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Chile aprueba los derechos de la Naturaleza

Por Pablo Solón

[English] Han pasado un poco más de dos años desde mi última visita a Chile. A fines del 2019, la plaza Baquedano, que en ese entonces fue rebautizada como plaza de la Dignidad, estaba llena de juventud, indignación, gases lacrimógenos, sangre y expectativa.

Ahora siento que la efervescencia y esperanza se ha trasladado al nuevo gobierno de Gabriel Boric y a la Convención Constitucional que ha sido instalada producto de esas protestas que no sucumbieron frente a la represión ni el olvido.

La situación parece más calmada pero la tensión no ha desaparecido del ambiente. Prendo la televisión y canal tras canal sólo encuentro noticias que intentan desacreditar a la Constituyente. Sobre las discusiones de contenido que hay en dicha magna asamblea encuentro muy poco en los medios de comunicación masiva. Un ejemplo claro es el debate sobre la inclusión de los derechos de la Naturaleza en la nueva constitución, tema sobre el cual los medios dicen poco o casi nada. 

Llegué junto a una delegación internacional, conformada por Alberto Acosta, Natalia Green y Elizabeth Bravo del Ecuador, Enrique Viale de Argentina y mi persona de Bolivia con el objetivo de aprender y compartir nuestras experiencias sobre los derechos de la Naturaleza, o como también le decimos los derechos de la Madre Tierra.

Varias cosas que me llaman la atención: el carácter participativo del proceso constituyente que está claramente transparentado en el sitio https://www.chileconvencion.cl/ y la creación de una de las diez comisiones que lleva el título de Comisión de Medio Ambiente, Derechos de la Naturaleza, Bienes Naturales Comunes y Modelo Económico. Es la primera vez que veo que se ponga a la economía donde debe estar en un debate constitucional: como un subsistema que depende de la naturaleza, y no como una construcción que puede existir por fuera y acosta de la naturaleza. ¡Qué avance, que osadía, y que difícil la van a tener los constituyentes que quieren un cambio profundo y no sólo algunas reformas!

María Elisa Quinteros, la nueva presidenta de la Convención Constitucional desde principios de este año, nos recibe con ojos cargados de optimismo y preocupación. Me conmueve la juventud de la gran mayoría de constituyentes con los que nos entrevistamos. No tengo dudas que Chile tiene esperanza.

Los intercambios y preguntas que nos formulan varios constituyentes, técnicos y activistas de movimientos sociales son muy interesantes y hacen avanzar mi propia reflexión sobre los derechos de la Naturaleza. La pregunta que varios periodistas repiten es: ¿Cómo los derechos de la Naturaleza van a afectar los derechos de propiedad privada? Esa es la enorme preocupación del gran capital chileno que controla la absoluta mayoría de los medios de comunicación masiva. Todo derecho termina donde empiezan los derechos del otro. Tengo derecho a escuchar la música que quiera, pero no puedo escucharla a todo volumen a las 2 de la mañana porque afecto el derecho a dormir de mis vecinos. Los derechos, incluido el derecho de propiedad nunca son absolutos. Si no contamino el río y la tierra no tengo de que preocuparme, pero si mi propiedad o emprendimiento económico va a secar un río y afectar a peces, animales, biodiversidad y comunidades humanas que viven de ese río, entonces obviamente que hay que ponerle límites a este derecho propietario. En otras palabras, los derechos propietarios que afectan el bienestar de la naturaleza y las personas siempre tienen que ser regulados, limitados y en algunos casos revertidos.  No hacerlo es suicida para todos, incluidos esos empresarios preocupados por su propiedad. 

¿Por qué la gran mayoría de los seres humanos no escuchan música a todo volumen a las 2 de la mañana? Porque su vecino los puede demandar ante la policía y la justicia. Nuestros vecinos son sujetos de derecho que pueden tomar acciones legales y de diferente índole si nosotros, en el ejercicio de nuestros derechos, afectamos sus derechos.

Si una empresa contamina o seca toda una laguna, ¿qué acciones puede asumir dicha fuente de agua si es sólo un objeto, una cosa, un recurso a ser explotado? El propietario a lo sumo compensará a los habitantes afectados por la contaminación o desaparición del rio, pero al agua ni siquiera le escribirá un epitafio.

Ahora, si la naturaleza es sujeto de derechos la situación cambia de raíz. Ese río, esa laguna, puede llevar al contaminador a las autoridades competentes y tribunales para que asuma medidas parar frenar y reparar el daño. Cualquier ciudadano o colectividad tiene que poder hablar por ese río o esa laguna que está muriendo, así como cualquier miembro de la sociedad puede y debe interceder en defensa de un niño que está siendo maltratado. El argumento de que el río no puede tener derechos porque no puede defenderse por sí mismo en los tribunales, se desploma cuando vemos cómo en nuestras legislaciones los niños, ancianos y minusválidos tienen derechos a pesar de que no los pueden ejercer por sí mismos. Además de ello, está la Defensoría del Pueblo y la creación de la Defensoría de la Naturaleza que está discutiendo la constituyente chilena.

Los derechos de la Naturaleza van mucho más allá de la protección de la naturaleza porque nos plantean que no podemos tratar a los seres no humanos como simples objetos, cosas y recursos. En este momento la pregunta que dispara el entrevistador es ¿entonces no se puede cortar un árbol, extraer minerales o usar agua de un río? Los derechos de la naturaleza no promueven una naturaleza intocable. En la propia naturaleza hay ciclos de afectación entre diferentes especies. El problema es cuando una especie, la humana y en particular los dueños de grandes propiedades y emprendimientos, empiezan a afectar la capacidad de regeneración de la naturaleza. Pescar algunos peces no es una violación a los derechos de la naturaleza, pero una pesca intensiva que acaba con todos los peces y su posibilidad de reproducirse es una violación a los derechos de esos peces. Los derechos de la naturaleza nos obligan a pensar en términos del otro no humano desde una perspectiva sistémica y no sólo particular.

¿Por qué surgen ahora con tanta fuerza los derechos de la Naturaleza y empiezan a ser reconocidos en normativas nacionales y locales de varios países? Porque nuestro planeta, nuestros ecosistemas y nuestro clima están colapsando debido al irrespeto total a los ciclos vitales de la naturaleza. Como humanidad estamos enfrentando la sexta extinción de la vida en la Tierra y lo más grave es que nosotros somos el meteorito, y en particular aquellos que quieren hacer prevalecer sus derechos de propiedad por encima de todo.

El corazón de los derechos de la Naturaleza es el equilibrio biocéntrico, centrado en el Todo y no sólo en los seres humanos. Lo que se busca es recuperar el equilibrio resquebrajado por la vorágine de un crecimiento sin límites en un planeta finito en el cual algunos pocos consideran que tienen derechos de propiedad absolutos sobre una naturaleza inerte que sólo es percibida como fuente de riqueza. En la naturaleza nada crece para siempre, todos los procesos tienden hacia un equilibrio dinámico. Los seres humanos debemos superar nuestra mirada antropocéntrica que se ha agravado con la modernidad y que nos hace olvidar que somos parte de la naturaleza.  

Mientras me apresto a partir, no puedo ocultar mi sonrisa de esperanza: Chile, el país más neoliberal de Sudamérica, está dando uno de los debates más difíciles y decisivos no sólo para Chile, sino para toda la humanidad y la comunidad del planeta Tierra.

Miércoles 16 de marzo. Me acaba de llegar un artículo del periódico La Tercera de Chile sobre el debate de los derechos de la Naturaleza. El artículo cita a un constituyente contrario a los derechos de la Naturaleza que argumenta “Imagínense este caso que es real: los pingüinos de Humboldt son amenazados por otra especie. Una plaga de liebres. Ambos son naturaleza. Puede haber quien, en nombre de la naturaleza, defienda a unos, y otros al otro. ¿Quién es la naturaleza?”. No puedo creerlo…, según este argumento los derechos de la naturaleza son inviables porque la sociedad se dividiría entre defensores de pingüinos y de liebres. En la naturaleza existen múltiples ciclos de depredadores y presas. Es absurdo insinuar que los derechos de la Naturaleza implican tomar partido a favor de alguno de ellos. En la actualidad la gran mayoría de plagas y desequilibrios entre especies son por actividades humanas, por ejemplo, las gigantescas islas de plásticos que afectan severamente la flora y fauna marina e incluso poblaciones humanas. En la naturaleza siempre hay ciclos de vida y muerte. El problema es cuando la lógica del consumo y la ganancia altera esos ciclos, exterminando masivamente especies y provocando plagas y fenómenos nunca antes vistos. Los derechos de la Naturaleza no plantean que no puede haber ninguna intervención humana sobre la naturaleza y sobre esas plagas, pero pone el acento en develar el origen de esos profundos desajustes, y en buscar procesos de restauración del equilibrio que recuperen los ciclos vitales de la naturaleza, y no apelen a tecnologías descabelladas que provoquen una catástrofe mayor.

Sonrío y a la vez me preocupo por el grado de desinformación que existe en los grandes medios, cuando otro mensaje llega a mi celular: La Convención Constitucional de Chile acaba de aprobar en grande y en detalle -por 104 votos a favor, 45 votos en contra y 2 abstenciones- el siguiente artículo que será incluido en la sección de principios del nuevo texto constitucional:

Artículo 9.- Naturaleza. Las personas y los pueblos son interdependientes con la naturaleza y forman, con ella, un conjunto inseparable.

La Naturaleza tiene derechos. El Estado y la sociedad tienen el deber de protegerlos y respetarlos.

El Estado debe adoptar una administración ecológicamente responsable y promover la educación ambiental y científica mediante procesos de formación y aprendizaje permanentes.

Falta ahora la aprobación de los artículos que desarrollen y efectivicen este principio, y luego que el nuevo texto constitucional sea aprobado en referéndum de toda la población. El camino es largo y complejo, pero este paso es histórico!

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