Joan Martínez Alier: El antiecologismo está haciendo caer a los gobiernos progresistas

El ecologista, académico y político catalán Joan Martínez Alier estuvo de visita en Bolivia para impartir charlas sobre la importancia de buscar alternativas al extractivismo. A su paso por La Paz, en entrevista con Página Siete, indicó que los gobiernos progresistas están pagando una factura muy cara por no haber planteado políticas que reemplacen al extractivismo. Considera que el Gobierno boliviano fue incoherente al predicar el ecologismo en las cumbres internacionales y pretender construir una carretera por el TIPNIS.

Como país extractivista, nos resulta sugerente a los  bolivianos esta mirada del neoextractivismo, ¿en qué consiste?

Esto, primero, no es un tema solamente de Bolivia, ha nacido en América del Sur con Eduardo Gudynas, de Uruguay, Maristella Svampa, de Argentina, y Alberto Acosta, de Ecuador. Allá pasó, creo, un poco como acá en Bolivia, que el lado ecologista del Gobierno se fue del Gobierno, o lo echaron del Gobierno. Extractivismo, como dice Eduardo Gudynas, “es un sistema económico que se basa en la extracción de materias primas, de pocas materias primas y predominantemente para la exportación”. Si miras la economía, en su conjunto depende mucho de esta exportación de pocas materias primas. Este sistema nunca fue tan grande como ahora.

Las cifras muestran que se ha multiplicado por cuatro en América del Sur en  20 años. No puede ser que vaya a aumentar otras cuatro veces en los próximos 30 años y luego otras cuatro veces, esto es imposible, quedaría todo destrozado de manera increíble. A Bertha Cáceres la mataron hace un año, pero no es  sólo Bertha Cáceres, hay 10, 12 o 15 en un año en el mundo, no sólo mujeres, sino también hombres. Socialmente implica mucha represión. En este momento, tanto se ha exportado que hasta se han bajado los precios porque hay una sobreproducción, por ejemplo, en el cobre hay una competencia entre Chile y Perú que está haciendo bajar los precios. Es como un extractivismo absurdo.

¿Hay alguna alternativa o tenemos que conformarnos con un extractivismo cada vez más depredador?

Esta década de bonanza ha acabado hace tres o cuatro años y habría que ver que en todos los países -Argentina, Perú, Brasil, Ecuador, Venezuela, con excepción de Bolivia- el balance comercial fue negativo. No pueden pagar las importaciones, con lo cual han devaluado en Argentina y en Brasil, además devaluaron el uno contra el otro porque uno quiere exportar y el otro también. En Bolivia hasta ahora no ha ocurrido, pero hay un pequeño balance comercial negativo. Es absurdo exportar tantísimo y no poder ni pagar las importaciones y la bonanza se ha acabado y está llevando a que caiga un gobierno tras de otro de los que eran progresistas. Ya han caído los de Brasil y Argentina, no sé que estará pasando en las próximas semanas en Ecuador y aquí la cosa tampoco está muy afirmada. Este antiecologismo de estos gobiernos les va a salir muy caro. Lo hemos visto aquí, con el referendo que fue una cosa tan ajustada pues hubo el divorcio por lo del TIPNIS, es un divorcio que parece irremediable. Correa es lo mismo, a Alberto Acosta, que es toda una personalidad porque fue presidente de la Constituyente y fue Ministro de Energía y Minas, (Correa) lo maltrata públicamente. Y esos votos, que son 3% o 4%, ahora van a hacer falta a su candidato.

¿Qué haría un ecologista gobernando Bolivia? No podría cortar exportaciones de gas ni de minerales porque económicamente el país sería inviable.

Sólo se frena esta marcha al extractivismo con resistencia popular y muchas veces con gente muerta por el camino. Habría la alternativa de, por lo menos, no aumentar el extractivismo. Se puede hacer alianzas con otros países para mantener precios, se podría poner impuestos a las exportaciones, como una compensación ecológica, unos impuestos ambientales; esas son medidas moderadas que se podrían hacer para señalar que hay una intención antiextractivista.

¿Hay un desarrollo posible sin vivir de las materias primas? Porque eso era parte de la preocupación del propio Evo, y el Vicepresidente lo decía: “No somos guarda parques”, precisamente en el sentido de que para lograr el desarrollo tienen que vender materias primas.

La palabra “guardaparque” implica que aquí iba a haber conservación de los bosques en vez de deforestación porque hay población indígena y porque desde afuera alguna gente les está adjudicando el papel de guardaparques y de absorvedores de carbono, y que el ecologismo es una cosa de gringos que no se preocupan de la pobreza. Ese es un ecologismo que sí existe, conozco a ese tipo de gente que se preocupa más de animales que de personas humanas, pero no es lo único que existe. Por ejemplo, Bertha Cáceres no era de éstas, no sé cuántos ejemplos hay que dar. Esto revela que  García Linera, que lee libros, que es una persona instruida, (tiene) una mala fe intelectual. Es decir, “yo sólo me fijo en esto y no me fijo en lo otro, porque lo otro no me conviene para mis planes económicos de ganar dinero exportando lo que sea y repartirlo un poco”.

¿Hay una mala fe intelectual de parte de García Linera?

Claro, porque cuando habla de ecologismo podría haberse dado cuenta de que hay un ecologismo popular. Decir que el ecologismo es un tema de guardaparques, es precisamente no darse cuenta de este ecologismo popular. La pregunta no la he contestado toda porque es una pregunta muy lógica, si no exportamos de todo,  ¿de qué vamos  a vivir? Dicen: “Vamos a producir 13.000 megavatios de potencia hidroeléctrica”, pero El Bala y el Chepete son solamente 3.000 o 4.000, significa que todavía tres  veces más (quieren producir).  En vez de esto por qué no decir: “Si tenemos 5.000 o 6.000 millones para invertir” -que no los tienen porque El Bala se construiría con créditos-, pues lo vamos a invertir aunque sea en energía fotovoltaica porque el sol es muy fuerte. Entonces, como ya no hay el estaño, ya no hay gas, pues ahora que venga la electricidad y siempre al servicio del comercio exterior en vez de preocuparse más de las necesidades locales. Si quieren que la gente viva mejor, pues construyan más viviendas y hagan más agricultura, no de soya para exportar y además con glifosato, contra una promesa que se hizo aquí y que antes se hizo también en Ecuador para no producir transgénicos.

Las represas pueden ser sostenibles en pequeña escala a diferencia de grandes proyectos como el de El Bala. ¿Qué otros ejemplos concretos de soluciones en pequeña escala podría mencionar?

Puede pasar que en Bolivia también haya oposición a los proyectos como en otros países. Yo creo que puede pasar… de hecho, con El Bala va a pasar porque es 4.000 o 3.000 megavatios, que es como tres grandes centrales. Es mucho para un país mediano, es mucha electricidad y habrá, ya hay, oposición local y habrá también oposición conservacionista.  La energía fotovoltaica  es el sol convertido directamente en electricidad y está bajando de precio muy rápidamente; no es ninguna utopía. Y, ojo, China está primero en el mundo en energía fotovoltaica. Hay chinos fotovoltaicos y hay chinos hidroeléctricos y hay chinos mineros, hasta hay chinos azucareros, pues escojan a sus chinos, a un chino fotovoltaico (risas).

Se dice que un país como Bolivia puede tener mucha energía solar, pero la parte tecnológica tenemos que comprarla y las patentes son caras, lo cual dificulta un proyecto a gran escala.

Habría que preguntar cuánto va a costar esta pequeña central nuclear experimental (de El Alto).

Es una tecnología bastante más complicada, bastante más patentada y que no sé qué se oculta detrás de ésta, puede haber algún tráfico de uranio.  Me parece a mí que esos recursos se podrían invertir en otras cosas. Es lo mismo con El Bala, si tiene 5.000 o 6.000  millones de dólares, se podrían invertir en otras cosas, incluyendo una parte de energía fotovoltaica con patente. Es  más fácil y barato que una central nuclear.

Los gobiernos progresistas han sido  la esperanza del ecologismo pero en la práctica se están distanciando de la protección a la naturaleza. Entonces, políticamente ¿qué le queda al ecologismo?

Yo creo que aquí podría haber un gran movimiento ecologista. Es fácil ver que al destruir la naturaleza se va a  destruir a la gente (por ejemplo, en el Cerro Rico de Potosí) y podría surgir un movimiento. Ya ha nacido este ecologismo popular, ya existe. Recuerdo  lo que ocurrió durante dos años, hasta la Cumbre de Copenhague   o Cancún: uno veía a Bolivia, a Pablo Solón y  su equipo, solos frente al mundo, diciendo la verdad. Se veía ilusión, pero luego vino  un divorcio; la ilusión duró sólo  dos años. Sin embargo,  dejó algo; dejó dos Constituciones (Bolivia y Ecuador) que están muy bien; la de Ecuador habla en el artículo 71 de derechos de la naturaleza.

Hablando de las consecuencias  de este impulso extractivista depredador, usted comentaba que hay  una factura que podrían pagar estos gobiernos, ¿cuál es esta factura?

Yo creo que el impulso  que hubo aquí en un corto tiempo, quedó coartado. No puedes ir a Copenhague a protestar y luego hacer la carretera por el TIPNIS;   la incongruencia es tan grande que se perdió la ocasión de un liderazgo ambiental desde el sur que ojalá pudiera volver.

Ha habido dos episodios recientes muy preocupantes: uno, la escasez de agua en La Paz y, otro, la plaga de langostas que ha tenido que ser combatida con  fumigaciones. Los ambientalistas ven en esto señales preocupantes,  ¿qué opina al respecto?

Esta plaga de langostas puede haber ocurrido otras veces, puede ser que el tipo de cambio de cultivo y la deforestación (hayan afectado). He estado hablando de esto con un agroecologista de Santa Cruz y dice que faltó prevención; ya se veía que pasaba esto y que la administración no hizo nada. Y en cuanto al agua, creo que ha habido un Niño estos años y cuando hay Niño, hay sequía. Además, todo está acelerado por el cambio climático. Esto no tiene precedentes y puede ser que este mismo fenómeno del cambio climático -que es lo que hace disminuir los glaciares- va a influir en que haya otros cambios, incluyendo el ciclo del agua que siempre ha existido porque el sol evapora el agua y vuelve a caer. Para evitar eso, de todas maneras, lo mejor es preservar los bosques. El bosque amazónico en general es lo que hace que llueva. Hay que conservar la Amazonia, no es un tema de gringos, es un tema sudamericano y de población indígena, porque, además, todo esto se hace a costa de ellos. Esta idea de que el ecologismo es una cosa de gringos que nos quieren robar la Amazonia y nos quieren perjudicar, es ir contra una realidad,  porque el que niegue esto, niega la realidad. Se le podría llamar de otra manera, pero yo le llamo así: ecologismo popular. Esto es lo que estos gobiernos progresistas han desaprovechado política, cultural e incluso internacionalmente.

¿Evo podría ser un líder mundial  si  hubiera hecho calzar los hechos con su discurso de defensa de la Madre Tierra?

Podría ser, porque de afuera se veía más como alguien que es descendiente indígena y que tenía esta autoridad, pero dejó de ser así. Algo similar pasó con  Correa, que es totalmente criollo, de Guayaquil, economista y habla inglés: también podría haber hecho un poco más en esto. Ninguno lo hizo.

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Visitó un botadero y se reunió con líderes

A juzgar por la tranquilidad con la que caminó en la sede de Gobierno de Bolivia, Joan Martínez Alier,  ecologista de Barcelona, España, parecía un paceño más. Sus 78 años no le pesaron para nada en la altura de La Paz y tampoco en Cochabamba, las  ciudades que visitó durante las dos semanas que permaneció en el país, con el Carnaval de por medio.

Llegó para impartir conferencias sobre los efectos del extractivismo y para ofrecer alternativas a los grandes proyectos hidroeléctricos que pretende construir el Gobierno en El Bala y el Chepete.

A su paso por Cochabamba, además de reunirse con líderes ambientalistas, entre ellos Alex Villca, contrario a la construcción de las represas, hizo una visita al botadero de Kara Kara, cuyos pobladores viven en condiciones ambientales deplorables.

Según cuenta Marco Gandarillas, del Centro de Documentación e Información de Bolivia (CEDIB), donde Martínez ofreció una conferencia, el académico “tiene un proyecto global para contabilizar los conflictos socio-ambientales” y, en ese plano, “los casos de Bolivia son emblemáticos dentro de este estudio global”.

En La Paz estuvo en la Fundación Solón, donde también impartió sus conocimientos sobre los daños al medioambiente.