¿Qué son los agroquímicos?

“A pesar de las recientes estimaciones de que las repercusiones económicas de los plaguicidas en las especies no destinatarias (incluidos los seres humanos) ascienden aproximadamente a 8.000 millones de dólares anuales en los países en desarrollo, el uso de plaguicidas está aumentando y se utilizan millones de toneladas de ingredientes activos de plaguicidas en la agricultura” (FAO, 2018)

Por Guillermo Villalobos

Cada año en los campos de cultivos de todo el mundo se aplica millones de toneladas de agroquímicos. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) a nivel global se rocían unos 4.6 millones de toneladas de plaguicidas químicos al año y unos 115 millones de toneladas de fertilizantes nitrogenados.[1] Solo durante el 2018, la FAO estima que se usaron unos 188 millones de toneladas de fertilizantes, 40% más que en el 2000. Mientras que, para el 2018, se usaron 4,1 millones de toneladas de pesticidas, 33% más que en el 2000.[2]

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Agroquímicos, cóndores y la amenaza a la vida silvestre

Por Guillermo Villalobos

El pasado 5 de febrero de este año, 34 cóndores (Vultur gryphus) y otras siete aves rapases – 5 buitres de cabeza roja (Cathartes aura), un gallinazo de cabeza negra (Coragyps atratus) y un carancho (Caracara plancus) – fueron halladas muertas en una quebrada cerca de la comunidad de Laderas Norte, a unos 20 km de la ciudad de Tarija.[1] El hecho sucedió debido a un envenenamiento, presuntamente por comunarios locales que – mediante un chivo envenenado que actuaba como señuelo – buscaban “eliminar” un depredador que amenazaba a su ganado.[2]

Los resultados de los análisis de laboratorio llevados a cabo por el Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF) de La Paz señalan que las aves fueron envenenadas con Carbofurán.[3]El Carbofurán (también conocido como Carbofurano) pertenece al grupo químico de los carbamatos y es el ingrediente activo en distintos insecticidas utilizados en una variedad de cultivos como la papa, el maíz, la soya, entre otros.[4]

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Agroquímicos: El país de las normas pisoteadas

Por: Guillermo Villalobos y Blanca Ramírez

Según la Organización de las Naciones Unidas de la Alimentación y la Agricultura (FAO), el uso de plaguicidas en Bolivia se duplicó entre 2005 y 2018, pasando de 7.146 toneladas a 14.758 toneladas respectivamente.[1] El mayor uso de plaguicidas está estrechamente vinculado con la introducción de la soya durante los 90 y más específicamente con la legalización de la soya genéticamente modificada resistente a glifosato evento (40-3-2) en el 2005.[2] De acuerdo con el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), las importaciones de plaguicidas se incrementaron en 491% desde el 2007 al 2016, pasando de 6.594 toneladas en el 2007 a 39.000 toneladas el 2016, por un valor acumulado de 1.652 millones de dólares americanos.[3] Solo el año 2019, Bolivia importó un total de 52.489 toneladas de plaguicidas[4] por un valor FOB total de 247 millones de dólares americanos.[5]

Muchos de los plaguicidas que se importan legalmente al país tienen niveles de toxicidad elevados y son restringidos en otros países. Un estudio en 2018 reveló que, de los 229 ingredientes activos con registro sanitario de ese año, 164 eran considerados altamente tóxicos y 105 estaban prohibidos en otros países.[6] Paradójicamente Bolivia cuenta con un amplio marco legal que regula e incluso prohibió el uso de agroquímicos – plaguicidas, fungicidas, herbicidas, etc. – en el país; comenzando desde la misma Constitución Política del Estado, numerosas leyes y resoluciones administrativas, hasta varios tratados internacionales. A pesar de este marco legal, los datos develan que el país va en contra marca a lo dispuesto en su normativa.

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Infográfica: Organismos Genéticamente Modificados (OGM) en Bolivia

El 2005, mediante una resolución ministerial aprobado durante el gobierno de Carlos Mesa (luego elevado a DS N° 24676 en el gobierno de Rodríguez Veltzé ese mismo año) se autoriza por primera vez la producción y comercialización de soya genéticamente modificado resistente al glifosato evento (40-3-2).

A pesar de que la misma Constitución Política del Estado aprobada en el 2009 y varias leyes nacionales prohíbe explícitamente la importación, producción y comercialización de OGM en el país, desde el 2012 prácticamente toda la soya producida en Bolivia es transgénica; sin embargo, la soya transgénica no incrementó los rendimientos por superficie cultivada.

La introducción y uso de OGM fue fomentado tanto por el Gobierno de Evo Morales (DS 3874 para soya evento HB4 e Intacta para producción de biodiesel) como el Gobierno transitorio de Añez (DS 4232 para la evaluación de un número indeterminado de eventos de soya, algodón, caña de azúcar y trigo), beneficiando al sector agroindustrial exportador.

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