Entre la crisis del agua y el Dakar

Por Pablo Solón

Hoy no debí haber leído el periódico. No sé por qué esa noticia me hizo renegar tanto a pesar de que era de mi amplio conocimiento. Quizás tenía la esperanza ingenua de que el 2017 sería distinto y que las cosas se empezarían lentamente a enderezar. Pero la realidad es cruel. El 2017 comenzará en Bolivia con el Dakar. Un espectáculo colonizante sobre la naturaleza y la conciencia humana que contradice todos los principios del Vivir Bien.

¿Cómo puede ser que en tiempos de una crisis del agua tan severa como la que estamos viviendo se gasten 4 millones de dólares del pueblo de Bolivia en la franquicia del Dakar? El Perú canceló su participación en el Dakar del 2016 para atender el fenómeno de El Niño. ¿Cómo puede ser que Bolivia en medio de semejante crisis ambiental continúe con este circo romano? Casi cada edición del Dakar hay muertos, carros que se salen de la pista, pilotos o espectadores imprudentes, daños ambientales y arqueológicos, en fin tragedias previsibles inadmisibles en una sociedad que quiere construir la armonía entre los seres humanos y con la naturaleza.

El Dakar es un espectáculo de promoción de las marcas de las transnacionales que mas daño hacen a la Madre Tierra con sus combustibles fósiles. Participar en la competencia requiere cómo mínimo unos 80.000 dólares y algunos auspiciadores. Los valores que promueve son los de la conquista y la colonización. Por eso escogen rutas supuestamente inexploradas y espectaculares para mostrar como sus bólidos son capaces de dominar la naturaleza.

Los defensores del Dakar dicen que así se promueve Bolivia, que los turistas llegan por miles y que al país le ingresan millones de dólares. Si fuera así, ¿por qué el Perú prefirió en el 2016 concentrarse en los impactos de El Niño en vez de recolectar los cientos de millones de dólares que supuestamente el Dakar genera?

Normalmente cuando hay una tragedia las diversiones se ponen de lado y los espectáculos se cancelan porque son un insulto para quienes están sufriendo. Hoy estamos viviendo una gran tragedia. Cientos de miles de bolivianos sólo tienen un poco de agua cada tres días. Muchas actividades y negocios que dependen del agua trabajan a medias. La pequeña agricultura está devastada en varias partes del país por la sequía. Y en medio de semejante panorama el anuncio que supuestamente nos debe alegrar a todos en el 2017 es que la autopista de La Paz a El Alto se abrirá sólo por unos días para permitir el paso del Dakar.

Si queremos promocionar el país a nivel internacional deberíamos promover otra clase de encuentros acordes con nuestra realidad y los principios del Vivir Bien. Una idea podría ser por ejemplo organizar eventos donde diferentes grupos de estudiantes, comunarios, vecinos y especialistas recorran el país a pie o en bicicleta promoviendo diferentes experiencias sobre el agua, alertando sobre la deforestación, compartiendo prácticas ancestrales y modernas (atajados de agua, cosecha de agua, potabilización, etc.) impulsando la previsión, el cuidado y la solidaridad en torno a este liquido esencial para la vida. Algo que quizás se podría llamar El Chasqui del Agua.

La Madre Tierra nos ha dado un duro sacudón el 2016 y no podemos seguir con Dakars cómo si aquí nada pasará. La gravedad de la crisis del agua y ambiental es más profunda de lo que parece y no se resolverá con un par de obras de infraestructura. Construir un nuevo embalse o un nuevo trasvase ayudará en lo inmediato pero no resolverá el tema de fondo. Tenemos que repensar y reconstruir nuestra relación con el agua y la naturaleza si queremos preservar la vida. Debemos abordar el tema del agua de manera holística y no utilitaria para salir del paso.

Lo que ocurre con la minería, la combustión de petróleo, los chaqueos, la contaminación de los ríos, la forma en la que construimos las ciudades, el abandono del campo, la estructuración del  poder político, los usos del agua, lo que comemos, todo esta ligado y es fundamental que reaccionemos ahora para encarar de manera duradera este problema en sus múltiples dimensiones.

Por eso, la noticia que mi inconsciente desesperadamente quería leer esta mañana era: ¡Cancelamos el Dakar para concentrarnos en la crisis del agua!