¿Bolivia líder en energía solar?

[Pablo Solón] Bolivia tiene todas las condiciones para convertirse en un país que está a la cabeza de la energía solar en Sudamérica. Sin embargo, estamos retrasados.

Durante los últimos años se ha puesto en funcionamiento 5MW de energía fotovoltaica en Cobija. Este es un sistema aislado que no está integrado a la red interconectada de electricidad del país y que usa la energía fotovoltaica para reducir el consumo de diésel en la provisión de electricidad para Cobija. Así mismo, está en curso otro proyecto no integrado a la red de 5 MW para Riberalta y Guayanamerín.

Integrados al Sistema Interconectado Nacional tenemos actualmente en construcción una planta de 60 MW de potencia en Uyuni, otra planta de 50 MW en Oruro y una más pequeña de 5 MW en Yunchara, Tarija. Cuando estas plantas entren en funcionamiento Bolivia tendrá por primera vez 115 MW de energía fotovoltaica conectados a la red. A estos proyectos hay que añadir la fase II de la planta fotovoltaica de Oruro de 50 MW que estaría en construcción el 2018 o 2019.

En síntesis, integrados a la red se tendrían en operación 165 MW de energía fotovoltaica para el 2018-2019 y más de 10 MW de energía solar en proyectos aislados no integrados a la red.

Proyectos de energía solar conectados al SIN

Este avance es muy modesto si lo comparamos con el de Chile que tiene una radiación solar similar a la de Bolivia.

Si todos los proyectos solares de Bolivia estarían en funcionamiento para el 2018 sólo representarían un 6% de las iniciativas fotovoltaicas que tendrían en operación Chile para ese mismo año.

Vivimos tiempos de una revolución de la energía solar. Cómo se puede apreciar, en el 2012 Chile apenas tenía 3 MW instalados y en el 2016 supero los 1800 MW de energía fotovoltaica. El crecimiento de la energía solar es exponencial y Bolivia debe colocarse a la altura del desafío.

Lo peor que las autoridades pueden hacer es creer que somos líderes en energías renovables cuando la realidad es que debemos acelerar el paso y repensar el futuro energético del país, dejando de una vez por todas proyectos inviables como los de las mega hidroeléctricas de El Bala y Chepete, y apostar agresivamente por una mezcla de energías alternativas como la solar, la eólica y las pequeñas hidroeléctricas de pasada.

El futuro de la electricidad no es la energía nuclear. Es un grave error invertir 300 millones de dólares en un centro de investigación nuclear cuando muy bien se podría invertir ese dinero en un Centro de Investigación de energía Solar y sistemas de Almacenamiento de Electricidad, y catapultar el desarrollo de proyectos de energía solar en el país.

Pensar que Bolivia jugará un papel destacado en la energía nuclear del siglo XXI es un sueño trasnochado y suicida. Bolivia tiene todas las posibilidades de ser una vanguardia en energía solar si se abandonan los modelos obsoletos de desarrollo del siglo pasado y se hace una lectura correcta de los desafíos de este siglo en el cuál, para salvar la vida en la Tierra, debemos avanzar hacia el fin de la era de los combustibles fósiles y las energías contaminantes y destructoras de la naturaleza.