Agroquímicos

¿Qué son los agroquímicos?

“A pesar de las recientes estimaciones de que las repercusiones económicas de los plaguicidas en las especies no destinatarias (incluidos los seres humanos) ascienden aproximadamente a 8.000 millones de dólares anuales en los países en desarrollo, el uso de plaguicidas está aumentando y se utilizan millones de toneladas de ingredientes activos de plaguicidas en la agricultura” (FAO, 2018)

Por Guillermo Villalobos M.

Cada año en los campos de cultivos de todo el mundo se aplican millones de toneladas de agroquímicos. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) a nivel global se rocían unos 4.6 millones de toneladas de plaguicidas químicos al año y unos 115 millones de toneladas de fertilizantes nitrogenados.[1] Solo durante el 2018, la FAO estima que se usaron unos 188 millones de toneladas de fertilizantes, 40% más que en el 2000. Mientras que, para el 2018, se usaron 4,1 millones de toneladas de pesticidas, 33% más que en el 2000 (FAO 2020).

El creciente empleo de agroquímicos en el mundo corresponde a dinámicas complejas que se relacionan fundamentalmente con el predominio de un modelo económico y la imposición de un paradigma de desarrollo agrícola dominante. Empero, este modelo – que se construye en base de los intereses de grandes corporaciones transnacionales, de instituciones internacionales de cooperación y desarrollo, y por intereses estatales (CIPCA 2020) – acarrea profundas problemáticas sistémicas e implicancias para la salud pública y para el medio ambiental a nivel global, regional y local.

Bolivia no es ajena a estas tendencias. En los últimos años, por ejemplo, las importaciones de plaguicidas crecieron significativamente, pasando de 9 mil toneladas en el 2000 a 61 mil toneladas en el 2018, por un valor de 280 millones de dólares (AEMP 2019). Esta misma tendencia se observa con los fertilizantes, donde el año 2006 Bolivia importó 39.159 toneladas, mientras que para el 2013 las importaciones alcanzaron los 99.828 toneladas, por un valor de 70 millones de dólares (IBCE 2017b).

Es en este contexto que esta serie de publicaciones busca contribuir al análisis y entendimiento de las complejas dinámicas alrededor del uso de agroquímicos en el país. Para ello, nos planteamos como objetivos: a) Definir que son los agroquímicos y cuáles son los impactos en la salud y medio ambiente; b) Entender el contexto histórico que llevó al asentamiento del modelo agrícola dependiente de los agroquímicos, c) Sistematizar el estado de situación actual de los agroquímicos en el país, y d) Identificar los principales sectores y actores que se benefician de este modelo.

¿Qué se entiende por agroquímicos?

En términos generales, por agroquímico se entiende a cualquier sustancia o mezcla de sustancias naturales o sintéticas utilizado para prevenir, eliminar y/o controlar cualquier plaga, enfermedad o maleza en la actividad agrícola. A estas sustancias se las conoce comúnmente como plaguicidas o pesticidas – también referidas como fitosanitarios o protección de cultivos-  las mismas que están conformadas por insecticidas, herbicidas, fungicidas, acaricidas, entre otros. Esta categorización también incluye a aquellas sustancias que buscan proporcionar elementos que incentiven el crecimiento de las plantas, conocidas como fertilizantes.[2] Así como sustancias reguladoras del crecimiento vegetal o fitorreguladores, de post cosecha y de tratamiento de semillas.[3]

Fuente: Pacheco, R., Itatí, E. (2017). Manual de uso seguro y responsable de agroquímicos en cultivos frutihortícolas. 1a ed. – Bella Vista, Corrientes. INTA, p. 8

Los agroquímicos se pueden clasificar de varias maneras. Las dos más usadas son: a) según el agente patógeno que controla – aglutinándose en: insecticidas, herbicidas, fungicidas, entre otros – y b) según el Ingrediente Activo (IA) predominante y/o el grupo químico a la que pertenecen, como ser: los clorados y organofosforados (en el grupo de los insecticidas), los sulfitos y tiazinas (en los herbicidas) y metoxiacrilatos y triaxoles (en el caso de los fungicidas) (INTA 2014). Otras formas de clasificación son: por su forma de acción o control (plaguicidas de contacto o sistémicos), según su formulación o presentación comercial (polvos secos, líquidos, gaseosos) y por la época de aplicación al cultivo (barbecho, preemergencia, postemergencia, etc.) (Bickel 2018).

Lista de principales grupos químicos e Ingredientes Activos (IA) según clasificación de agente patógeno en que actúa

InsecticidasFungicidasHerbicidas
Clorados: DDT, Clordano, Lindano, Metoxicloro, Pertane, Heptacloro, Aldrin, Dieldrin, Endrin, Isodrin, etc.Metoxiacrilatos: AzoxistrobinaSulfitos: Glifosato
Organofosforados: Acefato, clorpirifos, metil demetón, diazinon, dimetoato, etión, fenitrotión, triclorfón, mercaptotión, metil azinfos, metidation, triazofós, etc.Triazoles: Epoxiconazole, ciproconazole, difenoconazole, propiconazole, fenbuconazole, flutriafol, tebuconazole. FlusilazoleImidazolinonas: Imazaquim, imazetapir, imazapir
Carbamatos: Carbofurán, carbosulfán, metomil, pirimicarb, formetanato, etc.Bencimidazoles: Carbendazim, tiabendazol, metil tiofanatoTriazinas: Prometrina
Piretroides: Cipermetrina, ciflutrina, deltametrina, esfenvalerato, permetrina, fenpropatrina, lambdacihalotrina, etc.Derivado del benceno: ClorotalonilAcetanilidas: Acetoclor, alaclor
Nitroguanidinas: Acetamiprid, imidaclopridDitiocarbamato: MancozebDerivados benzoicos: Dicamba
Benzoilureas: Novalurón, clorfluazurón, teflubenzurón, etc. Benzonitrilos: Bromoxinil
  Tiazinas: Bentazón
Fuente: Elaboración propia, en base a: INTA. (2014). Aplicación eficiente de fitosanitarios. Capítulo 2. INTA. Centro de Investigaciones de Agroindustrial, Buenos Aires. p 1-3.

¿Cuáles son los criterios para clasificar a los agroquímicos como altamente peligrosos?

Actualmente diversas instituciones y organizaciones – desde la Organización Mundial de la Salud (OMS), pasando por varios Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), hasta colectivos de la sociedad civil – se dedican a hacer un constante seguimiento y evaluación de peligrosidad a los abundantes componentes químicos que constantemente salen al mercado.[4]

Dentro de los diferentes criterios que existen para categorizar a un agroquímico como altamente peligroso se encuentran los establecidos por la OMS y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Según estos criterios, los plaguicidas altamente tóxicos son aquellos que presentan uno o más de estas características:

  1. Toxicidad aguda alta y toxicidad crónica (según los criterios de clasificación recomendada por la OMS de los plaguicidas según su peligrosidad);[5]
  2. Los incluidos en convenios ambientales internacionales vinculantes, tales como el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP) (Anexos A y B), el Convenio de Rotterdam sobre el Procedimiento de Consentimiento Fundamentado Previo Aplicable a Ciertos Plaguicidas y Productos Químicos Peligrosos Objeto de Comercio Internacional (Anexo III), o el Protocolo de Montreal de Sustancias que Agotan la Capa de Ozono; y
  3. Los ingredientes activos que muestran una alta incidencia de efectos adversos irreversibles o severos en la salud o el ambiente, según las condiciones de uso en el país (Bejarano 2017).

Los criterios sugeridos por la OMS y la FAO se complementan con los indicadores de peligrosidad propuestos por la Red Internacional de Acción en Plaguicidas (PAN) en su Lista de Plaguicidas Altamente Peligrosas y por la Lista Negra de Pesticidas de la Unión Europea publicado por Greenpeace. Estos criterios incluyen:

  • Toxicidad mortal por inhalación;
  • Toxicidad crónica con efectos a largo plazo (como el desarrollo de cáncer, mutaciones en humanos o afecciones reproductivas, entre otros);
  • Alteraciones hormonales (perturbación endocrina);
  • Muy persistente en el agua, en sedimentos y en el suelo;
  • Alta capacidad de acumularse en los organismos  
  • Alta toxicidad para organismos acuáticos (como peces, crustáceos, algas, entre otros);
  • Alta toxicidad para las abejas, aves y otras organismos benéficos; entre otros.

¿Cuáles son las consecuencias del uso de agroquímicos?

Desde la publicación de la Primavera Silenciosa de Rachel Carson a principios de los años 60, el debate sobre los efectos que conlleva la utilización de los agroquímicos sobre los seres humanos y la naturaleza se fue afianzando dentro del escenario científico, social y político. Hoy en día existen múltiples investigaciones que constatan los impactos negativos del uso de agroquímicos en la salud y en el medio ambiental.[6]

Las consecuencias sobre la salud humana son diversas, complejas y sistémicos, y representan una importante amenaza a la salud pública en general. Los efectos de agroquímicos están principalmente vinculados con intoxicaciones agudas y crónicas (Marjani 2018b). En 1990 la OMS estimaba que hubo más de 26 millones de intoxicaciones por plaguicidas por año (PAN 2010). Hoy en día, los datos más recientes indican que anualmente se producen unos 385 millones de casos de intoxicación aguda y unas 11.000 muertes por año (Boedeker 2020).

La intoxicación crónica se asocia además con el desarrollo de otras patologías severas relacionadas con afectaciones al sistema nervioso y respiratorio[7]. De igual manera, estudios recientes enfatizan el vínculo entre la exposición a agroquímicos y el desarrollo de diferentes tipos de cáncer (como de próstata, pulmonar, entre otros), al igual que enfermedades neurodegenerativas (como Parkinson y Alzheimer), así como perturbaciones endocrinas, patologías cutáneas, alteración del sistema inmunológico, hasta deficiencias reproductivas y afectaciones pre y posnatales (Allsop 2015).

El empleo de agroquímicos tiene asimismo severas afectaciones ambientales. El uso de fertilizantes, por ejemplo, está estrechamente relacionado con la contaminación de cuencas y reservorios de agua, así como el florecimiento de algas y el enriquecimiento excesivo de nutrientes que genera una reducción del oxígeno disuelto en los cuerpos acuáticos, proceso conocido como eutrofización. El sobre enriquecimiento de nutrientes por el uso de fertilizantes también afecta a zonas costeras, proceso que se denomina como hipoxia costera o zonas muertas. Actualmente, la hipoxia costera afecta unos 240.000 km2 globalmente: 70.000 km2 de aguas al interior de los continentes y 170 000 km2 de áreas costeras. La eutrofización por el exceso de uso de fertilizantes es en nuestros tiempos tan severa que hoy en día se lo denominan como “eutrofización antropogénica” (Marjani 2018).

Por otro lado, los impactos ambientales por el uso cotidiano y extendido de plaguicidas genera que los organismos vivos acumulen sustancias químicas más rápido de lo que pueden eliminarlo, generando concentraciones más altas de las que existen en el medio (bioacumulación); luego al ser consumidos en el siguiente ciclo trófico de la cadena alimentaria estos organismos transfieren estas sustancias químicas acumulados (biotransferencia) aumentando así la concentración su concentración en otros organismos de la cadena alimenticia (proceso denominado como Biomagnificación) (González 2008; Molina 2012; Marjani 2018). Un ejemplo típico de todo este proceso es el consumo de peces que viven en cuerpos acuíferos contaminados con mercurio; estos peces acumulan mercurio en sus cuerpos y al ser consumidos lo transfieren a otros animales y a los seres humanos.  

El uso de plaguicidas está asociado también con la hiper-resistencia que generan las plagas a los ingredientes activos utilizados para eliminarlos. Entre 2000 y 2005, por ejemplo, los tipos de malezas resistentes a herbicidas se incrementaron de 235 a 296, y a 178 especies (IAASTD 2009). Otros impactos ambientales resultantes del empleo de pesticidas son: la eliminación de otras especies beneficiosas (como los polinizadores), la reducción de la biodiversidad del suelo, la contaminación de los suelos y cuerpos acuáticos, destrucción de hábitas naturales, entre muchos otros (Sharma 2019).

Tristemente Bolivia no está exenta de estos impactos adversos. El creciente uso de agroquímicos en el país ya está teniendo importantes consecuencias en la salud pública nacional. Por ejemplo, distintos estudios encontraron cantidades alarmantes de residuos de plaguicidas en diferentes cultivos que conforman la canasta básica de los bolivianos (véase capítulo II) (Bickel 2018). De igual manera, un estudio realizado por el Ministerio de Salud en el 2015 señala que cada año en el país se registran en promedio cerca de 2.000 casos de intoxicación aguda por el uso de plaguicidas (Ministerio de Salud 2015). Por otro lado, los casos más recientes de contaminación en la laguna Concepción (uno de los ocho sitios RAMSAR del país),[8] la contaminación del río Grande (Vargas 2005) y en el lago Poopó (Molina 2012), o el reciente envenenamiento de cóndores andinos[9] son claros indicadores de la avanzada degradación ambiental que está siendo inducido por el empleo extensivo, indiscriminado y poco fiscalizado de agroquímicos en todo el país.


[1] Véase: http://www.fao.org/news/story/es/item/1141818/icode/

[2] Siendo los fertilizantes a base de Nitrógeno (N), Fósforo (P) y Potasio (K) los tres principales nutrientes más comercializados y usados.

[3] Una definición más amplia de agroquímico es: “cualquier sustancia o mezcla de sustancias naturales o sintéticas destinadas a prevenir, eliminar o reducir ciertas adversidades (plaga, enfermedad o maleza) que interfieren en la producción, elaboración, almacenamiento, transporte o comercialización de productos agropecuarios, alimentos humanos y animales, madera y productos de madera. Incluye a las sustancias que regulan el crecimiento de los cultivos, defolian, desecan, reducen la densidad de la fruta o evitan su caída prematura, y a aquellas que se usan antes o después de la cosecha para proteger al producto o al subproducto cosechado del deterioro durante su almacenamiento o transporte.” Véase: García, S. I. y Lazovski, J. (2011). Guía de Uso Responsable de Agroquímicos. 1ra ed. Ministerio de Salud de la Nación. Programa Nacional de Prevención y Control de las Intoxicaciones. Buenos Aires. p 9.

Esta definición es muy similar a la de plaguicida proporcionado por la FAO en el Artículo 2° del Código Internacional de Conducta para la Distribución y Utilización de Plaguicidas. Disponible en: https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/70602/WHO_HTM_NTD_WHOPES_2010.7_spa.pdf?sequence=1&isAllowed=y

[4] De acuerdo a la consultora de inteligencia de agronegocio Phillips McDougall, en 1960 se estimaba que había unos 15 grupos químicos en el mercado. Para el 2018, más de 40 diferentes grupos químicos y más de 600 IA sintéticos para la protección de cultivos están presentes en el mercado. Véase: Phillips McDougall (2016). Evolution of the Crop Protection Industry since 1960. Informa Agribusiness Consulting, noviembre 2018, p. 3.

[5] Estos criterios de clasificación van desde Extremadamente Peligrosos (Ia), Altamente Peligrosos (Ib), Moderadamente Peligroso (II), Ligeramente Peligroso (III) y Normalmente no ofrece peligro (IV) (véase capítulo III).

[6] Véase por ejemplo: IAASTD (2009). Agriculture at a Crossroads: Synthesis Report. International Assessment of Agricultural Knowledge, Science and Technology for Development. Disponible en: https://wedocs.unep.org/bitstream/handle/20.500.11822/7862/-Agriculture%20at%20a%20crossroads%20-%20Synthesis%20report-2009Agriculture_at_Crossroads_Synthesis_Report.pdf?sequence=3&isAllowed=y; Köhler, H.R.  & Triebskorn, R. (2013). “Wildlife Ecotoxicology of Pesticides: Can We Track Effects to the Population Level and Beyond?” In: Science, vol. 341, núm. 6147 (16 de agosto de 2013). Pp. 759-765; y Allsop, M., et al. (2015). Pesticides and Our Health: A Growing Concern. Greenpeace Research Laboratories. Disponible en: https://www.greenpeace.org/static/planet4-international-stateless/2015/05/881fa243-pesticides-and-our-health.pdf; PAN (2010). Communities in Peril: Global report on health impacts of pesticide use in agriculture. Pesticide Action Network Asia Pacific. Disponible en:  https://www.pan-germany.org/download/PAN-I_CBM-Global-Report_1006-final.pdf; y Relatora Especial sobre el derecho a la alimentación (2017). Informe de la Relatora Especial sobre el derecho a la alimentación. Presentado en el Consejo de Derechos Humanos de las Nacionales Unidas, 34º período de sesiones (27 de febrero a 24 de marzo de 2017). Disponible en: https://undocs.org/es/A/HRC/34/48

[7] Véase: https://www.pan-germany.org/download/PAN-I_CBM-Global-Report_1006-final.pdf

[8] Véase: https://es.mongabay.com/2020/12/laguna-concepcion-colonias-menonitas-operan-alrededor-de-humedal-de-importancia-internacional-en-bolivia/

[9] Véase: https://fundacionsolon.org/2021/03/09/agroquimicos-condores-y-la-amenaza-a-la-vida-silvestre/

Referencias 

AEMP (2019). Estudio de mercado de plaguicidas en Bolivia. Autoridad de Fiscalización de Empresas AEMP, La Paz, pp. 20-26.

Allsop, M., et al. (2015). Pesticides and Our Health: A Growing Concern. Greenpeace Research Laboratories. Pp. 18-35. Disponible en: https://www.greenpeace.org/static/planet4-international-stateless/2015/05/881fa243-pesticides-and-our-health.pdf

Bejarano, F. (2017). Los plaguicidas altamente peligrosos: nuevo tema normativo internacional y su perfil nacional en México. En: Los Plaguicidas Altamente Peligrosos en México. Red de Acción sobre Plaguicidas y Alternativas en México, A. C. (RAPAM), pp. 21-24. Disponible en: http://www.rapam.org/wp-content/uploads/2017/09/Libro-Plaguicidas-Final-14-agst-2017sin-portada.pdf

Bickel, U. (2018). Uso de plaguicidas por productores familiares en Bolivia. Impactos en la salud, los ecosistemas y la economía campesina. Alternativas agroecológicas y conclusiones para lograr una orientación hacía una mayor sostenibilidad. Universidad de Rostock (Tesis de Maestría), Alemania, 24. noviembre 2018, pp. 8.

Boedeker, W., et al. (2020) The global distribution of acute unintentional pesticide poisoning: estimations based on a systematic review. BMC Public Health 20, 1875 (2020). Disponble en: https://doi.org/10.1186/s12889-020-09939-0

CIPCA. (2020). Impactos del modelo productivo agroindustrial en Bolivia. En: Mundos Rurales. 15(1): 5-24. septiembre de 2020. Recuperado en: https://cipca.org.bo/docs/publications/es/228_revista-mundos-rurales-no.pdf

FAO (2020). World Food and Agriculture – Statistical Yearbook 2020. Rome, pp. 130, 135, 140 y 145. Disponible en: http://www.fao.org/3/cb1329en/CB1329EN.pdf.

González, K. M., et al. (2008). Biotransferencia y Bioacumulación de Arsénico en Vegetales, Frutos y Productos de Origen Animal en el Este Tucumano. En: Ciencia. Vol. 3, Nº 6, Octubre 2008, pp 47-64. Recuperado en: http://www.exactas.unca.edu.ar/revista/v60/pdf/RevCiencia6-3.pdf

IBCE (2017b). Importación de fertilizantes. En: Cifras. Boletín Electrónico Bisemanal. N° 641. Bolivia, 18 de septiembre del 2017. Disponible en: https://ibce.org.bo//images/ibcecifras_documentos/CIFRAS-641-Importaciones-Fertilizantes.pdf

IAASTD (2009). Agriculture at a Crossroads.  Evaluación Internacional del conocimiento, ciencia y tecnología en el desarrollo agrícola (IAASTD) América Latina y el Caribe. Vol. III. Disponible en: http://www.funsepa.net/soluciones/pubs/NDA2.pdf

INTA (2014). Aplicación eficiente de fitosanitarios. Capítulo 2. Inta. Centro de Investigaciones de Agroindustrial, Buenos Aires. p 1-3. Disponible en: https://www.manualfitosanitario.com/InfoNews/INTA%20Aplicacion%20eficiente%20de%20fitosanitarios%20Cap%202.%20%20Formulaciones.pdf

Marjani, S. (2018b). Chapter 5. Pesticides. En: More people, more food, worse water? A global review of pollution from agriculture. FAO y IWMI. 2018. Pp 86. Disponible en: http://www.fao.org/3/ca0146en/CA0146EN.pdf

Ministerio de Salud, Dirección General de Promoción de la Salud, Unidad de Salud Ambiental – Área Toxicología Humana: “Diagnóstico del Uso y Manejo de Plaguicidas Químicos De Uso Agrícola”. La Paz, 2015. Citado en Bickel, U. op cit. Pp 58-60

Molina, C. I., et al. (2012). Proceso de biomagnificación de metales pesados en un lago hiperhalino (Poopó, Oruro, Bolivia): Posible riesgo en la salud de consumidores. En: Ecología en Bolivia, 47(2), 99-118. Recuperado en:  http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1605-25282012000200003&lng=es&tlng=pt.

Pacheco, R., Itatí, E. (2017). Manual de uso seguro y responsable de agroquímicos en cultivos frutihortícolas. 1a ed. – Bella Vista, Corrientes. INTA, p. 8

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Phillips McDougall (2016). Evolution of the Crop Protection Industry since 1960. Informa Agribusiness Consulting, noviembre 2018, p. 3. Disponible en: https://croplife.org/wp-content/uploads/2018/11/Phillips-McDougall-Evolution-of-the-Crop-Protection-Industry-since-1960-FINAL.pdf

Sharma, A., et al. (2019). Worldwide pesticide usage and its impacts on ecosystem. En: SN Applied Science. 1, 1446 (2019). Recuperado en: https://doi.org/10.1007/s42452-019-1485-1 y Marjani, S. op cit. Pp. 81.

Vargas, P. E., et. al. (2005). Contaminación del agua y subsuelo por el uso del fluroxipir metilheptil ester en cultivos de soya en la localidad de Chané en el departamento de Santa Cruz. Revista Boliviana de Química, 22(1), 43-51. Recuperado en 10 de marzo de 2021, en: http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0250-54602005000100007&lng=es&tlng=es.

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