Tapar el sol con un alfiler

José Carlos Solón y Pablo Solón

Intentar tapar el sol con un dedo es un intento vano de ocultar la realidad. Pero, pretender tapar el sol con un alfiler sólo ciega aún más a los gobernantes.

El gobierno de Añez ha decidido descuartizar el Ministerio de Culturas y Turismo para destinar su presupuesto a la lucha contra el coronavirus.

La medida ha provocado una profunda indignación.

Una gota de sangre no salva jamás a un paciente necesitado de transfusión sanguínea.

El Ministerio de Culturas y Turismo, que será absorbido por otros tres ministerios, apenas representa el 0,4% del presupuesto de todos los ministerios.

Este año el Ministerio de Culturas y Turismo tenía un presupuesto asignado de 80 millones de bolivianos, mientras el ministerio de Gobierno tiene cincuenta veces más, el ministerio de Defensa recibe 43 veces más, y el ministerio de la presidencia tiene 20 veces más de presupuesto.

Si realmente se quería redistribuir el presupuesto de los ministerios en favor de la salud, quienes deberían aportar más son los ministerios de gobierno, defensa y presidencia.

Pero la situación es aún más ridícula. El año pasado dos terceras partes del presupuesto del Ministerio de Culturas y Turismo fueron a pagar empleados permanentes y no permanentes que en su mayoría no pueden ser despedidos por el coronavirus. ¿Entonces cuanto realmente aportará la disolución de este ministerio al fortalecimiento de la salud? ¿10 o 15 millones de bolivianos? El gobierno hasta hoy no le pone cifra a la cabeza del alfiler.  

En todo caso será un monto inferior al sobreprecio de 24 millones de bolivianos que pagaron por la compra de los 170 respiradores españoles que no son adecuados para unidades de terapia intensiva.  En otras palabras, con sólo evitar la corrupción en la compra de los respiradores españoles se hubiera recaudado más que descuartizando al Ministerio de Culturas y Turismo.

La idea no es defender la institucionalidad de un ministerio que fue desvirtuado por el gobierno de Evo Morales utilizándolo como una suerte de unidad para armar tarimas para su ego.

El Ministerio de Culturas requería de una profunda transformación para reencontrarse con su verdadera misión.

El camino no era descuartizar a este ministerio sino relanzarlo en tiempos de coronavirus, porque en una crisis sistémica como la que estamos viviendo es fundamental forjar espíritus rebeldes, creativos, solidarios y visionarios.

La cultura no es simple diversión o entretenimiento. Como diría el maestro muralista Walter Solón Romero: “la cultura es lo que queda cuando ya no queda nada”, es la esencia de los pueblos que trasciende el tiempo. La cultura es la urdimbre de los sueños del inconsciente colectivo de nuestra sociedad. El estado lejos de secuestrar dichos sueños debe incentivarlos para que florezcan libremente, nos interpelen y exploremos nuevos caminos para hacer frente al fin de una “normalidad” que fue la causa de la pandemia que estamos viviendo.

La instrumentalización de la cultura para el culto de la personalidad y la subvaloración de la misma son dos caras de la misma moneda. El arte y la cultura no son un medio para distraer a las masas ni tampoco son un gasto absurdo. Evo y Añez no entienden la verdadera dimensión de las culturas porque están aferrados al poder. A su manera cada uno quiso tapar el sol con un alfiler y terminó quemándose los ojos.

Las artes y las culturas jamás podrán ser recluidos al último escritorio de un ministerio porque forman parte intrínseca de nuestro espíritu, que es lo que queda cuando ya no queda nada.  

En tiempos de crisis es cuando más necesitamos de la diversidad cultural, de las artes, de la creación y los sueños. La sensibilidad y la experiencia de los pueblos y nuestros artistas, fue, es y será siempre la semilla de nuevos amaneceres.

Hoy es todavía