¿Qué hacemos por los Derechos de la Naturaleza?

Pablo Solón*

No hay derechos humanos sin derechos de la Naturaleza. No hay derechos de la naturaleza sin derechos indígenas. No hay derechos indígenas sin derechos de la naturaleza. Todos los derechos están interrelacionados. Sin embargo cada uno tiene su propia especificidad.

Los derechos de la naturaleza no son los derechos ambientales. Los derechos ambientales son esencialmente derechos humanos. La Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia expresamente garantiza el “Derecho AL medioambiente” de las personas, no “los derechos DEL medioambiente”.

“Art. 33. Las personas tienen derecho a un medio ambiente saludable, protegido y equilibrado. El ejercicio de este derecho debe permitir a los individuos y colectividades de las presentes y futuras generaciones, además de otros seres vivos, desarrollarse de manera normal y permanente”.

Este artículo de la constitución se refiere al derecho al medio ambiente de los seres humanos, y hace un pequeño guiño a los derechos de la naturaleza cuando dice “además de otros seres vivos” que también tienen que “desarrollarse de manera normal y permanente”.

Según nuestra constitución si alguien contamina un río y afecta a la población humana, las personas afectadas, de manera individual o colectiva, tiene derecho a realizar acciones legales en defensa de su derecho al medio ambiente.

“Art. 34. Cualquier persona, a título individual o en representación de una colectividad, está facultada para ejercitar las acciones legales en defensa del derecho al medio ambiente, sin perjuicio de la obligación de las instituciones públicas de actuar de oficio frente a los atentados contra el medio ambiente”.

Sin embargo, los derechos de la naturaleza no se refieren al daño causado a los seres humanos, sino a la contaminación del río que afecta al río: a la posibilidad de que el río demande a la empresa, al grupo humano o al gobierno que está afectando sus derechos como naturaleza.

Los derechos de la naturaleza nos plantean un cambio fundamental de paradigma. Constituyen una revolución muy profunda en nuestra forma de ver, pensar y actuar que está forjada bajo una lógica antropocéntrica: nosotros los seres humanos somos el centro, nosotros tenemos derechos humanos, el resto no-humano no tiene derechos, es un objeto, es una cosa, es más los llamamos recursos naturales.

Los derechos de la naturaleza nos dicen que la naturaleza no son objetos sino sujetos: seres orgánicos o inorgánicos que tienen derechos al igual que los seres humanos. Los derechos de la naturaleza no son idénticos a los derechos humanos. Cada conjunto de derechos tiene sus particularidades que hacen al portador de dichos derechos.

La comisión del Tribunal Internacional de Derechos de la Naturaleza ha ido a escuchar los testimonios de los pueblos indígenas del TIPNIS, pero sobre todo ha ido a escuchar a la selva, porque la gran ausente en este conflicto que viene desde el 2011 es la selva, son los bosques, los ríos, las formas de vida vegetal y animal como el unicornio azul que es un ave única que está en peligro de extinción en el parque Isiboro Sécure.

En el 2012 hubo una consulta extemporánea, amañada y manipulada a pueblos indígenas del TIPNIS, pero al unicornio azul, a los arboles y peces que viven en esa área protegida nunca les consultaron. La naturaleza tiene múltiples formas de expresarse que son accesibles cuando se la quiere escuchar.

La visita de la comisión del Tribunal Internacional de Derechos de la Naturaleza es una fuerte interpelación al gobierno que habla de los derechos de la Madre Tierra a nivel internacional mientras en los hechos los pisotea en Bolivia.

Me dicen que, en su reunión con la comisión del Tribunal, el Ministro de Gobierno habló horas de los derechos indígenas pero que no dijo nada de los derechos de la Madre Tierra. Yo lo emplazo al gobierno a que nos diga que ha hecho en la práctica, y no sólo en las discursos o los leyes, por los derechos de la Madre Tierra. Este es un tema clave. En Bolivia cada año crujen bajo el fuego más de 200.000 hectáreas de bosques. Los derechos de la Madre Tierra no significan que no se puede cortar un árbol para hacer una puerta. De lo que estamos hablando es de que no se puede quemar cientos de miles de hectáreas anualmente sin matar el bosque, afectar el ciclo del agua y destruir el hogar de miles de especies de plantas y animales. El gobierno lejos de frenar este ecocidio lo alienta al ampliar el área de chaqueo de 5 a 20 hectáreas por unidad familiar y, ahora, al aprobar la ley del Etanol.

Pero la visita de la comisión del Tribunal es también una interpelación a nosotros, a los bolivianos, porque nosotros tenemos una ley de derechos de la Madre Tierra que ya tiene ocho años, y sin embargo no hay ni una demanda en la justicia boliviana por violación a los derechos de la Madre Tierra. Esto quiere decir que nosotros no estamos ejerciendo un derecho que debemos ejercerlo en representación de la naturaleza.

Los derechos sólo se hacen realidad con nuestro accionar. Lo que hagamos o dejemos de hacer es esencial para el reconocimiento y cumplimiento de un derecho. La implementación de un derecho depende de nuestra conciencia y movilización.

Alguien decía que no creía que se podrían implementar los derechos de la naturaleza. Yo creo que sí es posible e indispensable. Si nosotros no peleamos por estos derechos la Tierra se convertirá en un infierno. Basta ver la cantidad de personas que han muerto el año pasado por las olas de calor y las inundaciones que trae el cambio climático.

En Bolivia tenemos instrumentos legales para preservar los derechos de la naturaleza que no los ejercemos. Podemos decir que la ley 71 de Derechos de la Madre Tierra es incompleta y tiene vacíos. Es cierto. Pero los derechos se abren camino al andar. Este es nuestro desafío como sociedad civil.

¿Por qué en Bolivia no hacemos campaña por el Defensor de la Madre Tierra que está contemplado en la ley 71 del año 2010? Algunos dirán ¿para qué pedir que exista un Defensor de la Madre Tierra después de lo que ha pasado con el Defensor del Pueblo? Que una persona, como el actual Defensor del Pueblo, no cumpla sus funciones no quiere decir que la institución deba desaparecer.

Si no exigimos y ejercemos los derechos de la naturaleza ya consignados en nuestra legislación los derechos de la naturaleza seguirán siendo sólo discursos.

Permítanme contarles una historia personal. Hoy, 21 de agosto del 2018, recordamos 47 años del golpe de la dictadura de Banzer. Mi hermano José Carlos fue detenido y desaparecido durante esa dictadura. Mi madre lo buscó por 40 años. Cuando pedía justicia le decían que la desaparición forzada de personas no estaba en el Código Penal y por lo tanto no era un delito tipificado. En el Código Penal existe el delito de asesinato, pero para demostrar asesinato hay que presentar el cuerpo de la víctima. Si no hay dicho cuerpo no hay delito de asesinato. Mi madre, junto a otras madres de desaparecidos, no se quedó tranquila, siguió reclamando y peleando para que la desaparición forzada de personas sea reconocida como un crimen. Si hoy la desaparición forzada es un delito tipificado en la ley es porque hubieron personas que no se rindieron frente a la adversidad y lucharon hasta que en nuestra Constitución Política del Estado figure como “derecho fundamental” que “ninguna persona podrá ser sometida a desaparición forzada”.

Cuando salíamos del TIPNIS en el horizonte se veían las humaredas del chaqueo que viene del oriente. En este panorama en extremo preocupante es fundamental que empecemos a ejercer los derechos de la Madre Tierra en Bolivia: que presentemos amparos constitucionales, acciones populares, demandas legales, exijamos la vigencia real del Defensor de los Derechos de la Madre Tierra y realicemos otra serie de acciones por graves violaciones a los derechos de la naturaleza. Seguramente de diez demandas nueve serán rechazadas, pero esa una que será admitida empezará a abrir el camino.

Más allá de la aplicación de la ley y las demandas judiciales está nuestro accionar en el día a día. En cambiar nuestros patrones de consumo y de deshecho de basura, en cambiar las políticas económicas que anteponen el crecimiento a toda costa, incluso a costa de la Madre Tierra.

* Este texto está basado en la intervención realizada por Pablo Solón en el Seminario Internacional “De Tiquipaya al TIPNIS: la lucha por los Derechos de la Naturaleza” realizado el 21 de Agosto del 2018 en el Paraninfo de la Universidad Mayor de San Andrés, organizado por el Rectorado de la UMSA, la Cátedra Libre Marcelo Quiroga Santa Cruz y la Coordinadora de Defensa de los Territorios.