Segunda vez que aparecía el nombre de José Carlos Trujillo Oroza en la prensa. Fue apenas tres días después de la primera vez. Al llegar a La Paz lo primero que hizo fue preguntar por él. Nadie sabía nada. No había llamado. Ni una nota. Ni un telegrama. Quizás no tenía dinero. Quizás está escondido. Quizás, donde está no tiene cómo hacerlo. Pero… ¿por qué no se ha comunicado? Él seguro hubiera encontrado los medios para hacerle saber a su mamita. Si desde la cárcel pudo sacar una nota, ¿cómo no lo haría ahora?.  A lo mejor lo trasladaron a otra prisión. Quizás lo siguen torturando. ¿Pero por qué dijeron que lo pusieron en libertad? ¿Por qué cada uno contó algo distinto? ¿…Y el radiograma?

Había que hacer la denuncia pública. Era la única forma de salvarlo y evitar lo peor.

La Paz, 5 de febrero de 1972.
Señor D. Huáscar Cajías
Director del diario “Presencia”
Presente.-

Señor Director:

A mi regreso de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, donde fui a ver a mi hijo José Carlos Trujillo Oroza, apresado el 24 de diciembre pasado, me hallo angustiada al presente al saber que, no obstante la orden de libertad dada desde La Paz por el Ministerio del Interior en fecha 3 de febrero, mi indicado hijo ha desaparecido, ignorándose el lugar donde se encuentra ahora.
Las autoridades policiales de Santa Cruz a las que he acudido con personeros de la Cruz Roja departamental en averiguación, me han dado las informaciones más contradictorias. Unas me han dicho que mi hijo y otros dos detenidos han sido llevados a una provincia cruceña; otro en cambio ha sido mayormente explícito, y me ha afirmado que mi hijo con sus dos compañeros ha sido puesto en libertad el día 2 del corriente en el cruce del camino a Cochabamba con el plazo de 4 horas para dejar el lugar.
Como madre que sufre el dolor más grande, apelo al sentimiento cristiano de las autoridades de gobierno para que respondan ante la opinión pública sobre este hecho insólito. ¿O es que en Santa Cruz se están cometiendo crímenes que desconoce el gobierno en La Paz? No quiero pensar que se haya aplicado a mi indefenso hijo eso que llaman la ley de fuga, para luego mentir lo sucedido.
Espero que el Ministerio del Interior pueda darme una respuesta tranquilizadora.

Fue innumerables veces al Ministerio del Interior.  Como muchas otras mujeres esperó horas para… volver al día siguiente. Tarde o temprano le dirían algo. Andaba con la foto del “Jó” en el bolsillo. Compró cigarrillos que nunca fumaba para regalárselos a los agentes de los diferentes centros de detención que visitaba. En el Ministerio del Interior, en el DOP, en el cuartel de la naval del lago Titicaca… Donde le dijeran que podía haber una posibilidad, ella estaba. Preguntaba si por si acaso no lo habían visto. Mostraba la foto. Pedía que se fijaran una vez más. Daba las cajetillas de cigarrillos… y continuaba su búsqueda. Siempre con las mismas preguntas. Siempre con la misma ilusión. Siempre con la misma angustia.

A mi retorno incrédula y angustiada, empezó mi vía crucis en el Ministerio del Interior. Fuí día a día durante dos meses tratando de entrevistarme con alguien que me dijera algo sobre mi hijo. El coronel Loayza ya no tuvo la voluntad para recibirme. Cuando intente verlo me dijo: “pero su hijo había estado bien metido, señora. Para qué lo dejó, pues. No tengo información todavía de Santa Cruz. Vuélvase”.
Me entrevisté con el capitán Mena, quien me mostró las declaraciones de mi hijo más sus fotografías: una de frente y otra de perfil. Posiblemente le tomaron esas fotos después de un interrogatorio. Estaba desfigurado. Tenía los cabellos revueltos. Los ojos saltados y su rostro con una expresión hasta entonces desconocida para mí. Al extremo de que no pude creer que era él. Pero vi su firma y mi espíritu se partió de dolor. Luego, altanero, me dijo: “su hijo había sido miembro del ELN, pero se le ha puesto en libertad; quizás sus mismos compañeros lo han ajusticiado”.
Gladys Oroza de Solón

Un día se enteró de que el Coronel Adett Zamora se entrevistaría con el cardenal Clemente Maurer en la ciudad de Sucre. El mismo sacerdote que años atrás  había bautizado a José Carlos. Le escribió un carta “abierta”. El original firmado con su puño y letra se lo envió a su mamá que vivía en Sucre para que se lo entregue en persona al cardenal.  La carta salió como aviso pagado en un diario.

CARTA ABIERTA AL CARDENAL MAURER
Eminencia Reverendísima
Cardenal Clemente Maurer,
Obispo de Chuquisaca
Sucre.-

Perdóneme su ilustrísima:

Esta carta es el resultado de mi angustia frente al altar de nuestra Iglesia, único refugio que aun sostiene mi fe ante esta horrible realidad que me embarga en estos momentos. He acudido a todas las autoridades y oficinas para indagar por mi hijo, José Carlos Trujillo Oroza, que se encontraba detenido en las oficinas de la DIC en la ciudad de Santa Cruz, pero no he logrado nada, excepto versiones contradictorias que acentúan más mi dolor de madre.
Yo no sé lo que él haría, pero allí logré verlo triste y dolorido como todos los demás. Toda su niñez desfiló a mis ojos y lloré. Posteriormente el día 2 de febrero, ya no lo encontré en su celda. Sólo una taza de café a medio consumir y sus escasas pertenencias que allí quedaban, me indicaron un precipitado desalojo. Desesperada, pregunté por él a quienes podrían darme noticias. En las oficinas respectivas de Santa Cruz se me dijo que se le había puesto en libertad juntamente con otros dos en el cruce del camino a Cochabamba, con la condición de que en el plazo perentorio de cuatro horas dejaran la ciudad.
Me resisto todavía a creer que todo está perdido y que la justicia no existe, porque considero que lo cristiano y católico aún están vigentes en nuestra patria, recurro a su excelencia para suplicar su ayuda. Quizá su pedido, su autoridad como representante de la Iglesia logre ablandar el corazón de quienes ocultan la verdad sobre el paradero de mi hijo de apenas 22 años y que usted en esa ciudad de Sucre, lo bautizara y confirmara como hijo de una familia católica y cristiana.
Hago extensiva mi súplica a la de una madre anciana y una esposa enferma que también sufren la angustia de su hijo y esposo perdidos, cuyos nombres son: Jorge López Adrián y Alfonso Toledo Rosado.
Aún rezo, Monseñor, porque me lo devuelvan; no quiero perder la fe en Dios ni en la patria. Ayúdeme su Ilustrísima, se lo pide una madre que sufre y llora inconsolablemente.
Gladys Oroza de Solón

El Cardenal Maurer me respondió en una carta y me dijo que tuviera resignación…
Gladys Oroza de Solón

Si le han hecho algo se van a arrepentir…

Un día haciendo antesala la mamá vio pasar al subsecretario del Interior, Antonio “Chicho” Elío:
– ¿Dónde está mi hijo?
– ¡Ya le he dicho! Es acaso usted sorda. Lo hemos puesto en libertad.
– Si lo han puesto en libertad ¿donde está?
– Pero entienda usted: a su hijo se le ha puesto en libertad. Voy a tener que hacer grabar un disco para que no me molesté más, y tenga cuidado con esas sus cartitas en la prensa que a usted también la vamos a hacer detener.
– Mire señor Elío: ¡si le han hecho algo a mi hijo… ustedes se van a arrepentir toda la vida!
Antonio Elio llamó a gritos a dos agentes y la hizo sacar del Ministerio del Interior.

Nuestras madres eran conocidas por los empleados del ministerio como “las mujeres de la esquina”, ya que desde las primeras horas del día hasta las últimas horas de la tarde se paraban en la esquina del ministerio para poder lograr abordar a alguna autoridad y poder averiguar sobre sus hijas desaparecidas. Estas valerosas madres sufrieron humillaciones y malos tratos de estos sombríos personajes, que manejaban la maquinaria de represión contra todos los bolivianos que no pensaban como ellos.
Lourdes Koya Cuenca

La noticia mas allá de las fronteras

La mamá tocó todas las puertas que estaban a su alcance. Fue a la Comisión de Justicia y Paz, que representaba a la Comisión Pontificia de Roma. Habló con varios amigos. Buscó ayuda. Se comunicó con el padre del “Jó”. Quería esparcir por el mundo la denuncia para salvar la vida de la “ñaña”, como le deciamos sus hermanos al “Jó”.

La organización Amnistía Internacional envió un mensaje al Ministerio del Interior de Bolivia pidiendo conocer la suerte de José Carlos Trujillo, desaparecido tras su detención en Santa Cruz, se supo hoy aquí en medios latinoamericanos. En los mismos medios se indicó que telegramas en idéntico sentido fueron enviados también por la Federación Internacional de Derechos del Hombre y por la Asociación Internacional de Juristas Democráticos. Esta última organización, según esos medios, prometió llevar el caso a organismos de la ONU y la OEA.
La Cruz Roja francesa, por su parte, envió un telegrama a la Cruz Roja boliviana sobre el mismo asunto. Se indicó también que se hicieron gestiones, además, ante la representación del Vaticano en París.  Residentes bolivianos en París indicaron que José Carlos Trujillo, estudiante de La Paz, fue detenido por la policía militar el 24 de diciembre en Santa Cruz, acusado de conspiración.
AFP, París, marzo 10 de 1972

CARTA AL EMBAJADOR DE BOLIVIA EN FRANCIA.- Me permito mostrarle mi más sincera preocupación sobre el hijo de uno de mis amigos bolivianos, el joven José Carlos Trujillo. Estudiante en segundo año en la facultad de filosofía y letras de La Paz, del cual su familia no tiene noticias desde el 2 de febrero. Este jovencito, detenido el 23 de diciembre de 1971 y encarcelado en la prisión de Santa Cruz debido a sus actividades políticas, ha desaparecido el 2 de febrero de 1972. Espero comprenda la profunda angustia de su padre… Le pediría, efectuar las verificaciones que permitirían obtener noticias del joven ciudadano boliviano, e informarme a la brevedad posible, para que la familia pueda estar al tanto.
Michel Rocard, París, marzo 14 de 1972

El estudiante boliviano José Carlos Trujillo, detenido en una operación antiguerrilla, ha desaparecido desde su “liberación”, el 3 de febrero. Varias organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos han puesto en marcha una campaña esperando obtener noticias sobre el paradero del joven estudiante.
La Croix, Francia, marzo 15 de 1972

Cerca de trescientas personas estarían todavía detenidas en Bolivia. Ellas son consideradas “peligrosas para la paz social”. Otros prisioneros políticos desaparecen o son deportados, cómo José Carlos Trujillo, un estudiante de la universidad de La Paz, detenido el 23 de diciembre de 1971…
Le Monde, Francia, marzo 15 de 1972

…nadie ha tenido noticias precisas de [José Carlos] Trujillo y la intervención de diferentes organizaciones internacionales no ha podido disipar el misterio que reina alrededor de la desaparición del estudiante…
HEBDO, Francia, marzo 23 de 1972

BOLIVIA COMO EN BRASIL.- Después del golpe de Estado fascista del coronel Banzer, el 21 de agosto de 1971, un manto de silencio y muerte cayó sobre Bolivia. Como en Brasil, se ha torturado, se ha hecho desaparecer, se ha asesinado con toda impunidad. Es así que desde el 3 de febrero último no se tiene noticias de un joven estudiante de 21 años José Carlos Trujillo Oroza… Sólo la presión de la opinión internacional puede salvar a José si ello es todavía posible.
TESTIMONIO CRISTIANO, Francia, marzo 23 de 1972

En Bolivia, donde la represión de las manifestaciones se hacen gracias a la ayuda norteamericana, el número de detenidos desaparecidos aumenta desde el golpe de Estado de agosto de 1971. Es el caso Trujillo, joven estudiante de 23 años, desaparecido después de ser arrestado…
UNEF, Bureau Nacional, Francia, marzo 30 de 1972

El embajador de Bolivia en Francia invitó el 6 de agosto de 1972 “al señor Alberto Trujillo” a una recepción por el aniversario de Bolivia.  Trujillo respondió:

Señor: Simula usted ignorar que soy el padre de José Carlos Trujillo, joven universitario paceño, asesinado por las hordas fascistas que ensangrientan Bolivia y a las cuales Ud.(s) representan. En el día de mi patria, yo le digo, ese crimen no quedará impune. Su invitación es algo más que una provocación: una indignidad.
Alberto Trujillo