Más allá del TIPNIS

Confesiones de un ex viceministro sobre los verdaderos móviles 

[Pablo Solón, agosto 4-2017] El 24 de septiembre del 2011, un día antes de la intervención a la VIII marcha del TIPNIS, Marcos Farfán, en esa entonces Viceministro de Gobierno, dio la siguiente explicación a un grupo de policías que quedó registrada en un video que se filtró a la prensa:

“Hay que tener una visión global, integral del tema, aunque se reduzca al operativo que vamos a llevar mañana adelante, pero tiene que ver con temas de fondo en relación a lo que establece nuestra Constitución Política y el programa por supuesto que se ha planteado, que radica en industrializar, carreteras, hidroeléctricas, electricidad, energía.

Pero están con este programa tratando de evitar que se lleve adelante. Tienen sus objetivos políticos ahí atrás. (Mientras) menos pueda dar cumplimiento a sus programas este gobierno, menos posibilidades va tener en el futuro de ganar más votos.

Porque si no producimos, no creamos industrias, no construimos carreteras, no diversificamos la producción, no transformamos nuestro gas en otro elemento, no generamos valor agregado a nuestro producto, este gobierno va a fracasar. Todo se viene al tacho. Este es el objetivo de fondo que se tiene, para decir estuvo el Evo con sus lindas propuestas pero no las cumplió. No las cumplió porque hay este tipo de elementos que ponen trabas y obstáculos para que se pueda dar cumplimiento a eso que no es en función de nadie mas que del país. Un país que hemos estado reducidos al atraso, a la dependencia económica, a la dependencia política durante años y años y años.

Lo que necesitamos es consolidar nuestra soberanía como nación. Para ser soberanos tenemos que ser productivos, ricos como nación, para ser ricos tenemos que producir e industrializar nuestro país.

Gracias por escucharme no tenía mucho que ver con el tema pero creo que es importante aclarar estos elementos que tienen que ver con todos los bolivianos, policías no policías, con todo el país. Pero en ese marco es que estamos, lamentablemente, entrando a realizar este operativo… Mañana vamos a estar trabajando”.

El tema central del “operativo” no era el peligro de enfrentamiento entre indígenas y colonizadores, ni la importancia de la carretera por si misma, sino la necesidad de evitar que algunos “elementos” sigan poniendo “trabas y obstáculos” al “programa” de “industrializar, carreteras, hidroeléctricas, electricidad, energía”.

El TIPNIS es más que el TIPNIS. En el TIPNIS, el gobierno no sólo ve el problema de una carretera sino la necesidad de sentar un precedente, de afirmar su autoridad para imponer sus obras que supuestamente harían rica y soberana a Bolivia y… le traerían más votos para su reelección. A seis años de haber sufrido la derrota de la aprobación de la ley 180, el gobierno relanza el tema de la carretera por el TIPNIS para enviar una señal contundente de que no va a permitir más que “pequeños grupos” frenen o pongan en duda sus mega proyectos.

El gobierno de Evo Morales tiene la mayoría en el parlamento para aprobar una ley que abrogue la intangibilidad del TIPNIS. Sin embargo: ¿tiene la razón?

¿Es posible realmente en el siglo XXI implementar una visión de industrialización del siglo pasado con mega represas, ingenios azucareros, industrias del plástico, agroindustria transgénica, minería a cielo abierto y energía nuclear? ¿No está siguiendo el gobierno del MAS los mismos pasos de Trump que fracasará en el intento de reabrir las minas de carbón porque ya no son competitivas frente a una energía solar y eólica en franca expansión?

La visión de industrialización que tiene el gobierno es suicida. No son unos pequeños grupos los que se oponen a sus grandes proyectos: es la realidad.

El Bala y el Chepete no verán la luz porque no son rentables con los precios actuales de la electricidad. Si llegan a construirlos serán una lapida gigante en el Amazonas que triplicará la deuda externa de Bolivia. Lo mismo ocurrirá con el centro de investigación nuclear. Generar electricidad a partir de fisión nuclear será cada vez más un resabio del pasado. Es un verdadero despropósito hervir agua para mover un generador eléctrico con una reacción nuclear que deja deshechos radiactivos, cuando las tecnologías de aprovechamiento de la energía solar están en pleno auge. Es como apostar a las maquinas de escribir cuando ya estamos entrando a la era de las computadoras de inteligencia artificial.

El siglo XXI es un siglo marcado por el desequilibrio del sistema de la Tierra que tiene una de sus manifestaciones en el cambio climático. Los países más avanzados del siglo XXI serán aquellos que logren preservar, regenerar y convivir con la naturaleza. Un país sin bosques y con ríos secos o contaminados será más vulnerable a los impactos ambientales crecientes. Cada año será más caliente que el anterior. Desforestar cientos de miles de hectáreas por año, en nombre de una expansión agroindustrial que nunca llega, y que sobre todo beneficia a unas pocas elites ligadas a capitales extranjeros es una verdadera locura. Apostar a ser un país extractor y exportador de combustibles fósiles (gas y petróleo) cuando en el siglo XXI la realidad empuja a dejarlos bajo la tierra es otra política suicida. Lo mismo podemos decir del plástico, del azúcar, del papel… Todos ellos fueron grandes símbolos de desarrollo en el siglo XX, pero son un gran flagelo en este siglo.

El siglo XXI nos obliga a repensar nuestro futuro. No se trata de volver al pasado de una vida silvestre sino de imaginarnos un tipo diferente de porvenir en el que saltemos etapas y no sigamos el ejemplo trágico de los país desarrollados que destrozaron la Tierra.

El potencial más grande que tiene Bolivia está en sus pueblos y en la naturaleza. Lejos de partir en dos el TIPNIS para construir una carretera que muy bien podría tener otro trazo, deberíamos pensar en como recuperar nuevas áreas de nuestro territorio para que sean como el TIPNIS. El futuro de la humanidad y de la vida en la Tierra depende de que cada vez hayan más TIPNIS en el planeta. Esto significa que envés de pensar en términos de una agroindustria de transgénicos tenemos que promover una agro-forestería ecológica. Destruir el bosque para producir alimentos es un absurdo. El bosque es una gran fuente de alimentos, medicinas y lluvia cuando sabemos convivir con él.

En el siglo XXI, un desarrollo a costa de la naturaleza es una locura suicida. Construir un nuevo modelo de bienestar para todos no es una tarea que se puede hacer de la noche a la mañana. Requiere de una transición y de que se vayan abandonando gradualmente una serie de prácticas obsoletas para ir incorporando lo más pronto posible otras alternativas ecológicas más acordes con las necesidades de nuestro tiempo. El gran problema es que el gobierno apuesta por una visión del siglo pasado como si fuera la salvación del mañana. La oposición parlamentaria de derecha enarbola la bandera del TIPNIS pero en realidad no entiende su verdadero significado porque está anclada igualmente en el pasado.

El verdadero debate sobre el TIPNIS es muy profundo. La confesión filmada del ex viceministro de Gobierno no condujo al enjuiciamiento de quienes reprimieron a la VIII marcha Indígena por el TIPNIS. Sin embargo, sus palabras develan la locura de un gobierno empecinado en implementar un modelo de desarrollo que esta a contramarcha de la realidad del siglo XXI.