otros contaminantes tóxicos en la agricultura y otras actividades[36]. La situación de las abejas es tan dramática que en ciertas regiones de China los agricultores tienen que polinizar de forma manual sus cultivos[37]. Por otro lado, las abejas e insectos voladores cumplen un rol en la cadena alimenticia de muchas otras especies e incluso son controladores de plagas[38].

Conclusión

El ecocidio puede tener diversos orígenes y promotores: ya sean estrategias de guerra tóxicas en contra de poblaciones humanas, de insectos, de cuerpos de agua y de la biodiversidad en su conjunto; la continua e insaciable demanda de energía que se traduce en un extractivismo salvaje;  la expansión de un modelo agroindustrial que promueve la deforestación y quema del bosque; o por consecuencia del cambio climático global, producto de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero, entre muchos otros. Adicionalmente, los casos de ecocidio presentados evidencian la estrecha relación entre ecocidio y etnocidio, ya que, por lo general, la destrucción de un ecosistema se vincula con el avasallamiento de tierras, la destrucción de medios de vida, daños inherentes a la salud y el atropello de derechos humanos de las poblaciones locales, campesinas o indígenas. En todo caso, estos ecocidios nos revelan que, indistintamente del régimen político, bajo el argumento de impulsar e imponer un modelo de desarrollo depredador se promueve un mayor control y destrucción de la madre tierra.


[1] https://www.stopecocide.earth/what-is-ecocide

[2] https://www.endecocide.org/en/examples-of-ecocide/

[3] https://elpais.com/elpais/2019/03/16/ciencia/1552710887_506061.html

[4] https://fundacionsolon.org/2021/02/03/ecocidio-y-genocidio-en-el-siglo-xxi/

[5] http://www.fao.org/ag/esp/revista/9809/spot2.htm

[6] https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/02/150225_gch_mar_aral_sequia_lp

[7] https://www.endecocide.org/en/examples-of-ecocide/

[8] https://www.bbc.com/mundo/noticias/2011/11/111129_petroleo_alquitran_canada_am

[9] https://es.greenpeace.org/es/sala-de-prensa/informes/el-oscuro-secreto-del-bbva-los-destructivos-oleoductos-de-canada/

[10] https://es.greenpeace.org/es/sala-de-prensa/informes/el-oscuro-secreto-del-bbva-los-destructivos-oleoductos-de-canada/

[11] https://www.banktrack.org/campaign/banks_and_tar_sands_1 y Findlay, P. (2016). The Future of the Canadian Oil Sands: Growth potential of a unique resource amidst regulation, egress, cost, and price uncertainty. En: OIES PAPER. Oxford Institute for Energy Studies, pp. 14. Disponible en: https://www.oxfordenergy.org/wpcms/wp-content/uploads/2016/02/The-Future-of-the-Canadian-Oil-Sands-WPM-64.pdf

[12] Huseman, J., Short, D. (2012). ‘A slow industrial genocide’: tar sands and the indigenous peoples of northern Alberta. In: The International Journal of Human Rights. 16. 216-237. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/232833921_’A_slow_industrial_genocide’_tar_sands_and_the_indigenous_peoples_of_northern_Alberta

[13] Huseman, J., Short, D. (2012). ‘A slow industrial genocide’: tar sands and the indigenous peoples of northern Alberta. In: The International Journal of Human Rights. Vol. 16, No. 1, January 2012, 216–237. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/232833921_’A_slow_industrial_genocide’_tar_sands_and_the_indigenous_peoples_of_northern_Alberta

[14] Véase: http://amazonia.mapbiomas.org/lanzamiento-de-la-colecion-20 y https://es.mongabay.com/2020/07/amazonia-bosques-deforestacion-tres-decadas/

[15] Véase: https://news.mongabay.com/2021/01/the-amazon-lost-an-area-of-primary-forest-larger-than-israel-in-2020/

[16] https://funsolon.files.wordpress.com/2019/10/repan_atlas-panamazc3b3nico.pdf

[17] Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN). (Diciembre de 2019). Informe de área de quema e incendios forestales 2019. Santa Cruz, Bolivia. Disponible en: http:// incendios.fan-bo.org/Satrifo/reportes/INCENDIOS_FORESTALES_2019.jpg

[18] https://funsolon.files.wordpress.com/2020/08/plan_recuperacion_2020-version-final.pdf

[19] https://www.rightsofnaturetribunal.org/wp-content/uploads/2018/04/Sentencia-Chiquitania-Chaco-y-Amazonia-vs.-Estado-Plurinacional-de-Bolivia-FINAL.pdf

[20] Schoolmeester, T., et al. (2018). Atlas de Glaciares y Aguas Andinos. El impacto del retroceso de los glaciares sobre los recursos hídricos. UNESCO y GRID-Arendal, p. 38.

[21] Francou, B. (2013). El rápido retroceso de los glaciares en los Andes tropicales: Un desafío para el estudio de la dinámica de los ecosistemas de alta montaña. Ecología en Bolivia48(2), 69-71. Disponible en: http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1605-25282013000200001&lng=es&tlng=es.

[22] El glaciar Chacaltaya en Bolivia, conocida antes como la pista de esquí más alta del mundo, desapareció oficialmente en el 2009. Sin embargo, no es el primer glaciar que desaparece en los Andes. Venezuela, por ejemplo, contaba en 1952 con 10 glaciares, hoy en día solo queda uno, el glaciar Humboldt, que se calcula desaparecerá en el 2021. Véase: https://cambioclimatico-bolivia.org/pdf/cc-20140120-del_retroc___.pdf y Schoolmeester, T., op cit., p. 50.

[23] Schoolmeester, T., op cit., p. 50.

[24] Idem., p. 55

[25] Schoolmeester, T., op cit., p. 12.

[26] Fearnside, P.M. (2017). Belo Monte: Actors and arguments in the struggle over Brazil’s most controversial Amazonian dam. Die Erde. 148 (1): 14-26. https://doi.org/10.12854/erde-148-127.

[27] https://www.endecocide.org/en/examples-of-ecocide/#art_007

[28] http://philip.inpa.gov.br/publ_livres/2019/Hidro-v3/Livro_Hidrel%C3%A9tricas_Vol_3.pdf

[29] https://amazonwatch.org/assets/files/2011-august-belo-monte-dam-fact-sheet.pdf

[30] Fearnside, P.M. 2019. Hidrelétricas em florestas tropicais como fontes de gases de efeito estufa. p. 77-110. In: V. Galucio & A. Prudente. (Eds.) Biota Amazônica – Museu Goeldi 150 Anos. Museu Paraense Emílio GoeldiMPEG, Belém, Pará.

[31] https://amazonwatch.org/news/2018/0809-belo-monte-there-is-nothing-green-or-sustainable-about-these-mega-dams

[32] Townsend, W. (2016). Densidad y patrón de distribución de las colmenas naturales de Abejas Nativas (Meliponini) en Potrerillo del Guendá, Porongo, Santa Cruz. En: Boletín Tesape Arandu. Año 6, N° 26, julio 2016, ANCB-SC: Santa Cruz, Bolivia. Pp. 2-17. Disponible en: https://issuu.com/

upsasantacruzbolivia/docs/boletin_26

[33] https://www.theguardian.com/environment/2017/oct/18/warning-of-ecological-armageddon-after-dramatic-plunge-in-insect-numbers

[34] Hallmann CA, et al. (2017) More than 75 percent decline over 27 years in total flying insect biomass in protected areas. PLoS ONE. 12(10): e0185809. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0185809

[35] https://www.pan-uk.org/bees-pollinators/

[36] https://www.pan-uk.org/bees-pollinators/

[37] https://chinadialogue.net/en/food/5193-decline-of-bees-forces-china-s-apple-farmers-to-pollinate-by-hand/

[38] https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0185809

Los ecocidios están interconectados

Por José Carlos Solón y Guillermo Villalobos

Ya sea Gaia o Pachamama, los saberes de culturas milenarias lo sabían, la tierra tiene vida en si misma. Desde los años 70, la ciencia encontró los modelos científicos necesarios para afirmar la existencia del sistema de la Tierra, en el cual sus diferentes componentes, bióticos y abióticos están íntimamente relacionados e interconectados. La vida de las plantas y árboles de la Amazonía está estrechamente vinculada con la arena del Sahara, que en un proceso lento y constante trae fósforo y ayuda al desarrollo del bosque amazónico[1]. Por otro lado, la desaparición o inserción de una especie puede desencadenar trastornos de gran envergadura en un ecosistema. Los ciclos metabólicos de la tierra, como el ciclo del agua y el ciclo del carbono, al ser parte del mismo sistema de la Tierra están interconectados.

Pensadores, como John Bellamy Foster, defienden la idea de que el capitalismo promueve una fractura metabólica dentro del sistema de la Tierra, generando grandes perturbaciones entre la humanidad, la flora, la fauna y la naturaleza en su conjunto. Los ecocidios son aquellos ejemplos paradigmáticos de una ruptura metabólica de forma extrema, un camino hacía el punto de no retorno.

Los ecocidios pueden suscitarse por medio de un acontecimiento puntual o por una serie de acontecimientos y/o acciones continuas que, durante un tiempo determinado y de forma sistémica, consolidan un ecocidio. Por lo mismo, y al realizarse dentro del sistema de la tierra, los ecocidios globales, regionales y locales están interrelacionados, generando diferentes grados de responsabilidad.

En los siguientes dos casos veremos cómo las interconexiones entre los ecocidios allanan el camino para un colapso sistémico.

El ecocidio de los glaciares andinos 

Uno de los ecocidios con mayor impacto sistémico es la perdida de los ecosistemas de alta montaña que provoca un retroceso irreversible en el mediano plazo de los glaciares en los Andes tropicales y subtropicales. Producto fundamentalmente del calentamiento global, resultado del incremento de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero, la temperatura media anual en los Andes tropicales creció aproximadamente 0,8 °C durante el último siglo.[2] Este incremento de la temperatura atmosférica media provocó que en las últimas décadas los glaciares en los Andes tropicales perdieran entre el 35% y el 50% de su superficie y volumen.[3] Llevando incluso a la desaparición de algunos de ellos, como el caso del glaciar Chacaltaya en Bolivia.[4] El escenario en los Andes es poco alentador, incluso bajo las proyecciones más moderadas del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), se prevé la pérdida de entre el 78% al 97% del volumen de los glaciares tropicales andinos antes de finales del siglo.[5]

La desglaciación en los Andes representa, una amenaza para los medios de vida de varias comunidades indígenas y campesinas de la región basadas fundamentalmente en actividades agrícolas, al igual que la perdida de una identidad cultural en torno al ecosistema de alta montaña y los glaciares.[6] Indudablemente, el continuo retroceso de los glaciares afecta en formas complejas el ciclo del agua en las partes altas y bajas de las cuencas. Siendo que la mayoría de los glaciares andinos han llegado ya a su pico hídrico[7] o lo harán en las próximas décadas, la alteración de la descarga fluvial por la escorrentía por deshielo plantea una situación alarmante. Esto representa una severa afectación en el suministro de agua de alrededor de 75 millones de personas en las cuencas altas – sobre todo en centros urbanos de los andes – y otros 20 millones en las cuencas inferiores.[8]

Si bien la perdida de los glaciares andinos esta estrechamente vinculada al fenómeno del cambio climático inducido y agravado por la actividad humana, al ser parte de un sistema, este fenómeno se encuentra relacionado con otro ecocidio, la deforestación de los bosques y en particular el bosque amazónico. La deforestación del bosque amazónico implica una reducción importante de la humedad en la cuenca,[9] repercutiendo directamente sobre los glaciares andinos, debido a que los vientos húmedos de la amazonia son una de las principales fuentes de precipitación en los Andes tropicales.[10] Así también, la quema del bosque amazónico genera aerosoles  – carbón negro y partículas de polvo – que pueden provocar cambios en el balance energético de la superficie de los glaciares andinos – reduciendo su capacidad de reflejar la radiación solar – y potenciar aún más la desglaciación.[11]

El ecocidio de los bosques

La Amazonía comprende 8 millones de kilómetros cuadrados (el 40% de la extensión de toda Sudamérica), alberga a aproximadamente 33.6 millones de personas y abarca a territorios del Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Surinam y las Guyanas. La Amazonía – que representa la mitad de todos los bosques tropicales del mundo – alberga el 15% de toda la biodiversidad terrestre del planeta y entre el 15 al 20% de toda el agua dulce del mundo; acoge a 377 pueblos indígenas y cuenta con más de 250 lenguas originarias.[12] La Amazonía es uno de los ecosistemas de mayor diversidad biológica y cultural del planeta. La destrucción de esta selva única en el mundo tiene orígenes y consecuencias globales, regionales y locales, y es uno de los casos de ecocidio transfronterizo más significativos.

Los nuevos datos de mapeo satelital señalan que, entre 1985 al 2018, toda la panamazonía perdió 72,4 millones de hectáreas de cobertura vegetal natural: 69.2 millones de hectáreas de bosque y 3.2 millones de hectáreas de cobertura vegetal no forestal. Es decir, durante los últimos 33 años, la panamazonía perdió el 16,6% de su cobertura vegetal natural, mientras que hubo un crecimiento del 172% en área de agricultura y ganadería.[13] Un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señalaba que, desde la década de 1990, el principal factor de la deforestación en la Amazonía se debe al agronegocio que produce commodities para los mercados internacionales, principalmente soya y carne bovina.[14]

La captación de tierras para la expansión de la frontera agropecuaria no es solo el principal factor de la deforestación, sino también de los devastadores incendios forestales que afectan toda la cuenca amazónica e incluso agravando y acelerando el cambio climático.[15] La Amazonía almacena entre 90 y 140 mil millones de toneladas de carbono, fenómeno que contribuye significativamente a estabilizar el clima global. Sin embargo, su deforestación es una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero que contribuye a la desestabilización del clima.[16]

El acelerado avance de la deforestación y de las quemas en la Amazonía aceleran la degradación del bosque y reducen su capacidad de resiliencia.[17] La afectación sistémica producto de la deforestación y quema del bosque amazónico altera al ciclo del agua, y afecta a la propia cuenca del Amazonas.[18] Las estimaciones más recientes señalan que si se deforesta el 20 o 25% de la amazonia se llegará a un punto de inflexión o “tipping point” donde el bosque ya no podrá recuperarse.[19]

Este ecocidio también lo vivimos en nuestro país, durante los incendios suscitados en el 2019 donde se quemaron un total de 6,4 millones de hectáreas; de las cuales, 1.995.251 hectáreas fueron de cobertura boscosa.[20] Estos bosques son únicos en el planeta y poseen una gran biodiversidad. Solo el bosque chiquitano – el bosque seco tropical más grande y mejor conservado del mundo – alberga 2.333 especies de plantas, 124 especies de mamíferos, 700 de aves, 78 de reptiles, 50 de anfibios y 300 de peces.[21] Durante los incendios del 2019, se estima que unos 5 millones de mamíferos murieron solo en el bosque chiquitano; afectando además áreas habitadas por decenas de otras especies – muchas categorizadas como vulnerables.[22] Por otro lado, el bosque chiquitano constituye un ecosistema esencial por su función de corredor biológico, crucial para la movilidad de numerosas especies entre el bosque amazónico y el bosque chaqueño.

Los incendios del 2019 afectaron el 35% del área de corredores catalogados como de alta prioridad para la protección y restauración del bosque, provocando migración de especies y un desequilibrio en la regeneración natural de la zona.[23] La destrucción del bosque seco chiquitano vulnera los derechos de la Naturaleza y los derechos pueblos indígenas que habitan estas regiones afectadas, afectando el derecho de las personas a vivir en un ambiente sano, saludable, con alimentación adecuada y acceso al agua.[24]

Conclusiones

Los casos de ecocidio del bosque chiquitano, de la Amazonía y de los glaciares andinos están íntimamente relacionados. Ya sea que se trate de un ecocidio local, regional o global, las consecuencias generalmente afectan y quiebran los ciclos de la naturaleza, más allá de lo que se puede apreciar a primera vista. Estos casos visibilizan la complejidad multidimensional que involucra el ecocidio, tanto por las consecuencias como por los orígenes sistémicos que lo desencadenan. En esta era del antropoceno el capitalismo y los seres humanos capturados por su lógica estamos fracturando el metabolismo del sistema de la Tierra. La justicia ambiental y social se ha vuelto imperativa para el conjunto de la humanidad que es amenazada en su existencia por las interacciones y retroalimentaciones que producen los ecocidios en curso. La incorporación del ecocidio dentro de nuestros ordenamientos jurídicas a nivel nacional, regional e internacional es fundamental para avanzar en soluciones integrales y sistémicas. Para evitar el colapso ecológico, es esencial avanzar hacia una justicia que comprenda los ciclos y la interrelación de todos los elementos del sistema de la Tierra.


[1] https://www.nasa.gov/content/goddard/nasa-satellite-reveals-how-much-saharan-dust-feeds-amazon-s-plants

[2] Schoolmeester, T., et al. (2018). Atlas de Glaciares y Aguas Andinos. El impacto del retroceso de los glaciares sobre los recursos hídricos. UNESCO y GRID-Arendal, p. 38.

[3] Francou, B. (2013). El rápido retroceso de los glaciares en los Andes tropicales: Un desafío para el estudio de la dinámica de los ecosistemas de alta montaña. Ecología en Bolivia48(2), 69-71. Disponible en: http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1605-25282013000200001&lng=es&tlng=es.

[4] El glaciar Chacaltaya en Bolivia, conocida antes como la pista de esquí más alta del mundo, desapareció oficialmente en el 2009. Sin embargo, no es el primer glaciar que desaparece en los Andes. Venezuela, por ejemplo, contaba en 1952 con 10 glaciares, hoy en día solo queda uno, el glaciar Humboldt, que se calcula desaparecerán en el 2021. Véase: https://cambioclimatico-bolivia.org/pdf/cc-20140120-del_retroc___.pdf y Schoolmeester, T., op cit., p. 50.

[5] Schoolmeester, T., op cit., p. 50.

[6] Idem., p. 55

[7] El pico hídrico es el aumento temporal por la escorrentía por deshielo, que cuando llega a su nivel máximo se denomina pico hídrico. Tras este momento se produce un descenso continuado de los volúmenes de escorrentía anuales a medida que el glaciar continúa perdiendo masa. Schoolmeester, T, op cit., p. 41.

[8] Schoolmeester, T., op cit., p. 12.

[9] Zemp, D. C., C.-F. Schleussner, H. M. J. Barbosa, and A. Rammig (2017), Deforestation effects on Amazon forest resilience, Geophys. Res. Lett., 44, 6182–6190. Disponible en: https://agupubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/pdfdirect/10.1002/2017GL072955#:~:text=deforestation%20could%20reduce%20the%20resilience,of%20deforestation%20on%20continental%20rainfall.

[10] Veettil, BK., et al. (2016). Un análisis comparativo del retroceso glaciar en los Andes Tropicales

usando teledetección. En: Investig. Geogr. Chile, 51: 3-36 (2016).

[11] Por efecto de la quema de biomasa, se estima hasta en un 4% el derretimiento anual en los glaciares Andinos. Este mismo fenómeno también se observó en otras partes del mundo, como Groenlandia y el Ártico, donde se evidenció gran cantidad de carbón negro por la quema de combustibles fósiles en los países del hemisferio norte. Veáse: Magalhães, N.d., et al. Amazonian Biomass Burning Enhances Tropical Andean Glaciers Melting. En: Sci Rep 9, 16914 (2019). Disponible en: https://doi.org/10.1038/s41598-019-53284-1

[12] https://funsolon.files.wordpress.com/2019/10/repan_atlas-panamazc3b3nico.pdf

[13] Véase: http://amazonia.mapbiomas.org/lanzamiento-de-la-colecion-20 y https://es.mongabay.com/2020/07/amazonia-bosques-deforestacion-tres-decadas/

[14] Véase: http://www.fao.org/3/i5588s/i5588s.pdf

[15] Véase:   https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-51377234

[16] Véase: https://www.dw.com/es/por-qu%C3%A9-la-amazon%C3%ADa-es-tan-importante-para-el-mundo/a-50144163

[17] Zemp, D. C., C.-F. Schleussner, H. M. J. Barbosa, and A. Rammig (2017), Deforestation effects on Amazon forest resilience, Geophys. Res. Lett., 44, 6182–6190. Disponible en: https://agupubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/pdfdirect/10.1002/2017GL072955#:~:text=deforestation%20could%20reduce%20the%20resilience,of%20deforestation%20on%20continental%20rainfall.

[18] Zemp, D. C., op cit.

[19] Lovejoy, T. E.; Nobre, C. Amazon Tipping Point. En: Science Advances, v. 4, n. 2, p. eaat2340, 1 fev. 2018. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/323341184_Amazon_Tipping_Point

[20] Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN). (Diciembre de 2019). Informe de área de quema e incendios forestales 2019. Santa Cruz, Bolivia. Disponible en: http:// incendios.fan-bo.org/Satrifo/reportes/INCENDIOS_FORESTALES_2019.jpg

[21] https://www.rightsofnaturetribunal.org/wp-content/uploads/2018/04/TIDN-Afectacion-ecosistemas-APs-consecuencias-ambientales-CBLPZ.pdf

[22] https://funsolon.files.wordpress.com/2020/08/plan_recuperacion_2020-version-final.pdf

[23] Un corredor biológico o ecológico (de conectividad) es una ruta o una franja de vegetación que permite el flujo (movimiento) de plantas y animales de una región a otra, favoreciendo la permanencia, la interrelación y la migración de las especies entre los cuerpos de vegetación. Véase: https://funsolon.files.wordpress.com/2020/08/plan_recuperacion_2020-version-final.pdf

[24] https://www.rightsofnaturetribunal.org/wp-content/uploads/2018/04/Sentencia-Chiquitania-Chaco-y-Amazonia-vs.-Estado-Plurinacional-de-Bolivia-FINAL.pdf

Luis Arce y los transgénicos: Entre promesas y contradicciones

Por Guillermo Villalobos

El pasado 7 de mayo del 2020, en medio de una situación de emergencia nacional por la pandemia del Covid-19, el gobierno transitorio de Jeanine Añez aprobó el Decreto Supremo N° 4232 que “autoriza al Comité Nacional de Bioseguridad establecer procedimientos abreviados para la evaluación del maíz, caña de azúcar, algodón, trigo y soya, genéticamente modificados en sus diferentes eventos, destinados al abastecimiento del consumo interno y comercialización externa” en base a medidas tomadas en países vecinos. Estos procedimientos abreviados para facilitar la introducción de transgénicos debían aprobarse en un plazo de diez días, periodo que fue ampliado a cuarenta días por el DS N° 4238 del 14 de mayo de 2020. Posteriormente, el gobierno de Añez promulgó el Decreto Supremo N° 4348 de 22 de septiembre del 2020 para “identificar las áreas que constituyen centros de diversidad de maíz y las zonas de cultivo para maíz amarillo duro generado por cualquier tecnología” antes de que el Comité Nacional de Bioseguridad hubiera aprobado la introducción de maíz transgénico.

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Infográfica: Quemar bosques para alimentar vacas

Más de dos tercios de las emisiones de gases efecto invernadero del país se deben a la deforestación y a la actividad agropecuaria.  En toda Sudamérica, el 71% de la deforestación es producto de la expansión de pastizales para la ganadería. En Bolivia, la ganadería es el principal causante de los incendios en tierras de uso ganaderas, pero también en reservas forestales y en áreas protegidas. Incendios que se genera debido a las quemas de pastizales y bosques para expandir las áreas de pastoreo para el ganado.

Actualmente en el país existen unos 9 millones de cabezas de ganado, una vaca por cada boliviano. No obstante, el Gobierno, en acuerdo con los grandes ganaderos, pretende ampliar la exportación de carne hasta el 2025. Desde el 2019 Bolivia comenzó a exportar carne a la China, y desde entonces las exportaciones en general van en crecimiento. Esto se traducirá en más deforestación y más quemas. Ante este escenario, es urgente tomar medidas drásticas para frenar este ecocido en curso.

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Noviembre 2020: sequía y cuatro veces más focos de calor que el año pasado

El Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MAAyA), mediante su Sistema de Información y Monitoreo de Bosques (SIMB) registro en todo el mes de noviembre de este año 63.515 focos de calor. Esto es cuatro veces más que el 2019, cuando se registraron 15.645 focos de calor en todo noviembre.  

De acuerdo al Boletín Informativo N° 031 de la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierras (ABT), de los 7.965 focos de calor registrados en la última semana de noviembre de este año, solo el 9,6% fueron en áreas autorizadas por la ABT[1]; esto a pesar de que aún se mantiene vigente las Resoluciones Administrativas N° 149/2020 y N° 275/2020 que paralizan temporalmente la autorización de quemas en todo el territorio nacional.

A nivel departamental, Santa Cruz concentró el 58% del total de los focos de calor registrados en noviembre, seguido en segundo lugar por Beni con el 26%; porcentajes muy similares al mes de noviembre del 2019. Los principales municipios con mayor incidencia de focos de calor en el 2020 fueron: San Iganacio de Velazco (8211 focos), Concepción (5416 focos), San Ignacio (departamento del Beni) (3209 focos), San Miguel (3010) y San José de Chiquitos (2591).

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Focos de calor mes de noviembre 2020

Focos de calor mes de noviembre 2019

Fuente: MMAyA

De acuerdo con los dados del SIMB, el 45% de los focos de calor registrados en noviembre del 2020 (28.561 focos) fueron en áreas con cobertura boscosa. El tipo de bosque con mayor recuento de focos de calor fue el Chiquitano, con 11.597 focos de calor (40,6% del total registrado en áreas boscosas), seguido por el bosque amazónico con 7.483 (26,2%), el bosque chaqueño 3.501 (12,3%) y el bosque tucumano-boliviano (10,5%). En términos porcentuales, el mes de noviembre del 2020 presentó un aumento significativo de los focos de calor en el bosque amazónico en comparación al mismo periodo del 2019 (11,5% del total de focos de calor registrados en área boscosa). El mismo patrón se observó en el bosque tucumano-boliviano. Sin embargo, los focos de calor registrados en el bosque chaqueño señalan una disminución porcentual importante respecto a noviembre del 2019, cuando en este tipo de bosque registraba el 25,9% de todos los focos de calor en área boscosa.

Los focos de calor contabilizados en reservas forestales fueron 11.205, equivalentes al 17,8% de todos los focos registrados en noviembre del 2020. Esto es ocho veces más que en noviembre del 2019.

Los focos de calor registrados en áreas protegidas durante noviembre del 2020 fueron más del doble de los registrados durante el mismo mes en 2019. Sin embargo en términos porcentuales en relación al total de focos de calor durante el mes de noviembre bajaron de 11,8% en el 2019 a 7,4% en el 2020.

Las áreas protegidas con mayor incidencia de focos de calor durante 2020 fueron: Noel Kempff Mercado (1.513 focos), Isiboro Secrué (1303 focos) Iñao (547 focos) y San Matías (421 focos). Mientras que las reservas forestales con mayores registros de focos de calor fueron: Guarayos  (2564 focos), El Chore (1929 focos) y Ríos Blanco y Negro (1335 focos) en Santa Cruz; Bajo Paragua (1930 focos) en el Beni; y Chapare (1219 focos) en Cochabamba.

Focos de calor registrados en reservas forestales y áreas protegidas. Noviembre 2020

Focos de calor registrados en reservas forestales y áreas protegidas. Noviembre 2019

Fuente: MMAyA

El elevado número de focos de calor registrado durante los últimos meses de este año es atípico, según reporta la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN). De acuerdo al monitoreo realizado por la FAN, a lo largo de los últimos 19 años existía una clara tendencia a la disminución de los focos de calor en el último trimestre del año.[2] Parte de este fenómeno atípico se explica por las altas temperaturas reportadas durante este mes, sumado a las bajas precipitaciones, que coadyuvaron a la expansión de los incendios hasta finales del mes.[3] En este contexto, un informe del Observatorio de la Tierra de la NASA de finales de octubre de este año detalla como el subcontinente sudamericano estaría enfrentando la segunda sequia más intensa desde el 2002.

Fuente: Observatorio de la Tierra, NASA

Según dio a conocer el reporte de la NASA, las carencia de precipitaciones esta, asimismo, afectando drásticamente el almacenamiento de agua subterránea, donde en algunas regiones muestran condiciones de sequía que anteriormente ocurría aproximadamente una vez cada 50 años.[4] De a cuerdo la Organización Meteorológica Mundial (OMM), desde octubre del 2020 se instaló un nuevo episodio de La Niña,[5] este fenómeno generalmente implica condiciones de mayor humedad en el norte de la Amazonia, pero mayor sequedad en el sur del continente. Se prevé que este episodio de la Niña sea moderado a intenso y que se pueda extender hasta el primer trimestre del 2021.[6] Ante este escenario, cabe la posibilidad de que para la próxima temporada de chaqueos las condiciones atmosféricas sean aún más favorables para la propagación de incendios forestales en gran parte del país.


[1] Mientras que el 48,0% de los focos de calor registrados esa semana se dieron en áreas sin autorización (ilegales), 23,5 % en Territorios Comunales de Origen (TCO) y 18,9 % en áreas protegidas. Véase: http://www.abt.gob.bo/images/stories/Noticias/2020/11/Boletin-031.pdf

[2] Véase: http://incendios.fan-bo.org/Satrifo/situacion-de-incendios-forestales-en-bolivia/

[3] https://www.periodicobolivia.com.bo/sube-riesgo-de-incendios-por-altas-temperaturas-y-falta-de-lluvias/

[4] https://earthobservatory.nasa.gov/images/147480/severe-drought-in-south-america?utm_source=TWITTER&utm_medium=NASAEarth&utm_campaign=NASASocial&linkId=103648183

[5] La Niña es un fenómeno que produce un enfriamiento a gran escala de la temperatura de la superficie del océano en las partes central y oriental del Pacífico ecuatorial, además de otros cambios en la circulación atmosférica tropical, a saber, los vientos, la presión y las precipitaciones. Por lo general, tiene efectos en el tiempo y el clima contrarios a los de El Niño, que es la fase cálida del fenómeno denominado. Véase: https://public.wmo.int/es/media/comunicados-de-prensa/la-ni%C3%B1a-se-consolida

[6] Véase: https://news.un.org/es/story/2020/10/1483212

Mes de septiembre del 2020 presenta 41% más focos de calor que el 2019

Bolivia está nuevamente envuelta en llamas. Según el Sistema de Información y Monitoreo de Bosques (SIMB) del Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA), durante el mes de septiembre de este año se registraron 85.228 focos de calor en todo el país. Mientras que, durante el mismo periodo el 2019, se contabilizaron 60.076 focos de calor. Dicho de otra manera, el mes de septiembre del 2020 presenta 41,8% más focos de calor que el año pasado.

Santa Cruz sigue encabezando la lista de los departamentos más afectados, concentrando el 49% (42.087 focos) del total de los focos de calor. Sin embargo, este porcentaje significa una reducción significativa en comparación con el año pasado, cuando solo en ese departamento se concretaba el 66 % de los focos registrados. Por el contrario, el departamento del Beni tuvo un aumento considerable; en septiembre del 2019 este departamento concentró el 21% de los focos de calor, pero durante el mismo periodo del 2020 esta cifra subió al 34% [1] .

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Bosques: Sin lecciones de fondo de la Chiquitania

El 2019 se quemaron un total de 5.358.492 hectáreas de superficie [1], esto es 3.431.368 hectáreas más que el año 2014, donde el área total quemada fue de 1.927.124 hectáreas [2]. El 2020, hasta mediados de septiembre, se registran ya 2,3 millones de hectáreas quemadas [3]. No toda superficie quemada son bosques. Gran parte son pastizales y arbustos. Sin embargo, según la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT), entre los años 2012 a 2016 Bolivia perdió un total de 1.083.725 hectáreas de bosques [4]. Por ello, no sorprende que Bolivia ocupe el séptimo lugar en el ranking de los países que perdieron mayor superficie de bosque en los últimos 25 años a nivel mundial [5].

Los incendios del año pasado y este año representan un verdadero ecocidio que al final se abre paso en el programa de los partidos políticos que participan de las elecciones, pero que ninguno se atreve a calificarlo como un ecocidio. Todos mencionan los incendios y la Chiquitania, pero ninguno quiere referirse al bosque como sujeto de derechos, ni a las causas estructurales de los incendios: la ganadería y el modelo del agronegocio de la soya transgénica.

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Septiembre presenta 65 % más focos de calor que el 2019

Entre el 01 y el 14 de septiembre del 2020 en el país se han registrado 35.946 focos de calor, según los datos presentados por Sistema de Información y Monitoreo de Bosques (SIMB) que depende del Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA). Esto significa un incremento del 65,6 % en comparación al mismo periodo en el 2019, cuando se contabilizó 21.706 focos de calor.   

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Las cifras de los incendios desmienten a Pinkert y Costas

Rubén Costas, Gobernador de Santa Cruz, señaló el 14 de septiembre que “Solo el 17% (de los incendios) es de bosque, el restante son sabanas, pastizales y matorrales[1]. Así mismo la Ministra de Medio Ambiente y Agua, María Elva Pinckert, declaró “Hasta ahora hemos perdido 500.000 hectáreas, pero lo que se quemó es paja seca, muy poco bosque y vamos a evitar que se quemen”[2].

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Infierno en Sudamérica

Por: Guillermo Villalobos

El año pasado los bosques de Sudamérica, y en particular de la Amazonía y la Chiquitanía, padecieron un verdadero infierno. Lo lógico hubiera sido que este año bajaran significativamente las cifras de incendios y que las autoridades de todos los países hubieran tomado todas las medidas necesarias para evitar que se repita el ecocidio. Sin embargo, la situación es muy diferente:


Cuatro veces más incendios en el Pantanal

Uno los ecosistemas más afectados este año es el Gran Pantanal, compartido por Brasil, Bolivia y Paraguay. Según el reporte de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN),[1] del 01 de enero al 04 de agosto de este año 768 mil hectáreas en el Pantanal fueron afectadas por incendios forestales. Siendo el Pantanal brasilero el más dañificado con 534 mil (70%) hectáreas quemadas, seguido por Bolivia y posteriormente Paraguay, con 147 mil (19%) y 86 mil (11%) hectáreas respectivamente.

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Fuente: Fundación Amigos de la Naturaleza. 2020. Incendios transfronterizos y dinámica del fuego en el Pantanal. Santa Cruz, Bolivia. p. 5.

De acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) del Brasil, en todo el mes de agosto del 2019 se registraron 34.806 focos de quema,[2] frente a los 175.644 computados durante el mismo periodo en el 2020; esto significa, un aumento del 405% de los focos de quema en relación al año pasado.[3] Se estima que el fuego ya consumió el 10% de todo el bioma del Pantanal brasilero, siendo estos incendios uno de los más devastadores en los últimos tiempos.[4]

Del otro lado de la frontera, en Bolivia, en el Parque Nacional y Área de Manejo Integral Otuquis el Sistema de Información y Monitoreo del Bosque (SIMB) del Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA) registró 3.752 focos de calor entre el 01 de enero al 31 de agosto, quemándose siquiera 95.765 hectáreas, sin olvidar las ya 6.528 hectáreas que se quemaron durante el mes de marzo de este año. A lo que se suma las 14.500 hectáreas quemadas en el Área Natural de Manejo Integral San Matías.[5] Mientras que, en la frontera paraguaya, se reportan que en la Reserva Pantanal Paraguayo se han quemado unas 4.000 hectáreas.[6]

La situación en el Pantanal es alarmante. El estrepitoso aumento de las quemas en el bosque de pantanal se complementa con la sequía que fustiga esta región. Según un informe de la ONG SOS Pantanal, entre enero a mayo hubo una disminución del 50% de las precipitaciones en todo el ecosistema del Pantanal, enfrentando uno de las menor inundaciones en los últimos 47 años.[7] Este escenario, sumado al importante aumento de la temperatura, hace que el ambiente sea aún más propenso a la propagación de los fuegos. 

La Amazonía sigue ardiendo

Los incendios trasfronterizos en el Pantanal representan apenas un eslabón de esta compleja problemática. A pesar de que los datos de focos de quemas en el Pantanal brasileños registrado durante el mes de agosto de este año son absolutamente alarmantes, solo corresponden al 15.9% del total de focos de quema registrados por el INPE. Mientras que el 59.9% (661.890 focos) de los focos de quema se encuentra en el bosque amazónico. Solo hasta julio de este año, el área quemada en el bosque amazónico brasilero asciende ya a los 13.703 km2 (1.370.300 hectáreas).[8] 

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Brasil: Focos de quema por bioma (01 al 31 de agosto 2019)

Brasil: Focos de quema por bioma (01 al 31 de agosto 2020)

Fuente: http://queimadas.dgi.inpe.br/queimadas/portal Datos obtenidos el 01/09/2020

Tras los pasos de Brasil:

Si bien en Bolivia durante el mes de agosto hubieron menos focos de calor que el año pasado,[9] los registros acumulados hasta la fecha no dejan de ser inquietantes.

De los 45.770 focos de calor registrados en el mes de agosto, 11.899 (el 26 %) se registraron en áreas con cobertura boscosa, según datos SIMB. El tipo de bosque más afectado en el país sigue siendo el bosque chiquitano, contabilizándose durante el mes de agosto 4.117 focos (equivalente al 34,6 % del total de focos de calor registrados en áreas boscosas), seguido por el bosque amazónico con 3.083 focos de calor (25,9 %), el bosque de llanuras inundables con 1.532 focos de calor (12,9 %), el bosque de pantano con 1.165 focos de calor (9,8 %) y el bosque chaqueño con 891 focos de calor (7,5 %).

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Así, y a pesar de la devastación causada por los incendios forestales del 2019 siguen latentes en la memoria colectiva, los fuegos nuevamente se presentan en los ecosistemas boscosos boliviano.

Los datos del SIMB revelan que la amazonia es el segundo tipo bosque más afectado por el fuego. En términos porcentuales, durante el mes de agosto de este año la amazonia registró un mayor porcentaje de concentración de focos de calor (el 25,9%) que el mismo periodo en el 2019, fecha en que el bosque amazónico concentró solo el 13% del total de focos de calor registrados en áreas con cobertura boscosa.

Sin embargo, los bosques bolivianos no son los únicos que se encuentran asediados por las llamas. Lastimosamente los fuegos son una condición regional que traspasa las fronteras de los Estados, afectando directa e indirectamente de forma sistémica a toda la región.

En Colombia, por ejemplo, la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible (FCDS) señala que en tan solo los primeros cuatro meses del 2020 se deforestaron 75.000 hectáreas de bosque amazónico – equivalente al 47,4% del total deforestado en 2019.[10] Igualmente, según WWF Colombia, entre enero a abril del 2019 hubo 23.358 focos de calor Amazonia colombiana, pero en el mismo periodo del 2020 se registraron 63.178 focos de calor – un aumento del 37 %.[11]

El acelerado avance de la deforestación y de las quemas en la Amazonía en general afectan dramáticamente la resiliencia del bosque, acelerado su degradación y haciéndolo cada vez más vulnerable a condiciones extremas. Asimismo, la afectación sistémica producto de la deforestación y quema del bosque amazónico conlleva a una reducción importante de la humedad y las lluvias que alimenta otras cuencas subtropicales, influenciando sustancialmente a los bosques aledaños – como el caso del Pantanal – y en la región en general.[12]

Incendios en el bosque chaqueño

El bosque chaqueño es otro de los ecosistemas boscosos transfronterizos que se encuentra afectado por los fuegos. Según el reporte del Instituto Forestal Nacional (Infona) del Paraguay, en el mes de julio se registraron 14.400 focos de calor, donde los departamentos fronterizos con Brasil, Bolivia y Argentina son los más damnificados.[13] Solo durante el 1 de septiembre de este año se detectaron 1.334 focos de calor, de las cuales 854 (el 64 %) se encuentran en el Chaco paraguayo.[14]

La misma situación se observa en las provincias que conforman la mayor parte del Gran Chaco argentino: Formosa, Chaco, Santiago del Estero y Salta. Entre mediados de marzo al final de julio alrededor de 30.000 hectáreas de bosque nativo fueron taladas.[15] Entre tanto, durante el primer quincena del mes de agosto de este año, se quemaron solo en la provincia del Chaco más de 20.000 hectáreas; a la vez que los incendios siguen proliferando y expandiéndose en otras provincias.[16] 

Por otro parte, en Bolivia durante el mes de agosto el bosque chaqueño registró 891 focos de calor, haciéndolo el quinto bosque con mayor concentración de focos de calor registrado en área con cobertura boscosa. Siendo la provincia Chiquitos y las provincias fronterizas de Cordillera y Gran Chaco las más afectadas, según los datos presentados por el SIMB. 

Los focos de calor registrado en el chaco son extremadamente inquietantes. No solo porque el bosque chaqueño es uno de los más deforestados a nivel mundial, sino porque también alberga una importante población de Pueblos Indígenas en Situación de Aislamiento y Contacto Inicial (PISAC).[17] Un reciente informe trinacional sobre Incendios y Deforestación en Territorios con Registros de Pueblos Indígenas en Situación de Aislamiento (Brasil – Bolivia – Paraguay) revela que, entre el 2018 y 2019, en estos países hubo un alarmante aumento de los focos de calor registraos en Territorios Indígenas y Áreas Protegidas con presencia de PISAC.[18]

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Focos de incendio en 2019 y áreas de presencia de PIA en Paraguay y Bolivia.

Fuente: Vaz, A. (2020). Informe Trinacional: Incendios y deforestación en territorios con registros de pueblos indígenas en situación de aislamiento – PIA – Bolívia – Brasil – Paraguay. Brasília-DF (Brasil): GTI PIACI, p. 31.

En suma, los datos presentados nos develan que, a pesar de la devastación de los incendios forestales del 2019, los bosques sudamericanos siguen estando asediados por los fuegos; donde, el bosque amazónico sigue siendo uno de los más aquejado por las llamas. Sin embargo, no es menos alarmante la precipitosa marcha de las llamas en los demás ecosistemas boscosos de la región.

Los fuegos que se están registrando en los distintos bosques de sudamericanos son en su absoluta mayoría provocadas por los seres humanos. La falta de control y de fiscalización por parte de los Estados y de la sociedad es evidentemente uno de los elementos principales que permite la vertiginosa propagación de los incendios. Sin embargo, es fundamentar visualizar que el origen de los fuegos corresponden a una política de Estado – siendo los ejemplos más evidentes los casos de Brasil y Bolivia[19]. Esta política tiene un propósito claro: fomentar y potencializar el modelo extractivo de commodities específicos – como por ejemplo, el agrícola – en desmedro de los bosques y de los territorios indígenas.    

La pandemia del Covid-19 – así como las políticas de contingencia tomadas por los gobiernos – lejos de frenar el avance de la deforestación e incendios en los bosques le proporcionó un renovado impulso. Ante la latente crisis socio-económica generado por el Covid-19, los gobiernos y las elites dominantes apuntan a afianzar y profundizar aún más el modelo extractivista depredador, donde los business as usal es el único paradigma posible para “salir” de la crisis generado por la pandemia. Omitiendo, por supuesto, que es justamente este modelo el que nos llevó a esta crisis en un primer lugar. 


[1] http://incendios.fan-bo.org/Satrifo/reportes/2020/Reporte_Incendios_Pantanal_07_Ago_2020.pdf

[2] Sobre la diferencia entre focos de calor y focos de quema véase: https://eldeber.com.bo/137001_foco-de-quema-y-foco-de-calor-es-lo-mismo-conoce-los-terminos-sobre-la-actividad-del-fuego

[3] Mientras que en entre el 01 de enero al 31 de agosto del 2020 se registraron 303.422 focos de quema acumulados, un aumento del 377% en comparación al 2019, donde se registraron 63.646 focos de quema en el mismo periodo. Véase: http://queimadas.dgi.inpe.br/queimadas/portal

[4] https://www.dw.com/pt-br/fogo-j%C3%A1-consumiu-mais-de-10-do-pantanal-em-2020/a-54630524

[5] A todo ello, en el Parque Nacional Otuquis se añaden las 313.744 hectáreas quemadas durante los incendios forestales del 2019 (correspondiente al 35% de su superficie). Véase: http://incendios.fan-bo.org/Satrifo/reportes/2020/Reporte_Incendios_Pantanal_07_Ago_2020.pdf y https://erbol.com.bo/nacional/tribunal-de-la-naturaleza-declara-que-incendios-del-2019-fueron-un-%E2%80%9Cecocidio-ocasionado-por

[6] https://es.mongabay.com/2020/08/incendios-forestales-pantanal-bolivia-brasil-paraguay/

[7] Según una nota de Mongabay, los niveles del río Paraguay son tan bajos que “En el puerto de Asunción la altura del agua no supera los 70 cm”. Véase: https://es.mongabay.com/2020/08/incendios-forestales-pantanal-bolivia-brasil-paraguay/#:~:text=El%20reporte%20de%20FAN%20indica,mil%20hect%C3%A1reas%20en%20territorio%20boliviano.

[8] Véase: http://queimadas.dgi.inpe.br/queimadas/aq1km/

[9] Según la ABT, en el mes de agosto “se registró 69% menos de focos de calor en todo el país, comparados con el mismo mes del 2019”, hecho que la ABT atribuye al permanente trabajo de fiscalización, a la Resolución Administrativa ABT N° 149/2020 de prohibición de quemas y a las lluvias. Sin embargo, de acuerdo al Boletín Informativo N° 18 de la ABT, del total de focos de calor registradas durante del 24 al 30 de agosto, solo el 5,3% se dieron en áreas donde la ABT ha emitido alguna autorización (quemas legales), mientras que 75,7 % se dieron en áreas donde no ha proporcionado una autorización (quemas ilegales) y el 19 % se encuentran en otra jurisdicción (por ejemplo: en Territorios Comunitarios de Origen TCO y Áreas Protegidas). Véase: https://www.mmaya.gob.bo/2020/09/agosto-cierra-con-69-menos-focos-de-calor-registrados-en-comparacion-con-el-mismo-mes-del-2019/ y http://www.abt.gob.bo/images/stories/Noticias/2020/09/Boletin-018.pdf

[10] Véase: https://fcds.org.co/ni-la-covid-19-detiene-la-deforestacion-en-la-amazonia/

[11] Véase: https://www.wwf.org.co/sala_redaccion/?uNewsID=364635

[12] Zemp, D. C., C.-F. Schleussner, H. M. J. Barbosa, and A. Rammig (2017), Deforestation effects on Amazon forest resilience, Geophys. Res. Lett., 44, 6182–6190. Disponible en: https://agupubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/pdfdirect/10.1002/2017GL072955#:~:text=deforestation%20could%20reduce%20the%20resilience,of%20deforestation%20on%20continental%20rainfall.

[13] Estos departamentos son: Presidente Hayes (6.654 focos de calor), Alto Paraguay (2.070 focos de calor) y Boquerón (964 focos de calor). Departamentos que abarcan tanto el bosque Seco Chaqueño como el bosque Subhúmedo Inundable del Río Paraguay. Véase: http://www.infona.gov.py/index.php?cID=296 y http://www.infona.gov.py/index.php/noticias/en-julio-se-detectaron-mas-de-14400-focos-de-calor-en-todo-el-territorio-nacional

[14] Véase: http://guyra.org.py/wp-content/uploads/2020/09/Bolet%C3%ADn-informativo-de-riesgos-de-incendios-01_09.pdf

[15] Véase: https://es.mongabay.com/2020/08/argentina-el-peligro-de-la-reactivacion-economica-para-los-bosques-del-gran-chaco/

[16] Véase: https://www.chacodiapordia.com/2020/08/14/incendios-en-chaco-ya-se-quemaron-20-000-hectareas-en-lo-que-va-de-agosto/ y https://www.ambito.com/informacion-general/incendios/grave-ya-son-nueve-las-provincias-afectadas-forestales-n5127758

[17] Véase: https://www.servindi.org/actualidad-noticias/27/08/2020/puntos-de-calor-no-dejan-de-aumentar-en-la-amazonia-y-amenazan-piaci

[18] De los 99 territorios indígenas (TI) con registros de PIA en Bolivia, Brasil y Paraguay, se constató en el 2019 un aumento de focos de calor en relación al 2018 de 258.25% en Bolivia; 259,28% en Brasil y 185.12% en Paraguay. Mientras que los focos de calor detectadas en las 32 unidades de conservación (áreas protegidas) con presencia de PIA en 2019, en comparación con 2018, aumentaron en un 744.38% en Bolivia, un 347.87% en Brasil y un 44.150% en Paraguay. Véase: Vaz, A. (2020). Informe Trinacional: Incendios y deforestación en territorios con registros de pueblos indígenas en situación de aislamiento – PIA – Bolívia – Brasil – Paraguay. Brasília-DF (Brasil): GTI PIACI, pp. 42-48.

[19] En Brasil, el gobierno de Jair Bolsonaro, bajo el slogan de “abrir la amazonia y los territorios indígenas al desarrollo”, fomenta una clara política “anti-ambientalista” propiciando la minería, la agroindustria y explotación forestal en la amazonia.  Mientras que, en Bolivia, Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza (TIDN) resolvió que los incendios del 2019 fueron un “ecocido provocado por la política del Estado y el Agronegocio” y estableció la abolición de las “leyes incendiarias”.  Véase: https://www.theguardian.com/world/2020/sep/02/amazon-fires-brazil-rainforest-bolsonaro-destruction?CMP=Share_iOSApp_Other y https://es.mongabay.com/2020/08/bolivia-tribunal-de-la-naturaleza-culpa-a-morales-y-anez-por-incendios-del-2019/

Asamblea Mundial por la Amazonía | Hoy es Todavía

El pasado 18 y 19 de julio, organizaciones indígenas, activistas, instituciones, colectivos, entre otros se autoconvocaron a la primer Asamblea Mundial por la Amazonía, para lanzar un grito de defensa a la amazonia y la vida, y para articular acciones conjuntas en torno a tres grupos de trabajo: Covid-19, Boicot y Movilización


Ecocidio a la vista

Bolivia una vez más está en llamas. Pareciera ayer que la sociedad boliviana lloraba por la Chiquitanía. Desde el principio del año hasta el 31 de Julio se han registrado 60.490 incendios. Durante el mismo período el año pasado se contabilizaron sólo 51.394 focos de calor. Esto representa un incremento de 17% en los incendios en relación al 2019. La pandemia del fuego se esparce a la velocidad del viento y tenemos muy poco tiempo para detenerla.


Voces en defensa de la Amazonía

Hasta el 14 de julio, el COVID-19 se ha llevado a más de 1000 indígenas en toda la Amazonia. La situación se ha tornado dramática, el asedio del extractivismo y la pandemia marcan uno de los momentos más complejos de los pueblos indígenas en la Amazonia. Sin embargo, voces en defensa de la Amazonia claman por la autoconvocatoria para hallar una solución.


La Amazonia nos llama

La Amazonía se está inundando de muerte. El COVID-19 está agravando el etnocidio y ecocidio de esta región que es esencial para la estabilidad del ecosistema de la Tierra. La destrucción de la Amazonía nos acerca más al precipicio y a la hecatombe climática. Una humanidad saludable y con futuro necesita de bosques y pueblos amazónicos vivos. ¿Quépodemos hacer?

Julio del 2020: más incendios en Áreas Protegidas y en el bosque Chiquitano que el 2019

Por: Guillermo Villalobos

Bolivia termina el mes de julio con un escenario ambiental perturbarte. Según el Sistema de Información y Monitoreo de Bosques (SIMB) del Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA), entre el 01 y el 29 de julio de este año se registraron 19.205 focos de calor. Mientras que, durante el mismo periodo, el 2019 se registraron 16.532 focos de calor. Dicho de otra manera, durante julio del 2020 los focos de calor se incrementaron en un 16.2% en relación al 2019. En los picos más altos, se llegó a registrar hasta 1.605 focos de calor en un solo día.[1]


(has clic en la imagen para agrandar)

19.205 focos de calor entre el 01 al 29 de julio de 2020
16.532 focos de calor entre el 01 al 29 de julio de 2019

Fuente: MMAyA. Datos obtenidos el 29/07/2020 en: http://simb.siarh.gob.bo/simb/map_heat_source

Los datos del SIMB muestran, asimismo, que hay un aumento porcentual considerable de los focos de calor registrados tanto en el bosque chiquitano como en Áreas Protegidas. Los reportes señalan que, durante 01 al 29 de julio del 2019, del total de los focos de calor registrados en áreas con cobertura boscosa el 50,5 % sucedieron en el bosque chiquitano; mientras que, durante el mismo periodo en el 2020, el 65,1 % del total de los focos de calor registrados en áreas con cobertura boscosa se dieron en el bosque chiquitano. 

focos_calor_2019_2020-01-01

(has clic en la imagen para agrandar)

Por otro lado, llama la atención el aumento de focos de calor identificados en áreas protegidas. De acuerdo a los datos del SIMB, el porcentaje de focos de calor registrados en áreas protegidas durante el 01 al 29 de julio pasó de 5,2% el 2019 a 12,7% el 2020. Siendo Carrasco, Otuquis y San Matías las más afectadas el 2019; mientras Otuquis, San Matías y Tunari fueron las más dañificadas este año.

Desde hace una semana el Parque Nacional y Área de Manejo Integral Otuquis, en el municipio de Puerto Suarez en Santa Cruz, se encuentra en llamas. En solo los primeros cuatro días de incendio se registraron 685 focos de calor.[2] Según declaraciones de la Ministra de Medio Ambiente y Agua, María Elva Pickert, se estima que 25.000 hectáreas están siendo afectadas por los fuegos;[3] en tanto la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierras (ABT) informó que ya se quemaron 60 mil hectáreas de pasturas naturales.[4] A todo esto, hay que sumar los 5.000 hectáreas que se quemaron en el incendio suscitado en marzo de este año,[5] y los 326.743 hectáreas quemadas en los incendios del año pasado.[6]

Lamentablemente el latente incendio en el Parque Nacional y Área de Manejo Integral Otuquis no es el único evento de este tipo. En lo que va del mes de julio, hubo incendios de magnitud en diferentes áreas protegías, donde resaltan: el Área Protegida Paramani (zona de amortiguación del Parque Nacional y Área de Manejo Integral Madidi), el Parque Nacional Tunari, el Área Natural de Manejo Integral San Matías y – en dos ocasiones distintas – el Parque Nacional Carrasco[7]

Si a pesar de encontrarnos en una situación de emergencia por la pandemia del Covid-19, el mes de julio nos presenta este panorama tan desolador ¿Qué nos espera para los meses de agosto y septiembre? ¿Cuántos miles de hectáreas en bosques y áreas protegidas, y todos los seres que habitan en ellos, quedaran calcinados por los incendios? ¿Es necesario tener que precipitarnos nuevamente a un desastre ambiental para el gobierno derogue de una vez las leyes incendiarias? Si no frenamos el ecocido en curso, muy pronto nos hallaremos en el punto de no retorno, donde ya no se podrá recuperar los ecosistemas que se incineraron por la codicia de unos cuantos.  


[1] MMAyA (2020). Reporte oficial de focos de Calor e incendios forestales. Boletín N° 115. Viernes 24 de julio. Disponible en: https://datos.siarh.gob.bo/simb/focosdecalor

[2] http://www.cejis.org/el-parque-nacional-otuquis-registra-685-focos-de-calor-en-cuatro-dias-de-incendio/

[3] https://eldeber.com.bo/pais/incendio-forestal-afecta-a-25000-hectareas-del-parque-nacional-otuquis_192613

[4] http://www.abt.gob.bo/index.php?option=com_content&view=article&id=1687:abt-brinda-apoyo-logistico-para-combatir-incendio-en-otuquis&catid=8&Itemid=211&lang=es

[5] https://fundacionsolon.org/2020/03/16/incendio-en-el-parque-nacional-otuquis-y-673-focos-de-calor-en-el-resto-del-pais/#_ftn1

[6] http://incendios.fan-bo.org/Satrifo/reportes/IncendiosNal-FAN-25092019.pdf

[7] Véase: https://www.mmaya.gob.bo/2020/07/guardaparques-del-parque-nacional-madidi-sofocaron-incendio-en-el-area-protegida-paramarani/; https://www.mmaya.gob.bo/2020/07/sernap-sofoco-incendio-en-el-parque-nacional-tunari/; http://www.abt.gob.bo/index.php?option=com_content&view=article&id=1690:ante-incremento-de-focos-de-calor-abt-no-descarta-paralizar-actividades-de-quema-en-municipios-de-riesgo&catid=8&Itemid=211&lang=es; y https://www.mmaya.gob.bo/2020/07/sernap-logro-sofocar-incendio-en-el-parque-nacional-carrasco/ y https://www.mmaya.gob.bo/2020/07/sernap-sofoco-incendio-en-el-parque-nacional-carrasco/

42% más de incendios en reservas forestales en lo que va del año en Bolivia

Entre el 1 de enero y el 22 de Julio del 2020 se han registrado, según el Sistema de Información y Monitoreo de Bosques (SIMB) del Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA), 48.668 focos de calor. Durante el mismo período, el 2019 se registraron 44.902 focos de calor. Esto significa un incremento de 8,3% de focos de calor en relación al 2019.

44.902 focos de calor entre el 1/1 y el 22/7 del 2019
48.668 focos de calor entre el 1/1 y el 22/7 del 2020

La situación es aun más grave. Si tomamos en cuenta los incendios en áreas boscosas el incremento sube al 11,3% (17.285 el 2019 vs. 19.243 el 2020), y si nos fijamos solamente en los incendios en reservas forestales el incremento es del 42% (1.236 el 2019 vs 1.759 el 2020). El año pasado las reservas forestales que más incendios tuvieron en el periodo 1/1 al 22/7 fueron Iturralde, Guarayos y El Chore, mientras este año son Guarayos, Iturralde e Itenez.

2019

1.236 focos de calor en reservas forestales

2020

1.759 focos de Calor en reservas forestales

El mes pasado el pico de focos de calor por día llegó a los 650 incendios el 24 de junio. Sin embargo, este mes de julio ya hemos duplicado esa cifra con 1.318 focos de calor el día 21 de Julio.

24 de Junio: 650 focos de calor
21 de Julio: 1.318 focos de calor

En los 30 días de junio hubieron 7.315 incendios, mientras que en sólo 21 días del mes de julio ya estamos en 10.402 incendios.

La situación es extremadamente preocupante. El gobierno en su conjunto, el Ministerio de Medio Ambiente y Agua, y la Autoridad de Fiscalización y Control Social del Bosque y Tierra (ABT) siguen sin hacer nada para evitar un ecocidio como el que se vivió el 2019.

Devorando bosques para alimentar vacas

Por: José Carlos Solón y Guillermo Villalobos

La noche de San Juan de este año dejó 659 incendios en todo el país. Sin embargo, esta cifra representa un pequeño pico en el total de incendios que se vienen desarrollando en el año. Al finalizar junio habremos superado los 7000 incendios sólo en este mes. De estos incendios, más de 1700 habrán sido en zonas boscosas y unos 150 en áreas protegidas según los datos oficiales del MMAyA publicados hasta la fecha.[1]

La actividad ganadera es la responsable de la mayoría de estos incendios. Según la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT), en el año 2015 el 41% de los incendios se produjeron en áreas de uso ganadero.[2] La ganadería no sólo es responsable de los incendios en tierras de uso ganadero sino en gran parte de las tierras boscosas. El 2015, por ejemplo, hubo 20.000 incendios en áreas de producción forestal, reservas forestales y áreas protegidas, además de otros 21.000 incendios en áreas de uso ganadero. Los incendios que provoca la ganadería bovina son sobre todo para “recuperar” pastizales para alimentar el ganado y limpiar terrenos de cobertura forestal para ampliar los pastizales para las vacas.


Según un estudio del 2016 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) el 71 % de la deforestación en Sudamérica se debe a la expansión de las superficies de pastizales para la ganadería bovina[3]. Otro estudio titulado “El contexto de la deforestación y degradación de los bosques en Bolivia” afirma que en nuestro país el 60% de la deforestación entre el 2005 y el 2010 se debió a actividades ganaderas[4].

En Bolivia existen dos grandes tipos de ganadería bovina: Por un lado, la extensiva que se realiza en grandes extensiones de tierra para que el ganado pastee libremente y, por el otro lado, la intensiva en la cual los animales están confinados y se los alimenta para que crezcan más rápido.

La primera es de bajo costo productivo[5] mientras la segunda requiere una inversión más alta. En el país predomina la ganadería extensiva, con inmensas superficies para pastoreo. De acuerdo con el Censo Agropecuario del 2013 del Instituto Nacional de Estadística (INE), más de la mitad del departamento del Beni está cubierto por pastos naturales dedicados a la ganadería. Mientras que Santa Cruz concentra tres cuartas partes de los pastizales cultivados en Bolivia.[6]

Según el informe de Fundación Tierra sobre los incendios en la Chiquitania del 2019,[7]los principales protagonistas del incendio son los grandes ganaderos situados a lo largo de las franjas de penetración de la frontera agropecuaria y están localizadas principalmente en San Ignacio de Velasco y San Matías”. Este informe señala que en la zona de San Matías “al menos 17 propiedades ganaderas han sido incendiadas y todas tienen una extensión mayor a las cinco mil hectáreas definidas constitucionalmente”.

Del total de estas propiedades ganaderas, quince fueron tituladas durante el gobierno del MAS entre el 2016 y el 2018. Este tipo de titulaciones de tierra alientan aún más la expansión de las actividades ganaderas a gran escala a costa del bosque, generando mayor cantidad de quemas, las mismas que varias veces derivan en incendios descontrolados que incluso afectan al mismo sector ganadero.

Según el INE, en Bolivia existen alrededor de 10 millones de cabezas de ganado bovino. Podríamos decir que hay casi una vaca por cada boliviano y la demanda de carne está abastecida en el país. Asimismo, el 2019 se produjo un total de 204.203 toneladas de carne y se exportaron 4.915 toneladas.[8] Las exportaciones de carne deshuesada congelada tienen como destino principal el Perú, Vietnam y China desde agosto del 2019. También se exporta carne procesada (principalmente hamburguesas), conservas y despojos comestibles de carne al Perú y Ecuador.[9]

El plan de los ganaderos y los gobiernos de Evo Morales y Jeanine Añez es ampliar la exportación de carne. Asimismo, La Federación de Ganaderos de Santa Cruz plantea multiplicar por 15 sus exportaciones de carne hasta el 2025. Si el agronegocio logra exportar 75.000 toneladas de carne tendrían un ingreso de 250 millones de dólares[10]. Para ello necesitan ampliar sus mercados, apuntando principalmente a la China, Rusia y otros países.

Lo que está provocando los incendios en Bolivia son las características de una ganadería que devora bosques para alimentar vacas. Situación que se agrava por el sueño de algunas elites de exportar carne y ganar millones de dólares para sus bolsillos. El impacto de la ganadería sobre los bosques de Bolivia es ya trágico. Pretender ampliar las exportaciones de carne en este contexto sólo agravará el ecocidio en curso.


[1] http://simb.siarh.gob.bo/simb/map_heat_source

[2] ABT, Reporte Nacional de focos de Calor Gestión 2015, Disponible en:

[3] http://www.fao.org/3/i5588s/i5588s.pdf

[4] Müller R., Pacheco P., y Montero JC. 2014. El contexto de la deforestación y degradación de los bosques en Bolivia: Causas, actores e instituciones. Documentos Ocasionales 100. CIFOR.

[5] Sin embargo, de alto costo ambiental, ya que la ganadería bovina extensiva es la que más superficie quema para regenerar pastizales.      

[6] https://www.sudamericarural.org/images/en_papel/archivos/CENSO-AGROPECUARIO-BOLIVIA_final.pdf

[7] http://www.ftierra.org/index.php/component/attachments/download/194

[8] https://www.ine.gob.bo/index.php/publicaciones/derribe-de-ganado-bovino-2018-2019/

[9] https://ibce.org.bo/images/ibcecifras_documentos/Cifras-763-Bolivia-Exportaciones-carne-bovinos-derivados.pdf

[10] Asimismo, la Confederación de Ganaderos de Bolivia (CONGABOL) plantea en su Plan Nacional de Desarrollo Pecuario 2020-2030 llegar a un hato bovino de 17 millones de cabezas de ganado – esto es, una tasa de crecimiento de alrededor del 5% anual – y exportar 150 mil toneladas por un valor de al menos 500 millones de dólares para el 2030. Para dicho fin, el sector ganadero propone pasar de 13 millones a 20 millones de hectáreas de uso ganadero. Véase: https://www.notiboliviarural.com/pecuaria/ganaderos-plantean-al-gobierno-un-plan-de-desarrollo

Eucaliptos para matar la biodiversidad

Por: José Carlos Solón y Guillermo Villalobos

El pasado 4 de junio, el Ministerio de Medio Ambiente y Agua informó que se autorizó la importación de eucaliptos para el establecimiento de plantaciones forestales comerciales en Bolivia.

Las plantaciones de eucaliptos con fines comerciales son lo opuesto a un bosque. En las plantaciones de monocultivos lo que menos se busca es la biodiversidad, debido a que todos los árboles son iguales, uno al lado de otro, como palitos de fósforo de gran tamaño. En una plantación no importa el árbol sino la madera y, fundamentalmente, la celulosa que se extrae de la madera. Su objetivo no es reproducir la vida sino hacer negocio produciendo pulpa de papel o pellets para combustible.


Las plantaciones de monocultivos intensifican la alienación y destrucción de la naturaleza.

En la región central de Chile, por ejemplo, las plantaciones de monocultivos forestales han afectado el ciclo del agua[1]. Asimismo, los feroces incendios que se producen anualmente en Chile se deben en parte a las plantaciones de monocultivos que se queman como palitos de fósforos.

Mientras que, en el caos de Argentina, las plantaciones de eucaliptos alientan la concentración de tierras y afectan la salud de las poblaciones locales por el uso de pesticidas[2]. Por otro lado, los monocultivos de eucaliptos que se instalaron desde la década de los ochenta en el Uruguay acidificaron los suelos y los hicieron inhabitables para otras especies de plantas nativas[3]. Y en el caso del Brasil, se habla de la aparición de “desiertos verdes” por la eliminación de grandes porciones del Bosque Atlántico nativo por las plantaciones de eucalipto[4].

Sin ir muy lejos, en el Valle Alto de Cochabamba se ha comprobado que las plantaciones de eucalipto generaron cambios perjudiciales en el suelo y contribuyeron a su degradación[5]. Así mismo, diversos estudios en el mundo muestran que las plantaciones forestales afectan la soberanía alimentaria de la población.

El gobierno de Añez oculta y calla estos impactos porque le interesan más los bolsillos de algunos empresarios del agronegocio que la preservación y regeneración de nuestros bosques nativos. Según el Ministerio de Medio Ambiente y Agua estas plantaciones de semillas importadas de eucaliptos ayudarían a la lucha contra al cambio climático porque serían muy eficientes en la captura de dióxido de carbono.

Sin embargo, la verdad es que los monocultivos de árboles sólo almacenan dióxido de carbono hasta que mueren en la guillotina de los aserraderos. Estas plantaciones sepultan en muchos casos la posibilidad de que bosques dañados por los incendios puedan recuperarse con el tiempo. Además, para plantar, mantener, cortar, transportar y procesar la madera, se consume combustibles fósiles que emiten dióxido de carbono. Si queremos realmente enfrentar el cambio climático debemos preservar nuestros bosques y no remplazarlos por plantaciones de monocultivos.

Por si esto fuera poco, la nota del Ministerio de Medio Ambiente y Agua dice que se introducirá “un paquete tecnológico” que “utilizará material genético con características inmunológicas más fuertes”.

¿Qué quiere decir esto? ¿Qué el gobierno transitorio de Añez no sólo quiere introducir maíz, trigo, caña de azúcar, algodón y soya transgénica, sino que ahora busca importar semillas de eucaliptos transgénicos? El gobierno transitorio de Añez, sigue los pasos del gobierno de Evo Morales, y no hace nada por abrogar las normas incendiarias que llevaron al ecocidio de la Chiquitanía el año pasado. 

En vez de terminar de matar a los ecosistemas con plantaciones de monocultivos debemos promover la preservación y regeneración de los nueve tipos de bosque que existen en Bolivia (cita). La reforestación tiene que ser con especies nativas y de ninguna manera con monocultivos de eucaliptos.

Nuestros bosques son una fuente de alimentación, medicinas, agua y oxigeno que pueden ser aprovechada a través de prácticas de agroforestería que convivan con el bosque y no lo destruyan. Pretender uniformizar los árboles para hacer dinero sólo traerá nuevas tragedias a la naturaleza y a los seres humanos.


[1] https://www.mdpi.com/1999-4907/10/6/473/htm

[2] https://archivo.argentina.indymedia.org/news/2013/03/833086.php

[3] http://www.guayubira.org.uy/2007/02/impacto-de-las-plantaciones-de-eucaliptos-en-el-suelo/

[4] https://globalforestcoalition.org/resisting-green-deserts-in-brazil/

[5] http://www.scielo.org.bo/pdf/ran/v4n2-3/v4n2-3_a12.pdf

Gobierno transitorio aprueba importación de eucaliptos para plantaciones forestales comerciales.

Por: Guillermo Villalobos

El pasado 4 de junio, el Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA) publicó una nota señalando que a través de su Dirección General de Gestión y Desarrollo Forestal (DGGDF) y la Cámara Forestal de Bolivia (CFB), lograron que el Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (SENASAG) promulgue una Resolución Administrativa – RA N° 084/2020 – que establece requisitos fitosanitarios para la “importación de plantines de eucalipto (Eucalyptus spp) en sustrato inerte (sin ningún tipo de bacteria o microbio), para la implementación de plantaciones forestales comerciales permitiendo mejorar la calidad y el rendimiento por hectárea.”[1]

De acuerdo a la nota del MMyA, la RA N° 084/2020, del SENASAG establece los requisitos para importar plantines de Eucalyptus spp, este nombre científico corresponde a una nomenclatura binominal, que es un sistema simplificado de clasificación biológica mediante la combinación de dos nombres correspondientes al género y a la especie. Entonces, Eucalyptus vendría a ser un género de árboles de la familia mirtáceas, mientras que la sigla spp es una abreviación para especies, es decir, todas aquellas que conforman este género de árbol[2]. De esta forma, al mencionar que se aprobó la importación de plantines de Eucalyptus spp de hecho, se está señalando que se aprobó la importación de cualquiera de las más de 280 especies de eucaliptos que existen en el mundo[3].

¿Por qué esto es importante? La pauta la da la segunda parte de la nota del MMAyA, cuando señala que la importación de eucaliptos es parte de “un paquete tecnológico que será introducido en las plantaciones forestales” el cual, según este comunicado, fue olvidado y dejo a Bolivia rezagada en comparación con los demás países de la región. Además, añaden que se utilizará eucaliptos con “material genético con característica inmunológica más fuerte que permite el desarrollo óptimo de la especie” logrando “mayor tasa de crecimiento y densidad de madera” y permitiendo avanzar hacia la modernización de las plantaciones forestales comerciales en el país. Llaman la atención dos aspectos: por un lado, la alusión a paquetes tecnológicos y material genético con características propias que supuestamente permiten mayores rendimientos y la modernización del sector y, por el otro lado, el abanico de posibilidades que abrió la RA N° 084/2020 para la introducción de cualquier especie de eucalipto.

La pregunta es ¿acaso con la RA N° 084/2020 del SENASAG se quiere viabilizar la introducción de eucaliptos genéticamente modificados al país? Dada la reciente aprobación por parte del Gobierno transitorio del Decreto Supremo 4232 que viabiliza al Comité Nacional de Bioseguridad llevar a cabo procedimientos abreviados para la evaluación de maíz, caña de azúcar, algodón, trigo y soya transgénica, dicha hipótesis no resulta tan descabellada. 

Al respecto, la empresa brasilera Futura Gene arguye ser una de las primeras entidades en haber desarrollado un eucalipto genéticamente modificado (H421), el cual supuestamente ofrece un 20% más en la productividad de madera[4]. Durante 2015 el Comité Nacional Técnica de Bioseguridad (CTNBio) del Brasil aprobó la libre comercialización y uso de este eucalipto transgénico en todo su territorio[5].

En la nota del MMAyA se destaca que se contará con las bondades ambientales de estos plantines importados. Por un lado, como una posibilidad para la lucha contra al cambio climático puesto que estos serían “muy eficientes en la captura de CO2” y, por otro lado, porque “no degradan los suelos y se adaptan muy bien en tierras con baja cantidad de nutrientes”.

Efectivamente, los arboles del genero Eucalyptus son eficientes fijadores de CO2, pero eso es solo una cara de la moneda, ya que las plantaciones forestales comerciales también generan importantes emisiones CO2 durante todo su proceso productivo. De acuerdo a un estudio realizado por la Universidad Nacional de Colombia, la tasa de captura de CO2 del Eucalyptys grandis ronda los 245 t CO2/ha-7años, mientras que la huella de carbono del ciclo de vida de las plantaciones forestales comerciales – que abarca las etapas de producción de plantines, siembra y mantenimiento hasta el corte del árbol – es de -239 t/ha-7años[6]. Existiendo, por supuesto, diferencias y particularidades propias a cada contexto y ecosistema.

Respecto a la degradación de los suelos, desde los años 80 existe un intenso debate científico sobre los efectos de plantaciones forestales de eucaliptos sobre los suelos. En general, el grado de afectación (o beneficio) está estrechamente vinculado a condiciones específicas del ecosistema y sobre todo al tipo de suelo. En Bolivia se cuenta con diversos estudios referentes a los distintos efectos de las plantaciones forestales de eucaliptos en los suelos locales, como por ejemplo, en el caso del Valle Alto de Cochabamba donde se observó que este tipo de plantaciones generaron cambios fisicoquímicos en los suelos – volviéndolos ligeramente más salinos y cambiando la estructura y textura del suelo – en relación a las parcelas agrícolas perimetrales a las plantaciones.[7]

Estas mismas afectaciones se presentan en otros países de la región. En el caso de Uruguay, por ejemplo, que posee plantaciones forestales de eucaliptos desde finales de los años 80 y actualmente cuenta con alrededor de 770 mil hectáreas,[8]  los monocultivos de eucaliptos sobre los suelos de praderas hicieron que se volvieran más ácidas e inhabitables para otras especies de plantas nativas. Igualmente, se observó una disminución del material orgánico y la Capacidad de Intercambio Catódico del suelo, así como un cambio en su estructura y textura que afecta la capacidad de filtración del agua.[9] 

Las plantaciones forestales de eucalipto no solo presentan problemas ambientales, sino que también acarrean consecuencias sociales importantes. En Brasil, por ejemplo, con 5,7 millones de hectáreas cultivadas es uno de los principales productores del mundo;[10]  esta gran producción llevó a que en los Estados de Bahia y Espirito Santo – dos de las principales áreas productoras – suplanten en gran medida el Bosque Atlántico Nativo[11] por “desiertos verdes” – denominación local a las plantaciones industriales de eucaliptos. La formación de estos “desiertos verdes” capitalizados en manos de las firmas forestales condujeron a un proceso de cooptación de tierras y al desplazamiento de las comunidades locales – tanto  afro-brasileñas Quilombera como indígenas Tupiniquim – de sus territorios, sin mencionar la exposición de estas comunidades al bombardeo de agroquímicos tóxicos realizados en las plantaciones circundantes.[12]

La nota del MMAyA termina haciendo referencia a los beneficios económicos de la introducción de estos plantines para el sector forestal. La nota señala que las plantaciones industriales al tener mayor uniformidad “reducen los costos de manejo, generando mayor productividad por hectárea” permitiendo “múltiples aplicaciones industriales con alta demanda en mercados internacionales” fortaleciendo así, “las condiciones de la producción nacional de madera para consumo interno y la exportación”.

Según el Mapa de Bosque del 2013, Bolivia tiene alrededor de 51.407.000 hectáreas de bosque en todo su territorio, clasificados en 9 tipos de distintos[13]. De acuerdo al Censo Agropecuario del 2013, la superficie de uso forestal en Bolivia es alrededor de 13.844.734,6 ha, de las cuales apenas 150.219,3 ha corresponden a plantaciones forestales maderables[14]. De estas 150.219,3 ha, solo 20.995,4 son plantaciones forestales de eucaliptos, las cuales se encuentran mayormente en Chuquisaca (8.783,6 ha), Cochabamba (4.023,1 ha), Potosí (4.023,1), La Paz (2.733,4 ha) y Santa Cruz (2.205,5 ha).[15]

En base a estos datos, nos preguntamos si ¿realmente es viable pensar que Bolivia puede competir con los países vecinos que son líderes mundiales en plantaciones forestales de eucaliptos? Parecería insulso y sin criterio económico apuntar a tratar de competir con Brasil, Uruguay o Chile (los cuales poseen hasta 270, 37 y 31 veces más hectáreas plantadas de este árbol, respectivamente). Sin embargo, la idea de ampliar las plantaciones forestales comerciales se extiende más allá de las políticas del Gobierno transitorio de Añez, ya que se encuentra presente en las agendas de gobierno de los principales partidos políticos[16] .

Por otro lado, cabe preguntarse ¿dónde se planea implementar estos plantíos forestales de eucaliptus? ¿se planea expandir las plantaciones existentes en la zona del altiplano y valles, o más bien, utilizar el eucalipto para “reforestar” las áreas deforestadas por la expansión de la frontera agropecuaria y las quemas descontroladas? Lamentablemente, la nota del MMAyA no brinda ninguna luz al respecto.

En todo caso, la cuestión de fondo es ¿por qué el gobierno transitorio se esmera en fortalecer un modelo económico con alto impacto socio-ambiental, en vez de, por ejemplo, promover una regeneración de los 9 tipos de bosques nativos que se encuentran en el país y desarrollar una agro-forestería comunitaria orientada a abastecer nichos de mercados con diversos productos de origen no maderable?


[1] https://www.mmaya.gob.bo/2020/06/aprueban-requisitos-fitosanitarios-para-la-importacion-de-plantines-de-eucalipto/

[2] https://www.iapt-taxon.org/nomen/pages/main/art_5.html

[3]  https://plants.usda.gov/java/ClassificationServlet?source=display&classid=EUCAL

[4] https://www.futuragene.com/pt/nosso-produto/eucalipto-geneticamente-modificado-com-aumento-de-produtividade/

[5] https://www.scidev.net/america-latina/biotecnologia/noticias/brasil-da-luz-verde-a-eucalipto-transgenico.html?__cf_chl_jschl_tk__=d683c2cb1149d056c28ba26ab1053ad3a59bb025-1591631902-0-AVzIjNxi5OkMtyWW9BOUTGoUzHa589USTVnBqlBHSOzaR4U9iZ-sCWdnKgRkJ5q2cYJOtfl5OSaFKByZgOHYlhfkTw6v3oyY7YX3asj84M-I6QEOjggAyVSLxmPynG75FmoRQshGvms1xwTfSbKX-LJ3baRAhF7D95CJPivZGOHyHfUiap5J2liGeSuq3bsIPSC_ArLIV-rZQKp5xMWM_4fWktkjpJwfd_1nM8f2pnMWSLswW6loFuldGRVpjNmnJG9jk7BYG2_CGBwATm_FVdOAjiB0fhDYf0xBKN9Z8_ruGPet_v3PbtiDJr8DuEmxQt9b92CtKUS6YuFGh6mByfCWRk3cgnZ5TjqoRDReRFm7imx50E_ascuvQ2uci6sCV6x4lm9_X2hnwkLweciLHFU

[6] Véase: http://www.advancesincleanerproduction.net/7th/files/sessoes/6A/1/martinez_la_et_al_academic.pdf

[7] Flores, E (2009) Efecto de las plantaciones de eucalipto (Eucalyptus globulus L.) sobre los suelos de comunidades asentadas en la red ferroviaria Cochabamba-Cliza, En: Acta Nova. Vol. 4, Nº 2-3, diciembre 2009, pp. 338-355. Disponible en: http://www.scielo.org.bo/pdf/ran/v4n2-3/v4n2-3_a12.pdf

[8] http://www.revistaforestal.uy/silvicultura/mas-vale-especie-conocida-que-otra-por-conocer.html

[9] http://www.guayubira.org.uy/2007/02/impacto-de-las-plantaciones-de-eucaliptos-en-el-suelo/

[10] Seguidos después por China con 4.5 millones de hectáreas y la India con 3,9 millones de hectáreas. Véase: https://agritrop.cirad.fr/589039/1/ID589039.pdf

[11] El Bosque Atlántico subtropical que ocupa el territorio de Brasil, este de Paraguay y norte de Argentina y Uruguay. Este bosque abarcaba originalmente el 15% de todo el territorio brasilero y es de hecho uno de los bosques más amenazados del mundo, donde durante el periodo 2018-2019 se deforestó 14.502 hectáreas solo en el Brasil. Véase: https://www.sosma.org.br/noticias/desmatamento-na-mata-atlantica-cresce-quase-30/

[12] https://globalforestcoalition.org/resisting-green-deserts-in-brazil/

[13] Los tipos de bosque son: Amazónico con 19.402.388 ha (representa el 37% del total); Chiquitano con 8.645.849 ha (representa el 16,8%); Seco Interandino con 172.227 ha (representa el 0,3%); Tucumano Boliviano con 3.322.885 (representa el 6,5%); Chaqueño con 9.098.162 ha (representa el 17,7%), Llanuras Inundables con 3.047.598 ha (representa el 5,9%); Pantanal con 1.147.401 ha (representa el 2,2%); Yungas con 6.565.994 (representa el 12,8%); y Andino con 4.496 (representa el 0,01%). Véase: https://observatorioccdbolivia.files.wordpress.com/2015/06/01-memoria-tecnica-mapa-bosque-2013-otca.pdf

[14] La superficie de plantaciones forestales maderables se concentra principalmente en Santa Cruz con el 34,9% (52.456,3 ha), seguido por Beni con el 16,3% (24.543,8 ha), Chuquisaca con el 18,5% (27.856,2 ha) y La Paz con 15,1% (22.754,7 ha). Véase: Instituto Nacional de Estadística INE (2015). Censo Agropecuario 2013: Bolivia. La Paz – Bolivia. p. 38-39.

[15] Instituto Nacional de Estadística INE (2015). Censo Agropecuario 2013: Bolivia. La Paz – Bolivia. p. 38-39.

[16] https://fundacionsolon.org/2020/03/31/ecocidio-de-la-chiquitania-que-aprendieron-los-partidos-politicos/

El coronavirus y la deforestación están interrelacionados

por Pablo Solón

Todos hablamos de la curva del coronavirus.  Cada noche tomamos nota de los casos confirmados. Al principio las cifras eran de un dígito, luego pasamos a contar por decenas y ahora se cuentan por centenas en un sólo día. Entre el 10 de marzo y el 10 de Mayo, ósea en 61 días hemos pasado de 2 a 2.556 casos confirmados de covid 19 en Bolivia. Cada 10 días aproximadamente se duplican los casos confirmados de coronavirus y todos sabemos que la realidad es aun mucho peor porque sólo se hacen tests a una parte de los casos que tienen síntomas visibles.


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¿Y qué pasa con la curva de los incendios de bosques y pastizales en Bolivia?  La situación es extremadamente igual de grave o peor. Si tomamos los datos oficiales de los reportes diarios de focos de calor que empezó a publicar el Ministerio de Medio Ambiente y Agua desde el 25 de marzo, pasaron de 104 a un acumulado de 5.086 focos de calor para el 10 de mayo. La curva de los incendios forestales sube aun de manera más empinada que la curva del coronavirus a pesar de que el país está semiparalizado en sus actividades.

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Han pasado más de 200 días desde que se fijaron dichos plazos. Hubo una elección, un cambio de gobierno, una pandemia y sin embargo ni el nuevo gobierno transitorio ni el viejo parlamento han abrogado el paquete de normas que facilitan y alientan las quemas en Bolivia. 

A fines de febrero de este año dirigentes de la Organización Indígena Chiquitana  entregaron proyectos de ley y de decreto supremo a la Asamblea Legislativa y al gobierno transitorio. Ninguno les respondió, ni hizo nada al respecto. Tanto el oficialismo como la oposición continúan alentando las quemas que provocaron el ecocidio en la Chiquitania.

Las curvas del coronavirus y de los focos de calor están interrelacionadas. Los virus que habitan en animales saltan a los humanos cuando destruimos su hábitat. Por ello el Papa Francisco en relación al coronavirus dice: “No sé si es la venganza, pero es la respuesta de la naturaleza”.

Las quemas contribuyen a la deforestación de los bosques que alimenta el cambio climático. El calentamiento de la tierra derrite los glaciares y en los polos del planeta se empiezan a liberar virus que estaban dormidos. La relación entre pandemias y afectación a la naturaleza es evidente. Por ello las Naciones Unidas advierten que el cambio climático es un peligro mayor que el coronavirus. Si queremos contener el calentamiento del planeta hay que de dejar los combustibles fósiles bajo tierra y detener la deforestación.

No se puede aplanar una curva y dejar que la otra se dispare. Bolivia avanza a un nuevo ecocidio este año y todo indica que el sector del agronegocio controlado por unos grandes propietarios y empresas trata de sacar provecho de la crisis y desconcierto que provoca la pandemia para aumentar sus ganancias, expandir la frontera agrícola y aprobar nuevas semillas transgénicas.