La batalla de “El Pari” fue una de las más cruentas en la lucha por la independencia de la colonia española. 1.500 patriotas se enfrentaron a 2.500 realistas. Los combates se libraron en la zona del Chiriguano a la altura del segundo anillo de la ciudad de Santa Cruz. Las tropas patriotas estaban comandadas por el guerrillero Juan Ignacio Warnes, argentino y héroe de varias batallas por la independencia. Los realistas tenían a la cabeza al coronel Francisco Xavier de Aguilera, verdugo del guerrillero Manuel Ascencio Padilla, esposo de Juana Azurduy.

El 21 de noviembre de 1816 se enfrentaron ambos bandos. A pesar de ser inferiores en número los patriotas de la “Republiqueta de Santa Cruz” estaban ganando, hasta que Warnes fue herido por una bala de cañón. Todos los prisioneros patriotas fueron ejecutados. Warnes fue decapitado y su cabeza expuesta en la plaza de armas de la ciudad. 900 indios protegidos por el jefe guerrillero fueron victimados.

Medio siglo después, otros guerrilleros habrían de enfrentar su destino en una carcel denominada “El Pari”.

Exhaustivo interrogatorio

El 24 de diciembre de 1971 en la mañana, cuando estaba en mi oficina y me disponía a pagar los aguinaldos de los empleados -entonces era gerente de la “Fábrica de mosaicos y materiales de construcción Fernández”- me agarraron, me pusieron una capucha en la cabeza, y me subieron en un jeep. A punta de golpes, puñetes y culatazos, me llevaron a una celda, que luego descubrí era una celda de la cárcel de El Pari.
Me metieron a una celdita bien chiquitita, de uno y medio por uno y medio, ahí me encontré con un grupo de gente que ya estaba presa. Entre ellos estaban Adhemar Suárez Salas, Alfredo Hoyos, un amigo Peredo, Wilson Peinado y otra gente más, un gordo y mayor, unos miembros de los partidos comunistas, uno que alquilaba bicicletas… Todos estábamos en la misma celda…
Al lado de nuestra celda había un muchacho, en una celda con las puertas cerradas y oscura, porque la nuestra tenía barrotes de madera, y se podía ver, entraba la luz y todo eso… Entonces al lado nuestro estaba un muchacho al que le habían pegado un tiro en la pierna, y que estaba mal, se quejaba él… Era un moreno alto, de unos 22 ó 23 años… Al frente de esa celda estaba Trujillo, José Carlos…
Victor Fernández

La operación, que culminó con éxito tras una refriega, determinó la captura de dos miembros del ELN, los cuales están siendo sometidos a un exhaustivo interrogatorio según trascendió en esferas policiales.
PRESENCIA, diciembre 28 de 1971

Yo lo conocí a él [José Carlos Trujillo] y al otro joven de apellido López Adrián, que estaban junto  a mi marido [Alfonso Toledo] en una misma celda… Ellos eran torturados en el patio de la comisaría entre las 2:00 y 3:00 de la mañana, por parte de Justo Sarmiento y Percy Gonzáles.
Beatriz Aguilar de Toledo

He visto torturar a José Carlos Trujillo Oroza. Resulta que una noche a las tres de la mañana, más o menos, pasó Ernesto Morant con otros más y se dirigió a las otras celdas. Ernesto Morant sacó a José Carlos Trujillo. Después escuchamos los gritos de Trujillo. Esto sería unos 10 ó 15 minutos. Luego he visto que lo retornaron a su celda. Estos interrogatorios los hacía Ernesto Morant.
Las torturas consistían en agarrarle las manos y colgarlos. Antes lo hacían pararse en un toco, y cuando estaban colgados pateaban el toco y quedaba uno colgado. Luego le daban palo, golpe de puños. Esto he visto que les hicieron a Trujillo, López y a Toledo. Los que les torturaban eran Justo Sarmiento y Ernesto Morant. Otra forma de tortura, ya que lo viví ha sido los golpes con el caño y culata de la ametralladora. Yo tenía miedo de mi vida, que en cualquier momento me disparara Ernesto Morant ya que en varias ocasiones intento hacerlo.
Buenaventura Carrillo Caicedo

Personalmente, tengo una filosofía: al amigo, todo; al indiferente, nada; y al enemigo, palo.
Hugo Banzer Suarez

Castigado como un Cristo

La noche del 24 de diciembre tocaron a la puerta de Esperanza Soliz Saavedra.

…José Carlos estaba seguro de que yo estaba en La Paz, porque él me ayudó a acomodar mis cosas y me compró pasajes para que yo me vaya a La Paz.
Él me ve a mí, yo lo veo a él. Le preguntan si yo era la mujer del médico [Roberto Sánchez Otazo, dirigente del ELN] y él les dice que no, que no y que no -negó rotundamente-, y dijo: “no, yo me equivoqué, disculpen, disculpen…”.  Y ahí le pegaron. Él estaba sin cinturón, con la camisa rota, descalzo… Sus pies parecían que estaban como quemados, porque no podía ni pisar…
…No sé de dónde me salió tanto valor… y los tipos no me llevaron esa noche porque en la discusión se hizo el día, en pelear y pelear ahí, porque hemos peleado de boca a boca, porque el Menacho me decía: “usted es, usted es…”.
Esperanza Soliz Saavedra

Cuando mi hermana le dice:“¿qué quieren ustedes?”, Baptista le dice a “Artemio”, a José Carlos: “¿ella es la mujer del médico?”. Él la mira y le dice a Baptista: “Me he equivocado de casa”. Eso dijo “Artemio”, y estaba castigado como un Cristo…
Lo miro a “Artemio” y “Artemio” agacha su rostro, agacha sus ojos, y yo digo: “¡qué barbaridad, qué es lo que pasa aquí!”. Entonces Baptista me dice: “¡usted no se apegue, retírese!”.
En ese momento mi madre ya se había levantado también al escuchar el bollo que había. Y cuando Baptista le dice a José Carlos: “te va a costar caro esta equivocación”, se le prende y lo pega delante de nosotros… Entonces mi madre le dice a Baptista” “no lo peguen al pobre”, y Baptista le responde: “¡usted cállese!”.
Blanca Soliz Saavedra

Los tres estaban armados hasta los dientes y rebuscaban la casa. Fue una noche de mucha… de mucha tragedia.
…dice que había un delator afuera, afuera…
[José Carlos] ¡parado estuvo allí todo el rato!, parado allí, parado… Me daba tanta pena, pero no dobló él, y no doblé yo, tuvimos bastante fuerza.
Esperanza Soliz Saavedra

Ya la tenían casi lista a mi hermana para llevársela… Entonces mi madre saca la foto del primer matrimonio de mi hermana. Esperanza era casada anteriormente, ella tenía una foto grande, una postal… Estaba de novia con su primer esposo, ya muerto, mi hermana era viuda… Ella quería botar la foto, pero mi madre la guardó en su ropero porque Esperanza estaba muy bonita en la foto…
Entonces, mi madre va, les muestra la foto y les dice: “¡éste es el esposo de mi hija!”.
Mire, fue como echarles agua fría. Ven la foto y lo sacan a “Artemio” a empujones, a empujones lo sacan, lo pegan.
Blanca Soliz Saavedra

Una foto mostró mi mamá… Los desorientó a los tipos y ya no creyeron… Mi mamá mintió pues, así que quedaron desorientados por completo…
Bueno, se lo llevaron, se fueron… y mi hermana me dice: “te vas ahorita”, y yo le digo: “no, para qué, si ya José Carlos me ha negado, ya para qué…”.
Esperanza Soliz Saavedra

Yo también le dije a Esperanza: “tienes que irte nomás, acomoda tus cosas”. “No, si ya me salvó”, decía ella. Entonces me quedé yo y mi madre con los chicos. Ella se fue sola donde mi padre, que tenía una quinta en Barrera, a medio camino a Montero.
Blanca Soliz Saavedra

Al día siguiente volvieron a venir. Baptista fue directo al cuarto de mi hermana, pateó la puerta que estaba cerrada,… y como no encontró nada, vino, pateó la puerta de mi cuarto con una rabia y una prepotencia que, mire, asustaba, verdaderamente asustaba. El Baptista era un animalón. Y me dice: “¡dónde está su hermana!”, pero con una rabia como para quererme comer. Entonces le digo: “se fue a La Paz”. “¿A qué hora?”, pregunta. “A las cuatro de la tarde”, le digo. “¡¿En qué flota?¡”, pregunta. “No sé, no sé”, le digo.  Pero mire, quería pegarme para que yo hable, quería pegarme. Yo me reculaba, me reculaba porque el se me venía encima.
Blanca Soliz Saavedra

A raíz del descubrimiento de dos de las guaridas del castrocomunismo en nuestra ciudad [Santa Cruz], por lo menos 11 personas han sido detenidas. Así lo hizo saber el jefe del DIC, Ernesto Morant, quien no descartó la posibilidad de que en las próximas horas puedan producirse nuevas detenciones según el curso que tomen las investigaciones que aún continúan… La nómina de detenidos fue mantenida aún en reserva con el objeto de no entorpecer las investigaciones. El jefe del DIC adelantó solamente que los presos están vinculados al ELN y usaban nombres de batalla.
EL DEBER, diciembre 28 de 1971

“Aplicaré la mano dura, el corazón duro y la cabeza fría para mantener la paz y la tranquilidad del país, si así lo van a exigir las circunstancias” sentenció el Ministro [del Interior] Adett Zamora.
HOY, diciembre 31 de 1971

Cuatro días después, el presidente de la República, en el tradicional mensaje de fin de año, informaba sobre el “restablecimiento de la paz y el orden” y justificaba la reposición de la pena de muerte en el país.

El año 1972, mientras estuve detenido en las celdas de El Pari, tuve conocimiento de su existencia [José Carlos Trujillo] porque podíamos vernos en el patio de dicha seccional todos los detenidos hombres y mujeres… Alguno de los detenidos me lo mostraron y lo puedo distinguir, pese al tiempo transcurrido, como un joven entre los 17 y 21 años, delgado, quien ya se encontraba detenido con anterioridad a mi detención.
Considerados extremistas [Trujillo, Toledo, López] estaban aislados, no permitiéndoles dialogar con los demás y ni siquiera contacto alguno. Además en esa misma oportunidad después de haberme identificado la Señora Gisela Brunn diciéndome: “hijo ¿qué haces aquí?”, le contesté que estaba detenido, a lo que ella dijo: “esto es una injusticia; si sos un locutor deportivo, no sos político; he venido expresamente a visitarlo y ver cómo lo tratan, y en forma particular a ver al joven Trujillo y a los dos que le acompañan, Toledo y López”. Por esto no tengo duda de la existencia de José Carlos Trujillo en las celdas de El Pari, donde nunca mas lo volví a ver.
Adhemar Suarez Salas Rider

El 31 de diciembre de l97l me informaron que mi hijo de 22 años de edad había sido detenido junto a otros dos estudiantes amigos y que se encontraban en la carceleta de El Pari, de la ciudad de Santa Cruz.

Enterada de ello me dirigí al Ministerio del Interior en la ciudad de La Paz donde, no sin dificultad, logré entrevistar al coronel Loayza, jefe de inteligencia de ese ministerio, quien me indicó que no conocía detalles, que había ordenado trajeran a La Paz a todos los detenidos en Santa Cruz, diciéndome que volviera en dos días.
Volví el día miércoles y después de larga espera y súplica, pude verlo nuevamente al coronel Rafael Loayza, Jefe de Inteligencia. Fue entonces cuando me indicó que habían sido detenidos en Santa Cruz y que los iban a traer. Posiblemente hasta fin de semana estarían aquí, que retorne el próximo lunes. Confié en sus palabras. Le envié a José Carlos un paquetito con un suéter y un pantalón grueso para que no tenga frío cuando lo traigan a La Paz.
Gladys Oroza de Solón

Carta desde “El Pari”

Mamita querida:
Tu carta me llenó de aliento. Yo sabía que comprenderías y me ayudarías a soportar la inmensa pena que me causa el pensar en ti, en lo preocupada que estarías, en fin, en el dolor causado por este hecho.
Yo soy fuerte, como revolucionario que pretendo ser, he aprendido a soportar las vicisitudes que esta vida conlleva y mi único pesar era al pensar en ti, pero no sabes cómo me llena el alma el saber que tú, como yo, piensas que en la vida siempre hay tropezones pero nunca nada está perdido. Mientras haya una voluntad, mientras haya un esfuerzo, mientras quede una pizca de vida te pido por favor que seas fuerte que no desesperes. Como tú dices: ya todo se arreglará. Me alienta también el hecho de que estés mejor de salud, es fundamental.
Yo estoy bien. Me permiten ver a Martita y Lucho, quienes se portan muy bien conmigo. Le pedí a Martita que se llevara la chompa. No quiero correr el riesgo de que una chompa tan linda y hecha por manos tan amadas pueda perderla. La estrenaré el primer día que salga. ¿Listo? No sé cuándo nos llevarán a ésa [La Paz]; de todas maneras lo sabrás por Martita…Un brazo a mis hermanos y Walter. Te quiere mucho tu hijo.
“Jó”, enero 1972

Carta JO carcelCarta JO Carcel 2

VECINOS DE LA COMISARÍA DE EL PARI NO OLVIDAN LOS GRITOS DE LOS PRESOS.- No todo está olvidado. Algunos vecinos de la avenida Grigotá guardan en su memoria los recuerdos de la dictadura militar. Los gritos y los disparos en la madrugada que salían de la comisaría de El Pari son los hechos que saltan en la mente de tres vivientes de la zona del mercado La Ramada.
A pesar de conocer varias historias de detenciones y torturas que ocurrieron en las dependencias de la Dirección de Orden Político (DOP) de la Policía, los testigos de la época todavía son cautelosos en emitir comentarios o en revivir los hechos.
Helena García, residente en la zona desde 1940, fue una de las pocas personas que se atrevió a relatar su testimonio. La mujer, de 70 años y que camina con dificultad, recordó que de la comisaría de El Pari fue sacado el cadáver de uno de los hermanos Sandóval Morón.
“Sentía pena por la señora de Sandóval. Pasaba todo el día por los alrededores de la comisaría porque su esposo se lo pidió. Un día escuchamos disparos a las 4:00 y dijeron que el detenido estaba durmiendo. Al día siguiente, nos enteramos de su muerte”, señaló García.
Selva Solís, moradora en la zona que hoy es ocupada por el mercado La Ramada, recordó que durante el día había mucho movimiento en el puesto policial. Durante la noche se escuchaban, gritos, disparos y lamentos. En esa época, nadie podía salir de sus casas después de las 23:00, dijo.
Dos vecinos de la zona recordaron que mientras Pedro Percy “Paye” Gonzáles y Ernesto Morant estuvieron al frente de la comisaría de El Pari, eran frecuentes los gritos y los tiros.
EL DEBER, abril 26 de 2002

— “Martha, ¿qué sabes de mi hijo?”
— “Está bien. Ya lo ha visto el Lucho y le hemos mandado unas medicinas y unos ungüentos”.
El esposo de mi hermana era falangista, y como la Falange y el MNR habían intervenido en el golpe junto con los militares, había podido verlo en El Pari.
Walter recibió una llamada que lo hizo poner pálido y que se tradujo en algunas palabras: “mejor vas de una vez”.
Le manifesté al coronel Loayza mi resolución de viajar a Santa Cruz. Le supliqué me diera una nota en la que ordenara se me permita verlo. Después de ocho días conseguí la autorización y viaje en tren a Santa Cruz. Toda mujer que es madre podrá imaginar la angustia que me acompañó en ése largo viaje.
Llegué a Santa Cruz el 15 de enero de 1972. Inmediatamente fui a hablar con el jefe de la policía, Ernesto Morant. Le pregunté los motivos por los que había sido detenido mi hijo y le solicité verlo. Visiblemente molesto por la orden del coronel Loayza, se vio obligado a acceder a mi pedido. Fui conducida a la cárcel de El Pari que quedaba a un extremo de la ciudad. Era un canchón grande. Una construcción de barro con un patio al medio y cuartitos alrededor. Lo pude ver por cinco minutos.
Gladys Oroza de Solón

…lo conocí [a José Carlos] en la seccional de El Pari donde llevaban a los jóvenes detenidos aproximadamente el año 1972, en mi condición de presidenta de la Cruz Roja departamental. Frecuentemente visitaba estos lugares, como ser la cárcel y las seccionales donde habían en ese entonces detenidos. En mi visita a la seccional de El Pari encontré a este joven de aproximadamente 21 años quien conversó con mi persona. Me dijo que venía de Francia, donde vivía su padre, y venía a visitar a su madre. Dijo el joven que estudiaba en Francia, sobre su detención o los motivos no hablamos…
Gisela Brunn Sciaroni

La representante de la Cruz Roja, Gísela Brunn, me dijo: “después de ocho días, al verle tan desolado a su hijo, y con el propósito de evitar que se cometiera algún exceso, insistí en que me dijera dónde se podía avisar a algún familiar, pues antes él no quiso, dijo que su madre estaba muy enferma y que no deseaba causarle una preocupación; sin embargo, a mi insistencia dio la dirección de su tía”.
Gladys Oroza de Solón

Selich: “Ya no me peguen”

Mientras el “Jó” era torturado en El Pari, Banzer destituyó a Selich como ministro del Interior para poner coto a sus ambiciones y evitar que le haga sombra. El coronel Selich se jactaba de ser el verdadero artífice del golpe y de haber llevado a Banzer a la silla presidencial. El dictador lo envió al exilio dorado como embajador en el Paraguay. Dos años después, en 1973, Selich fue detenido cuando retornaba clandestinamente al país y días después murió a causa de los golpes que le propinaron sus captores.

Martín Sivak cuenta en su libro El dictador elegido, es que después de ser capturado lo llevaron frente a Banzer. Este lo increpó: “viniste  a hacerme un golpe”. Descontrolado, Selich contestó: “carajo enano de mierda, yo te puse en esa silla. Tú estas ahí gracias a mí”. Banzer, fuera de sí, remato: “¡carajo, matenlo!”.

…si el destino del que fue ministro del Interior, máximo responsable del sistema represivo del régimen, ha sido el que acabamos de relatar,  por testimonio directo de sus ejecutores,  es fácil comprender cuál ha sido el destino a lo largo de estos siete años  de dictadura proimperialista, de los cientos y miles de trabajadores, de obreros, de obreras, de estudiantes, de gente pobre y de la clase media.
Marcelo Quiroga Santa Cruz

¿Sicologías demenciales?

Entre octubre de 1971 y diciembre de 1977 hubieron alrededor de 14.750 detenidos y 19.140 exiliados políticos…
Asociación de Periodistas

Podemos pensar que el expresidente Banzer y sus exministros, persiguieron, exiliaron, encarcelaron, torturaron o asesinaron como manifestación patológica de sicologías demenciales; no podemos aceptar, a menos que nos estemos autoengañando, la idea generalizada de que el represor  es represor por cruel y el que lo colabora, además, es cínico y ríe ante el martirio…
Cuando se persigue, cuando se asesina se lo hace obedeciendo a una necesidad inherente de un sistema de poder. La represión es una necesidad de un régimen de gobierno que expresa los intereses de un sector minoritario de nuestra sociedad dependiente. Hay una sola manera de imponer autoridad como entienden por autoridad los hombres formados en el pensamiento fascista, a una mayoría explotada y hambrienta, y ese medio es la represión… ¿De qué otro modo aceptaría el trabajador que se rebaje su salario? ¿De qué otro modo el obrero toleraría que su hijo muera de hambre? ¿De qué otro modo toleraría el universitario que se bombardee su casa de estudios, que se despida  a los catedráticos y en remplazo de ellos se lleve a escribidores sin autoridad moral, descalificados intelectualmente, para orientar a nuestra juventud en el ideario fascista?
Marcelo Quiroga Santa Cruz