Cambio climático

¿Por qué fracasan las negociaciones climáticas?

por Pablo Solón

Las negociaciones de cambio climático han vuelto ha fracasar. En verdad vienen fracasando desde hace mas de una década. La evidencia del fracaso es contundente. Lejos de acercarnos a una trayectoria que limite el incremento de la temperatura a 1,5ºC las Naciones Unidas pierden un tiempo irrecuperable. Cada año que pasa se hace más difícil limitar el incremento de la temperatura del planeta. En el cambio climático la pérdida de tiempo se paga con la vida. ¡Time costs lives! 

En 2010 durante la Conferencia de Cambio Climático de Cancún los científicos ya advirtieron que durante la pasada década las emisiones de gases de efecto invernadero debían alcanzar su “punto de inflexión”, es decir llegar a un pico y empezar a decrecer. Ahora estamos en 2021. Durante toda la década pasada las emisiones siguieron creciendo. En la Conferencia de Cambio Climático de Glasgow (COP26) todos saben que las emisiones de gases de efecto invernadero tampoco decrecerán durante esta década.  Para fines de 2030 debemos reducir las emisiones mundiales a 25 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente (GTCO2e) si queremos limitar el incremento de la temperatura a 1,5ºC.  Cada año que pasa nos alejamos del objetivo. En el 2010 teníamos que reducir 13 GTCO2e en una década, ahora debemos reducir 25 GTCO2e hasta 2030 para colocarnos en una trayectoria que nos lleve a un incremento de la temperatura de sólo 1,5 ºC.

El borrador de decisión presentado por el presidente de la COP26 expresa “alarma y preocupación” por el incremento hasta la fecha de 1,1ºC pero no plantea ninguna medida efectiva para enfrentar esta grave situación. Lo único que hace es un llamado a los países para que incrementen sus contribuciones de reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero y abandonen el uso del carbón y dejen de subsidiar a los combustibles fósiles que, según algunos estudios, se acerca a los 6 millones de millones dólares en subsidios directos e indirectos, una cifra que es 60 veces más grande que los 100 mil millones de dólares que ofrecieron los países desarrollados hace una década y que hasta la fecha no han sido capaces de proveer a los países en desarrollo. El borrador de decisión de la presidencia británica de la COP26 es patético cuando se congratula porque las contribuciones al Fondo de los Países Menos Desarrollados habrían alcanzado la pequeñísima cifra de 417 millones de dólares a ser dividida entre 47 países.

Para ocultar este rotundo fracaso cada conferencia de cambio climático desde hace una década se inventa una nueva jerga. En Cancún le llamaban “promesas” de reducción de emisiones para dejar claro que no eran compromisos de reducción de emisiones. En París le cambiaron el nombre a “Contribuciones Nacionalmente Determinadas” para señalar que nadie podía presionar al otro para reducir sus emisiones. Ahora el nuevo término es “cero emisiones netas” para…“alrededor de la mitad del siglo”. Esta propuesta representa una nueva forma de perder el tiempo y patear el problema para un futuro incierto. Los países desarrollados, emergentes y deforestadores deben reducir YA sus emisiones de gases de efecto invernadero. En un par de décadas será una pesadilla.

Los países más contaminadores no sólo postergan por varias décadas la verificación de sus contribuciones de reducción de emisiones sino que nos presentan un nuevo cero: el “cero neto”. El cero neto no es un cero, no significa bajar totalmente las emisiones de gases de efecto invernadero, sino hacer una suerte de contabilidad entre lo que emito, las emisiones que capturo y los bonos de emisiones de carbono que compro en el mercado de carbono. En otras palabras, un país o una empresa podría seguir contaminando la atmósfera si compra bonos de carbono a otros países o actividades que reducen emisiones de gases de efecto invernadero. El “cero neto” también comprende actividades muy peligrosas como la captura y almacenamiento de carbono que significa re-inyectar dióxido de carbono al subsuelo con el riesgo de contaminar fuentes subterráneas de agua y desestabilizar capas geológicas. Todas las falsas soluciones de mercado y tecnológicas vinculadas al cambio climático son posibles bajo el “cero neto” que ha sido hábilmente introducido en el borrador de decisión por el presidente británico de la COP.

¿Por qué fracasan las Conferencias de Cambio Climático? Porque los gobiernos que negocian están capturados por las grandes multinacionales contaminadoras y por la lógica de reelección de los gobiernos. Nadie quiere enfrentar la dura decisión de decirle a sus votantes que debemos cambiar nuestra forma de vida. Todos prefieren que sea un futuro gobierno el que tenga que tomar esas decisiones a sabiendas de que para entonces será tarde.

Cuando una entra a los recintos de la conferencia de cambio climático en Glasgow lo primero que uno ve son los logos de las principales transnacionales que quieren lavarse la cara mientras continuan con la gran mayoría de sus actividades contaminadoras. Es imposible que una conferencia de cambio climático financiada por estas corporaciones adopte medidas radicales que afecten sus propios intereses. La pérdida de tiempo en las negociaciones climáticas no es casual. Responde a intereses políticos y económicos. Para los gobiernos representa la posibilidad de no indisponer a sus electores diciéndoles la verdad. Para las grandes empresas la pérdida de tiempo significa la posibilidad de continuar con sus negocios como de costumbre. Así llegamos al nuevo refrán: ¡The waste of time is money! La pérdida de tiempo en las negociaciones climáticas es la posibilidad de seguir haciendo ganancias.

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