Tradicionalmente, la familia y la Fundación Solón recuerdan con una exposición de nuestro artista la detención y desaparición de José Carlos Trujillo Oroza, ocurrida el 2 de febrero de 1972 durante la dictadura de Banzer. Este año [2004], hemos querido ampliar esta denuncia a otro febrero menos distante y muy próximo: el 12 y 13 de febrero del 2003 en el que murieron 33 personas por impactos de bala y 205 fueron heridas. Ambos febreros, a pesar de los 32 años que los separan, tienen en común el hecho de que siguen en la oscuridad, sin verdad ni justicia.
Familia y Fundación Solón

Febrero 2004

La exposición se denominaba “Entre dos Febreros” y giraba alrededor de la imagen de “la piedra” creada por Solón. Varios símbolos acompañaron y fueron desarrollados por el artista: las palomas, los perros, la rosa, los ángeles… De todos estos símbolos, dos le eran los más preciados: el Quijote y la Piedra. El primero representa la justicia  y el segundo la memoria. Por eso el logo de la Fundación Solón combina los dos.

La exhibición “Entre dos Febreros” estaba compuesta de una veintena de obras de “la piedra”.

Para Solón, “la piedra” representa la historia larga. La mirada de la cuál nadie puede escapar. La justicia del tiempo que sobrevive a las injusticias humanas. La memoria imperecedera que nos recuerda que no podemos vivir bajo un manto de impunidad. Para él, las piedras viven, sienten y se mueven. Todo lo que hacemos queda grabado en la piedra. Uno puede escabullirse de la justicia humana pero no de la memoria colectiva que subyace en el subconsciente del pueblo. Tarde o temprano “la piedra” se va a pronunciar a pesar de sus labios cocidos.

El mensaje de “la piedra” es que ojala los hechos de febrero del 2003 no tengan que esperar mas de 30 años para empezar a ser esclarecidos como viene ocurriendo a duras penas con el juicio que se lleva a cabo en Santa Cruz por la detención y desaparición de José Carlos Trujillo Oroza.
Familia y Fundación Solón

Febrero (2003) no se explica por la insubordinación de la policía. Ese fue un hecho importante, motivo de una profunda reflexión sobre institucionalidad y democracia evidentemente, pero no explica la resistencia social al “impuestazo”, ni la presencia en las calles de miles de personas en contra de esta medida. Tampoco explica el uso de armamento de guerra en manos de los militares, ni las armas de guerra en manos de jóvenes conscriptos, tampoco, los francotiradores que dirigían sus balas a la multitud desarmada, ni a los grupos especiales de represión que no controlaban los saqueos sino que dispararon de muerte a un auxiliar de mantenimiento, una enfermera e hirieron gravemente a una médica.
La resistencia expresada en las calles durante el 12 y 13 de febrero expresa una acumulación de resistencia a un modelo de exclusión y pobreza, profundizado a quemarropa por las recomendaciones y condicionalidades de las multilaterales, por los privilegios y poder que acumulan las grandes empresas con el apoyo solapado de los grupos de poder nacionales y los gobiernos de turno. Y que luego de las movilizaciones de enero, los innumerables diálogos y acuerdos incumplidos habían dejado en el pueblo el sabor del descontento y la desconfianza.
Elizabeth Peredo

La Casa de la Memoria

No eran más de 40 personas. Entre los asistentes estaba el presidente de la República, Carlos Meza. Era el 21 de junio del 2004. La mamá inauguró la “Casa de la Memoria”. Ese era el nombre de la nueva sede de ASOFAMD que adquirió con parte de la indemnización por la desaparición del “Jó”.

Hoy bajo el simbólico nombre de “Casa de la Memoria”, junto a José Carlos y todos sus compañeros desaparecidos, cumplo con el propósito de inaugurar este espacio que servirá para continuar consecuentemente, sin desmayar, en el comprometido trabajo de buscar la justicia, conocer la verdad y luchar contra la impunidad.
Muchos de los problemas que hoy sufre el país se originan por la institucionalización de la impunidad en Bolivia. Sino se empieza por sancionar a los autores de las muertes de casi un centenar de bolivianos durante febrero y octubre del año pasado, de seguro proliferarán las acciones desesperadas. La justicia tiene que empezar por los de arriba, por Gonzalo Sánchez de Lozada y Sánchez Berzaín. Hiere la memoria de nuestros seres queridos pensar que estos señores se libraron del juicio de responsabilidades, al igual que lo hizo Banzer, gracias a las tradicionales componendas políticas.
Sabemos de la difícil situación por la que atraviesa Bolivia y su gobierno. Estamos conscientes de todas las presiones que se ejercen desde dentro y fuera del país. Sin embargo, estamos fírmemente convencidos, que en la defensa y preservación de la democracia jamás se puede negociar la justicia.
Por eso, le pedimos [al Presidente de la República que se encontraba presente]que el Ejecutivo no promueva la aprobación del Convenio que les otorga inmunidad ante la Corte Penal Internacional a los civiles y militares norteamericanos que cometan violaciones a los derechos humanos en Bolivia.
La democracia y la estabilidad que todos valoramos jamás se puede anteponer al principio de la justicia. Preferimos sufrir y enfrentar nuevamente las adversidades de la prepotencia y el odio, que vivir con la conciencia culpable de haber aceptado la impunidad por una estabilidad coyuntural.
Gladys Oroza de Solón

Impunidad y Silencio

Me he propuesto mientras tenga fuerzas y la salud me favorezca, que voy a continuar, pese a mi edad, en la búsqueda de la verdad, la justicia y sobre todo la lucha contra la impunidad. Este país esta lleno de impunidad. No es posible. Hay que sentar un precedente para que no se repitan estos hechos que nos han ocasionado tanto dolor, tanta angustia, que prácticamente le cambian la vida a uno, que han destruido hogares, familias.
Gladys Oroza de Solón

La impunidad es la falta de justicia. Es la ausencia de castigo por la comisión de un delito. Es una cultura política del Estado que se produce incluso en las sociedades democráticas. La impunidad en que quedan muchas violaciones de derechos humanos evidencia la influencia sobre la justicia del poder político y los autores de esos crímenes.

Hay impunidad porque de una u otra manera los sectores políticos responsables de la desaparición forzosa de cientos de personas todavía son parte del Estado. En Bolivia opera un pacto del silencio, una conspiración contra los derechos humanos.

Después de 31 años de lucha puedo decir que el problema de fondo no es la falta de instrumentos o leyes. Es cierto que hay una serie de deficiencias e irregularidades que debemos corregir. Pero, el problema de fondo es político. Hay impunidad porque de una u otra manera los sectores políticos que provocaron la desaparición forzosa de mi hijo y de otros cientos de personas siguen estando de una u otra manera insertos en la maquinaria del poder político. Hay impunidad porque unos se perdonan a otros. Cuando se habla de los muertos de tal década se empiezan a hablar de los muertos de la otra década y del presente y todo queda en el olvido porque al final todos los gobernantes tienen sus muertos.
¿Cómo enfrentar este pacto del silencio y el olvido? ¿Cómo vencer esta conspiración contra los derechos humanos?
Las tareas son varias y a todos los niveles. A nivel internacional y nacional. En el poder ejecutivo, legislativo y judicial…
Pero de todos estos cambios el fundamental es romper nuestro silencio, el silencio de la sociedad frente a la impunidad. El miedo a denunciar por las represalias del poder. Acabar con la lógica del cálculo político y el prágmatismo para abrazar la justicia y la verdad sin importar las consecuencias. Sólo la conciencia colectiva de una sociedad organizada puede vencer los pactos del silencio que imponen las estructuras de los sectores dominantes.
La tarea que nos hemos propuesto no es de un día y lamentablemente ni siquiera de una vida humana. Es quizás, de todos los desafíos de la humanidad, el más difícil, aquel que tiene que ver con su propio ser con su propia existencia, porque como decía mi esposo: “Una humanidad que no se practica no es humanidad”.
Gladys Oroza de Solón

La recuperación de la memoria actúa en un sentido inverso a la perpetuación de la impunidad. Al no haber culpable sancionado, se borra de la historia la existencia de víctimas y delitos. Los asesinos en libertad representan socialmente una doble negación de la existencia de esos delitos de lesa humanidad: se comete así una doble victimación.
Movimiento de Mujeres Libertad

Uno de nuestros mayores males de nuestra sociedad es el Olvido y, por tanto la base de las condiciones para que una cultura de la impunidad de quienes cometieron horrendos crímenes de lesa humanidad se imponga. La falta de memoria colectiva sobre aquellos hechos sociales que, a pesar de configurar nuestra identidad como nación, quedan ocultos en los velos de un sistema de impunidad institucionalizado es, -probablemente-, una de las razones que explican por qué la restructuración del Estado boliviano enfrente tantos obstáculos, pues aquellos mecanismos y estructuras represivas y antidemocráticas no han dejado de operar en la sociedad, a pesar de la valiosa voluntad democrática de su pueblo.
Elizabeth Peredo

La impunidad es el contexto que posibilita el crimen. La impunidad premia el delito, induce a la repetición, estimula al delincuente y expande su ejemplo. La impunidad crece, se sustenta se retroalimenta de y en la impunidad. Cuando no se reconoce el delito y no se sanciona a los culpables en las instancias legales y públicas, la impunidad se repite.
Movimiento de Mujeres Libertad